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La ex ejecutiva (y víctima) de Sartor que ya no puede encontrar trabajo

En la primera jornada de audiencia contra la plana directiva de la empresa, Azucena Marrodán, ex ejecutiva de inversión de Sartor, y víctima de presunto abuso fiduciario, relata a este medio su historia con la compañía y sus dificultades para encontrar trabajo. “Busqué pega, pero lo primero que te preguntan en el mercado financiero es cuánto vale tu cartera de clientes. Todos los míos quedaron atrapados en Sartor”, cuenta.

María Azucena Marrodán (65) es una de las más de 200 víctimas del caso Sartor, la trama que tiene a 11 exsocios y exdirectores de esta Administradora General de Fondos bajo investigación por haber incurrido, presuntamente, en abuso fiduciario.

Administración desleal, negociación incompatible, entrega de información falsa al mercado, estafa, fraude a la omisión de Oferta Pública de Adquisición de Acciones (OPA) y lavado de activos, son los delitos que la Fiscalía Oriente pretende imputar a quienes fueron controladores y socios de la empresa. Sobre ocho de ellos pesan además las sanciones administrativas que la Comisión para el Mercado Financiero les impuso y que juntas asciendan a más de 367.500 UF.

Según el Ministerio Público, el perjuicio a los aportantes de Sartor se estima entre US$100 y US$200 millones. Para Azucena Marrodán, el fraude tiene una doble dimensión, según cuenta a EL DÍNAMO en esta entrevista: perdió junto a familiares y amigos, a los que invitó a aportar en Sartor, los ahorros de toda una vida y además, desde que se destapó el caso que no puede encontrar trabajo, pues durante ocho años fue ejecutiva de la compañía.

“Me ha sido imposible encontrar otra alternativa por diversas razones: hay un tema reputacional y tampoco tengo cartera de clientes. ¡Si todos mis clientes estaban en Sartor! Todo esto, a pesar de que mantengo mi acreditación de la Comisión para el Mercado Financiero vigente”, relata la exejecutiva de inversiones a este medio.

Hoy el fundador de Sartor, Pedro Pablo Larraín, su hermano Carlos Larraín Mery, además del exdirector de la AGF, el expresidente de Azul Azul Michael Clark, estuvieron citados al Cuarto Juzgado de Garantía de Santiago. También seis exdirectores de Sartor —Óscar Ebel, Alfredo Harz, Miguel Núñez, Mauro Valdés, Juan Carlos Jorquera y Rodrigo Bustamante— y dos exejecutivos de Emprender Capital: Sergio Yáñez y Hugo Baranda. Mientras tiene lugar la primera jornada de audiencia —que se extenderá por varios días más—, Azucena Marrodán repasa su historia con Sartor.

30 de julio de 2026/SANTIAGO Mauro Valdés es visto en la audiencia de formalización por el caso Sartor, en el Cuarto Juzgado de Garantía de Santiago. FOTO: HANS SCOTT/AGENCIAUNO

Una familia

Llegué a Sartor el 3 de enero de 2018. Antes de eso tuve una trayectoria en tres o cuatro bancos grandes. Estaba buscando un lugar más tranquilo, porque los bancos son muy impersonales; con suerte uno conoce a los jefes. Cuando entré a Sartor encontré un lugar súper acogedor, la gente iba a trabajar contenta. Éramos como una familia, teníamos contacto diario con los jefes, directores y gerentes. Pedro Pablo, saludaba diariamente a todo su equipo. Vi crecer la empresa de unas pocas personas (23) a más de 60.

Empecé como ejecutiva de inversión. Mi trabajo consistía en armar una cartera de clientes con asesoría. Llegué a formar una cartera de 170 clientes. Además, puse mis lucas, las de mi marido, de mi hijo, de primos, familiares y amigos cercanos, porque realmente confiaba en lo que estaba ofreciendo.

Un punto clave es que estábamos fiscalizados por la CMF. Ver que venían a revisar que todo estuviera en orden, que las operaciones estuvieran bien hechas y sujetas al reglamento de los fondos, a mí me daba mucha tranquilidad.

Nunca vi una sola señal de alerta.

