Secciones
País

“Siempre le decía que evitara la primera línea”: padre de carabinero fallecido en Valdivia recordó última conversación antes de fatal operativo

Javier Cosme recordó la última vez que habló con su hijo, dos semanas antes del fatal operativo.

Javier Cosme es el padre de Marco, carabinero fallecido en Valdivia luego de ser baleado en el rostro en medio de un operativo para detener a quien sería el autor material del homicidio de Eugenio Naín.

En conversación con LUN relató cómo fue la despedida con su hijo en el hospital, tras reconocer la gravedad de sus heridas.

Yo viajé a Valdivia y lo dejé despedido a mi hijo, porque yo soy alguien que acepta la realidad de la vida. En la condición que estaba, todos esperábamos un milagro de parte de Dios, pero a veces esto es así. No para todos alcanzan los milagros”, señaló.

En ese momento, agregó, “le dije a él que si no se iba a levantar más, que tuviera un buen viaje. Y a Fernanda, su esposa, le dije que tuviera fuerza, que siguiera adelante. Ellos eran muy unidos”.

El padre del carabinero fallecido en Valdivia recordó todas las veces que conversaron sobre el peligro que implicaba formar parte de la institución. Más aún cuando se sumó al GOPE La Araucanía.

Siempre le decía que evitara la primera línea, que se cuidara, pero él era muy profesional con su trabajo. Él amaba el uniforme”, indicó.

La última conversación

Javier Cosme recordó que la última vez que habló con Marco fue dos semanas antes del fatal operativo que terminó quitándole la vida.

“Me contó que estaba contento porque había postulado a la Escuela de Suboficiales o algo así. También porque había terminado el quincho de su casa nueva. Me compartió unas fotos de cómo había quedado”, relató.

A la hora de describirlo, señaló que “era buen hijo, soñador y luchador. Siempre aspiró a cosas grandes y quería lograr muchas cosas. A pesar de sus ambiciones, nunca se olvidó de su origen humilde“.

Notas relacionadas








Es la pelota, estúpidos

Es la pelota, estúpidos

La política tarda décadas en nunca resolver lo que el fútbol en un Mundial resuelve en un mes y medio. Por eso el mundo se detiene. No por la pelota, sino por el alivio que algo, al fin, tiene la posibilidad de concretarse.

Foto del Columnista Guillermo Bilancio Guillermo Bilancio