Secciones
País

El biofiltro chileno que usa plantas para reducir la contaminación de las estufas a leña y que hoy compite en Europa

Tras más de una década de desarrollo, el producto nacional disputa el podio del Premio Europeo al Inventor. Uno de sus creadores habla con EL DÍNAMO de su funcionamiento, la posibilidad de reducir su costo y la conciencia que se debe tomar sobre la contaminación.

Hace más de diez años, el arquitecto Miguel Ángel Fernández y el agrónomo Aníbal Montalva —ambos amigos de toda una vida— volvieron de Temuco, Región de La Araucanía, con olor a humo impregnado en su ropa.

En ese sector, al igual que en el resto del sur del país, las estufas a leña son el principal método de calefacción y también la mayor causa de la contaminación atmosférica. “Esa vivencia hizo evidente que el problema de la contaminación por leña no era abstracto, sino cotidiano, corporal y territorial”, revela a EL DÍNAMO Aníbal Montalva.

Esa experiencia fue la semilla para que en los meses siguientes ambos profesionales crearan Filtrovivo, un mecanismo que utiliza plantas para limpiar el aire contaminado por la combustión domiciliaria y que diez años después los tiene como finalistas del prestigioso Premio Europeo al Inventor. Si bien los ganadores de cada categoría serán anunciados el 2 de julio, el público puede escoger a un ganador al votar en el sitio web. El biofiltro ha reducido las emisiones de partículas y los olores en más del 90 %, según han transmitido sus diseñadores.

“En el sur de Chile la leña no es simplemente una mala costumbre, sino un combustible local, disponible, barato y muy eficiente para calefaccionar. El problema no es la leña en sí, sino el humo que produce cuando no se trata adecuadamente. Filtrovivo nace de esa tensión, cómo permitir que las personas sigan usando un combustible accesible, pero haciéndose cargo de sus emisiones“, añade Montalva.

La lógica de este invento lleva al humo o gas contaminado a ductos, en donde se enfría si es necesario. Luego, un extractor lo impulso al interior del biofiltro, que tiene forma de tótem. “Dentro del tótem hay una cámara interna. Desde ahí, por presión, el gas atraviesa una pared de sustrato vivo donde están las raíces, los microorganismos y las plantas. En ese paso se retiene el material particulado y se produce el proceso biológico de descomposición, transformando parte de ese contaminante en nutrientes para el sistema vegetal”, explica el agrónomo.

EL DÍNAMO ahondó en los detalles de este proyecto con Aníbal Montalva para, por ejemplo, saber si planean reducir su costo de $3.480.000 + IVA a uno que permita a más hogares acceder a esta tecnología. Aquí sus respuestas.

La creación del biofiltro y sus plantas

—¿En qué año surgió la idea de este biofiltro y cómo fue el proceso para llegar al prototipo final?

La idea comenzó entre 2012 y 2013, a partir del trabajo que realizábamos con Miguel Ángel Fernández; en jardinería, muros verdes y soluciones vegetales aplicadas a la arquitectura. En ese proceso observamos que ciertos sistemas de sustrato vivo, con plantas, raíces y microorganismos, tenían una capacidad natural de filtrar contaminantes. Nos preguntamos si ese principio podía aplicarse al humo de la leña. 

En 2015 postulamos a Innova Corfo en Temuco y obtuvimos apoyo para desarrollar seis prototipos en distintos puntos de la ciudad. Esos primeros sistemas fueron medidos por un laboratorio especializado en material particulado y los resultados fueron decisivos, la mayoría de los prototipos superó el 90% de eficiencia en reducción de emisiones. 

Desde ese tiempo, Filtrovivo ha seguido evolucionando durante más de diez años, pasando de una intuición experimental a una tecnología aplicable en viviendas, instituciones e industrias.

—¿Qué plantas suele tener la estructura vegetal? ¿Son resistentes a heladas o se deben cubrir?

Las especies vegetales se definen según el lugar, la exposición solar, el clima y las condiciones específicas de cada instalación. Lo importante es que sean especies compatibles con un muro o tótem vivo, con buen desarrollo radicular y capacidad de adaptarse al sistema.

En general se privilegian plantas herbáceas, no leñosas, porque el sistema funciona como una pared vegetal y las especies demasiado pesadas o rígidas podrían descalzarse con el crecimiento. En zonas frías o con heladas, se seleccionan especies más resistentes y se diseña el sistema considerando esas condiciones desde el inicio. Más que cubrirlo como si fuera un jardín frágil, la lógica es elegir bien las plantas y adaptar el diseño al clima local.

—¿Se debe hacer algún tipo de mantenimiento al biofiltro o al extractor?

