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IA y salud, una aliada para la atención oportuna

Para muchos, la disyuntiva real no es “médico o IA”, sino información ordenada versus el mostrador de la farmacia, el grupo familiar de WhatsApp o el primer foro que aparece en el buscador.

En los últimos días, hemos visto como los temas vinculados al valor y consecuencias del uso de Inteligencia Artificial (IA), ocupan varias páginas de la prensa local. En ellas, se analiza su uso en las pymes, en la educación y tanto más.

Sin embargo, hay un tema que merece especial cuidado y es el referido a la salud, donde, y con razón, las aprensiones son mayores. Varios especialistas han advertido que usar la IA como atajo para decidir si un dolor torácico puede esperar, o para suspender un tratamiento es riesgoso, y que la ilusión de certeza es un peligro concreto. Coincido plenamente. Quisiera, eso sí, agregar una variable que suele quedar fuera del debate: el punto de comparación.

Cuando se contrasta la IA con una buena consulta médica, la conclusión es evidente. Pero para una parte importante de los chilenos esa no es la alternativa disponible. Según datos entregados por el Ministerio de Salud, al primer trimestre de este año había más de 2,5 millones de registros esperando una consulta nueva de especialidad en el sistema público, con una mediana de espera de 236 días. Para muchos, la disyuntiva real no es “médico o IA”, sino información ordenada versus el mostrador de la farmacia, el grupo familiar de WhatsApp o el primer foro que aparece en el buscador.

El caso más claro es el de los medicamentos. Cerca de un tercio de los mayores de 65 años consume cinco o más fármacos, y casi la mitad de quienes están en esa condición se automedica, muchas veces con recetas de distintos especialistas que nadie ha revisado en conjunto. Nadie llama a su médico un domingo por la noche para preguntar si puede tomar un antiinflamatorio junto a su antihipertensivo: esa duda se resuelve igual, solo que con peor información y sin registro alguno.

Ahí una herramienta bien diseñada aporta valor real, y su métrica de éxito no debería ser cuántas consultas evita, sino a cuántas personas deriva a tiempo al sistema de salud, logrando una atención oportuna, eficiente y efectiva.

Coincido con que la respuesta no puede ser defensiva. Nada de esto pone en disputa lo esencial de la medicina: el juicio clínico, el acompañamiento, el vínculo y conocer el historial del paciente; sin embargo, las personas ya están usando estas herramientas; lo que está en juego es si lo harán con instrumentos construidos con criterio clínico, que digan explícitamente cuándo hay que consultar, o con los que hoy tienen a mano.

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