30 de julio de 2026/SANTIAGO El ex presidente de Azul Azul, Michael Clark, es visto durante la audiencia de formalización por el caso Sartor, en el Cuarto Juzgado de Garantía de Santiago. FOTO: HANS SCOTT/AGENCIAUNO

La CMF interviene Sartor

Fue un viernes de noviembre de 2024. Nos fuimos a la casa como cualquier viernes y en la tarde salió la noticia; el sábado ya había reventado todo. (N de la R: la decisión de la CMF de suspender los aportes de fondos públicos administrados por Sartor) Empezaron las llamadas de los clientes, pero yo trataba de mantener la calma porque no entendía bien lo que pasaba, salvo lo que leía en la prensa sobre la intervención de la CMF.

No nos explicaron nada desde Sartor. El lunes tuvimos una reunión general con socios y gerentes donde nos explicaron que la CMF había intervenido por observaciones que debían revisarse. Nos transmitieron mucha tranquilidad, nos dijeron que subsanarían esas observaciones, y nos pidieron que les transmitiéramos esa misma calma a los clientes. En ningún momento pensamos que los puestos de trabajo estuvieran en riesgo; asumimos que era un problema puntual que se solucionaría.

Pero el ambiente era de mucho estrés por las noticias constantes. Finalmente, en diciembre nos revocaron la licencia. La primera pregunta de mis clientes era si yo sospechaba algo. No sospechaba nada: los rescates se pagaban a tiempo, todo funcionaba con normalidad y el trato diario con la gerencia era transparente. De haber sospechado algo, habría sido la primera en retirar el dinero de mi familia y de mis amigos, de mi hijo, que invirtió los ahorros de su matrimonio. Yo misma tenía ahí todos mis ahorros de la vida y mi Ahorro Previsional Voluntario. Perdí todo.

Los culpables

He leído cosas que sugieren que nosotros o los mismos clientes éramos ignorantes, comparándonos casi con el caso Chang, o que éramos culpables por buscar una rentabilidad disparatada. No es así. Los fondos que manejábamos no eran depósitos a plazo ni fondos mutuos, sino fondos de deuda con otro tipo de activos. No estábamos ofreciendo rentabilidades del tipo “aquí está la papa”.

Nuestra confianza como ejecutivos y clientes radicaba en que estábamos regulados por la CMF. Entonces, ¿dónde estaban sus controles? ¿Qué pasó con las auditorías que hicieron? ¿Por qué en la auditoría de 2023 no saltó ninguna alerta y en noviembre de 2024 reventó todo?

No sabemos si recuperaremos nuestra plata; ahora Toesca, el liquidador designado por la CMF, liquidará los fondos y, si recibimos algo, no será la totalidad. No sabemos cuántos recursos encontraron. Se habla de 36 meses, pero ya llevamos más de un año y medio así. Con nuestros fondos hicieron auditorías de las que no sabemos el resultado, siendo nosotros las víctimas.

Pero, insisto, si hay un regulador que depende del Estado y del Ministerio de Hacienda, ¿por qué no nos protegió a los aportantes?

“Tengo ocho años en Sartor dentro de mi currículum y no los puedo borrar”

Después de todo, me fui a trabajar como gestora patrimonial en una oficina externa. Traté de llevar a mis clientes, pero fue muy difícil. Luego tuve un problema de salud y me retiré. Busqué pega por contactos y LinkedIn. Pero fue complicado porque lo primero que te preguntan en el mercado financiero es de cuánto es tu patrimonio o cuánto vale tu cartera, para ver qué volumen de clientes te puedes traer a la nueva entidad. A mí me fue mal porque el 90% de mis clientes se quedaron atrapados en Sartor.

Tengo ocho años en Sartor dentro de mi currículum y no los puedo borrar. Incluso por contactos, cuando preguntaban por mí, la respuesta era: “¿Sabes qué? Mejor no”.

Mi expectativa inicial era trabajar en un lugar tranquilo, confiar y terminar mi carrera laboral en paz. Ahora mi expectativa es que se haga justicia y que podamos recuperar algo de nuestras platas. Hay personas en situaciones mil veces peores que la mía: abuelitos que juntaron un buen colchón toda su vida para jubilarse sin molestar a nadie y que ahora han tenido que volver a vivir con sus hijos o vender sus propiedades.

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Paz Rubio