Secciones
Opinión

¿Menos impuestos más crecimiento?

Veamos cómo es recibida esta nueva ley, que todavía se encuentra entredicha y cuya tramitación aún no termina. Falta, además, el pronunciamiento del Tribunal Constitucional sobre algunas de sus disposiciones. Y aquello tampoco es económicamente indiferente: las instituciones, sus decisiones y la certeza que ellas sean capaces de proporcionar también influyen sobre la confianza y las expectativas.

AGENCIA UNO

Pasan los días y aún no tenemos ley de reconstrucción nacional, pero sí tenemos una gran cantidad de opiniones de una pléyade de autoridades y diversas personas que han opinado sobre sus aspectos positivos y negativos. Uno de esos comentarios, negativo al parecer, es la afirmación de que la rebaja de la tasa del Impuesto a la Renta de Primera Categoría (IRPC) no generará, por sí sola, un incremento en el Producto Interno Bruto (PIB). Esto es evidente y, creo, nadie ha pensado seriamente lo contrario.

Es necesario precisar que la reactivación económica puede ser apreciada, entre otros indicadores, mediante el crecimiento del PIB. Recalco que se trata de una medición que adolece de diversas imperfecciones, pues no considera adecuadamente dimensiones como el desarrollo social, cultural o la distribución de los beneficios del crecimiento. Sin embargo, continúa siendo el indicador más difundido para medir la evolución de la actividad económica.

Por otro lado, es necesario analizar en su contexto los efectos que generan las variaciones de las tasas de los impuestos, considerando los múltiples factores económicos, políticos e históricos que pueden concurrir simultáneamente.

En los años noventa, cuando aumentamos la tasa del IRPC desde un 10% hasta un 15%, no hubo una contracción de la economía. Todo lo contrario: fueron años de elevado crecimiento. ¿Se debió ello a los temas tributarios? Sí y no. Sí, en cuanto desde 1984 se aplicaba el criterio de integración del IRPC con los impuestos que afectan a las personas, nacionales y extranjeras, es decir, el Impuesto Global Complementario y el Impuesto Adicional —llamados genéricamente impuestos finales—. Pero también se conjugaron otros factores: confianza en la economía, apertura comercial, inversión y un nuevo escenario político e institucional, pues estábamos comenzando a vivir nuevamente en democracia.

Posteriormente comenzó un incremento paulatino de la tasa del IRPC, hasta ubicarse durante varios años en un 17%. Por su parte, el PIB experimentó períodos de importante crecimiento, aunque posteriormente esas tasas fueron disminuyendo, hasta llegar a una contracción en 2009. Nuevamente, resulta difícil atribuir ese comportamiento exclusivamente a la tributación, especialmente considerando los acontecimientos económicos internacionales que afectaron a nuestro país.

Entre 2011 y 2020 experimentamos nuevos incrementos de la tasa del IRPC, hasta llegar al 27%. Durante los primeros años de esa década todavía tuvimos importantes tasas de crecimiento del PIB, pero posteriormente la economía comenzó a mostrar un crecimiento considerablemente menor.

¿Qué podemos concluir de estos antecedentes? Algo bastante menos categórico de lo que muchas veces se afirma. Hemos tenido experiencias en que incrementos de tasas tributarias han coexistido con elevados crecimientos del PIB y otras en que mayores tasas han coincidido con períodos de bajo crecimiento. Por ello, la mera comparación entre ambas variables no permite establecer, por sí sola, una relación causal.

Sin embargo, tampoco parece razonable concluir de aquello que la tasa del impuesto sea irrelevante. Los efectos de aumentar una tasa cuando la carga tributaria es relativamente baja pueden ser distintos de aquellos que se producen cuando dicha carga ya es elevada. En este punto suele citarse la conocida teoría difundida por Arthur Laffer, quien recientemente visitó nuestro país. Su planteamiento se refiere principalmente a la relación entre tasas impositivas y recaudación, pero recuerda algo que resulta pertinente para esta discusión: los efectos económicos de los impuestos no necesariamente son lineales.
Entonces, ¿podemos afirmar que una baja en la tasa del IRPC puede generar un incremento en el PIB? La respuesta nuevamente es sí y no.

Sí, porque una reducción relevante de la carga tributaria sobre las empresas puede mejorar la rentabilidad esperada de las inversiones, liberar recursos y modificar las decisiones económicas de quienes deben decidir si invertir, contratar o desarrollar nuevos proyectos. Pero no podemos pensar que cuatro puntos porcentuales menos de impuesto se transformarán mecánicamente en determinados puntos adicionales de crecimiento. Entre una cosa y otra existen numerosos factores y, probablemente, allí se encuentra el verdadero intríngulis de la discusión.

En mi opinión, uno de los factores que influye importantemente en esta ecuación es la confianza y las expectativas de los inversionistas. Y es precisamente sobre estas variables donde una rebaja de la carga impositiva puede producir efectos relevantes.

Por ello, considero que el eventual crecimiento no estará directamente determinado por la sola rebaja de tasas, sino por el conjunto de condiciones favorables que el país sea capaz de ofrecer: estabilidad institucional, certeza jurídica, expectativas económicas, posibilidades de inversión y, naturalmente, una carga tributaria que no desincentive esas decisiones.

Una rebaja tributaria, entonces, no produce crecimiento por decreto. Puede, eso sí, contribuir a crear las condiciones para que quienes invierten, emprenden y contratan decidan hacerlo.

Veamos cómo es recibida esta nueva ley, que todavía se encuentra entredicha y cuya tramitación aún no termina. Falta, además, el pronunciamiento del Tribunal Constitucional sobre algunas de sus disposiciones. Y aquello tampoco es económicamente indiferente: las instituciones, sus decisiones y la certeza que ellas sean capaces de proporcionar también influyen sobre la confianza y las expectativas.

Notas relacionadas







¿Menos impuestos más crecimiento?

¿Menos impuestos más crecimiento?

Veamos cómo es recibida esta nueva ley, que todavía se encuentra entredicha y cuya tramitación aún no termina. Falta, además, el pronunciamiento del Tribunal Constitucional sobre algunas de sus disposiciones. Y aquello tampoco es económicamente indiferente: las instituciones, sus decisiones y la certeza que ellas sean capaces de proporcionar también influyen sobre la confianza y las expectativas.

Foto del Columnista Germán R. Pinto Perry Germán R. Pinto Perry