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Más niños, un anhelo posible

Al analizar las causas de la caída en la natalidad podemos considerar factores sociales, económicos, culturales y también espirituales. Está claro que es difícil tener hijos y criar.

Es muy relevante la creación de una Comisión Asesora Presidencial -Chile Renace-, con el objeto de analizar las causas de la significativa caída de natalidad en nuestro país y proponer algunas medidas para abordar el problema. La caída de la natalidad es un tema de gran relevancia que ciertamente debe enfrentar nuestro país. La tasa de fecundidad actual es de 0,99 hijos por mujer (INE 2025), con una tasa de reemplazo de 2,1 hijos, lo que es muy preocupante. Sin embargo, esta situación no es sólo de Chile, por ejemplo, se conoce que en los países de la OCDE ha habido una caída desde 3,3 hijos por mujer en el año 1960 a 1,5 hijos por mujer en el año 2022.

Esta importante disminución de los nacimientos ha sido muy marcada en las últimas décadas, disminuyendo a la mitad en las últimas tres y con una significativa mayor caída en la última. Lo anterior, es incluso considerando que en nuestro país uno de cada cinco nacimientos proviene de una madre que ha nacido en el extranjero y que se ha radicado en Chile. Esto nos lleva a una proyección poblacional negativa en los próximos años. Lo descrito significa una marcada tendencia al envejecimiento de la población, calculándose que en cincuenta años más del 40% de la población tendrá más de 65 años. Esto conlleva un impacto marcado en las áreas de la salud, educación, vivienda y otros aspectos de la vida en nuestra sociedad.

Al analizar las causas de la caída en la natalidad podemos considerar factores sociales, económicos, culturales y también espirituales. Está claro que es difícil tener hijos y criar. Dentro de las causas que se han analizado, se ha atribuido un rol muy importante al aumento del costo de la vida, la menor accesibilidad al comprar una vivienda, el mayor costo de arriendos, la relación con las mascotas, una mirada particular de la sustentabilidad y cuidado del planeta, el lugar de la familia en los planes de vida, la perdida de sentido de trascendencia, entre varios otros. Estos aspectos, que son relevantes para determinar el número de hijos, se han asociado en especial al momento del nacimiento del primer hijo.

Sin embargo, si bien siempre se presenta como relevante el aspecto económico, no se ha demostrado una correlación directa entre nivel de ingresos y caída de la natalidad. Por esto, se hace difícil que se pueda modificar esta tendencia solo con incentivos económicos, ya que el problema es más complejo y profundo.

A los factores económicos descritos se unen la caída en el número de matrimonios, el diferente nivel de compromiso en las parejas jóvenes, una pérdida de la espiritualidad y del sentido trascendente de la vida. Además, están las nuevas formas de concebir las labores de cuidado y corresponsabilidad, -tanto de niños como también de adultos mayores-, las dificultades de acceso a la sala cuna con las consecuentes dificultades de la llegada de las mujeres al trabajo remunerado, la constitución del hogar como espacio de familia, la postergación de la maternidad por proyectos personales, entre otros.

En este cambio cultural, sin duda que el concepto de familia también se modifica de manera profunda. Requerimos volver a preguntarnos por el desarrollo integral, la generosidad, la gratuidad, el sentido de trascendencia y la mirada de un futuro con mayor esperanza. Los hijos nos ayudan a madurar, a ver otras realidades, a salir de nosotros mismos y a vivir en comunidad. El concepto de familia, hijo, hermano, nos permite comprender mejor la vida, también nos ayuda a ser más humildes, a tener mayor esperanza en el futuro y en el aporte que podemos entregar en este largo derrotero de la vida.

En suma, si bien se han encendido las alarmas por la sustentabilidad económica del país, lo cierto es que es aún más importante la mirada de la sociedad que queremos construir a futuro con una población que ha detenido su crecimiento y que tiene el riesgo de decrecer. La fe y el sentido trascendente de nuestra vida, proyectada con confianza en las relaciones personales y en las futuras generaciones, nos pueden ayudar a pensar y proyectar nuestro proyecto de vida. Un futuro con menos hijos tiene el riesgo de construirse como una sociedad más individualista, más estrecha, y, en definitiva, más pobre en los valores verdaderos y trascendentes de la vida. Por esto, el anhelo de tener un futuro con más niños hoy es posible. Así, debemos apoyar este trabajo que nos dará luces de las vías y formas de un Chile que renace.

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