Sí. El biofiltro es un sistema vivo y técnico a la vez, por lo tanto requiere mantención. En el componente vegetal se revisa el estado de las plantas, el sustrato, las raíces, la humedad y el sistema de riego. El riego es automatizado por goteo, porque el sustrato debe mantener una humedad permanente y homogénea, si tiene demasiada agua, el gas no atraviesa bien; si está demasiado seco, el gas pasa muy rápido y disminuye la eficiencia de filtración.

También se mantiene el componente mecánico, extractor, ductos, conexiones y elementos de impulsión o conducción, según el tipo de instalación. La mantención no consiste en cambiar filtros desechables constantemente, sino en asegurar que el sistema vivo siga activo, equilibrado y funcionando en condiciones estables.

Un costo en evaluación y una mirada sobre las consecuencias de la contaminación

¿Planean que a futuro, considerando los niveles de contaminación y lo arraigado del uso de las estufas a leña en el sur, este proyecto tenga un costo de instalación menor? ¿Qué tendría que suceder para que eso se materialice?

Sí, ese es uno de los desafíos centrales. Desde el inicio, uno de los objetivos fue que el sistema doméstico pudiera acercarse al costo de una solución de calefacción existente, como una estufa a pellet. Pero hoy sigue siendo una tecnología especializada, con diseño, fabricación, instalación, sistema vegetal, extractor, riego y seguimiento técnico.

Para que el costo baje se necesita escala, fabricar más unidades, estandarizar modelos, optimizar procesos e incorporar el sistema dentro de programas públicos o privados de descontaminación. También sería clave que existan subsidios, pilotos comunales y políticas que entiendan la descontaminación como una responsabilidad colectiva, no solo como una inversión individual de cada familia.

En ciudades del sur, donde la leña puede costar varias veces menos que otros combustibles, no basta con prohibir o reemplazar. Si una alternativa encarece demasiado la calefacción, muchas familias simplemente pasan frío. Por eso Filtrovivo propone otra entrada al problema, mantener un combustible local y accesible, pero eliminando o reduciendo fuertemente el humo.

Ustedes han dicho en otras oportunidades que mientras la contaminación sea gratuita, será muy difícil convencer a la gente de invertir en algo que ayuda descontaminar. ¿Qué creen que hace falta para que la gente tome conciencia sobre la contaminación?

Hace falta entender que la contaminación no es solo una nube afuera de la casa. Entra al cuerpo, afecta la salud, aumenta riesgos respiratorios y golpea especialmente a niños, personas mayores y comunidades expuestas durante todo el invierno.

Pero la conciencia individual no basta. Si contaminar no tiene costo y descontaminar depende solo del bolsillo de cada familia, el incentivo está mal puesto. La contaminación atmosférica debe enfrentarse como un problema colectivo, urbano, sanitario y energético. Eso implica educación ambiental, regulación, apoyo económico, inversión pública y soluciones técnicas que sean realmente compatibles con la vida cotidiana de las personas.

La extensión de Filtrovivo en Chile

—Además de casas, ¿en cuántos hospitales o escuelas han logrado instalar este mecanismo?

Filtrovivo ya se ha aplicado en viviendas, industrias e instituciones. En el ámbito educativo, una experiencia relevante es el Instituto Adolfo Matthei, en Osorno, donde el sistema se vinculó al tratamiento de emisiones de una caldera de calefacción. Es un caso importante porque muestra que la tecnología puede operar no solo en casas, sino también en espacios comunitarios, educativos o institucionales.

También existen aplicaciones industriales, por ejemplo en Rancagua, en la industria COMAFRI, antes de la instalación de nuestros dispositivos, su caldera a leña emitía cerca de 278 mg/Nm³ de material particulado, superando ampliamente los límites normativos. Tras incorporar el sistema de biofiltración, las emisiones se redujeron a 13,8 mg/Nm³, cumpliendo con la normativa vigente y manteniendo intacta la operación productiva”.

A esto se sumó la eliminación de olores, donde se ha registrado una reducción del 98,45%. Este resultado fue registrado por un laboratorio independiente reconocido por el Ministerio de Salud. También tenemos proyectos en Temuco y Malloco. 

—¿Qué podría significar para ustedes ganar el Premio Europeo al Inventor?

Sería un reconocimiento enorme para Filtrovivo, pero también para la innovación chilena. Lo especial de este premio es que no se trata de una postulación tradicional, la Oficina Europea de Patentes (OEP), identifica tecnologías patentadas con impacto y selecciona a sus finalistas. En ese sentido, llegar a esta instancia ya nos sentimos muy afortunados por nuestra invención, porque ellos han visto el potencial mundial a nuestra creación que permite mejorar la calidad de vida no solo de las personas, de la naturaleza y sobre todo del planeta.

Se plasmaría que una solución nacida desde un problema muy chileno —la contaminación por leña en ciudades del centro- sur— puede tener relevancia global. También sería una señal potente, que desde América Latina se pueden crear tecnologías ambientales de frontera, capaces de dialogar con los principales estándares internacionales.

Notas relacionadas