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¿Por qué (casi) no hay coaliciones en Chile?: las claves detrás del ocaso de las alianzas

Para quienes fungieron como articuladores de esos bloques en el pasado, hay varias causas. Una de ellas, el debilitamiento de los liderazgos.

A mediados de esta semana, el presidente José Antonio Kast y el ministro de Hacienda Jorge Quiroz hablaron dos veces de la “coalición” de Gobierno, pese a que formalmente el arco oficialista no se ha constituido como tal. La idea, sin embargo, no terminó de cuajar. Aunque los partidos aludidos valoraron la idea, algunos parlamentarios prefirieron hablar de una “coordinación” entre colectividades.

Las coaliciones no son las mismas que hace dos décadas. En 2006, los 120 diputados y 20 senadores que fueron electos a fines del año anterior, pertenecían a dos pactos electorales que también fungían como coaliciones: la Concertación -en ese entonces compuesta por el Partido Demócrata Cristiano, el Partido por la Democracia, el Partido Radical Socialdemócrata y el Partido Socialista- y la Alianza por Chile, a la que adscribían la Unión Demócrata Independiente y Renovación Nacional. Solo dos independientes resultaron electos: Marta Isasi y Carlos Bianchi.

Veinte años después, el panorama es más atomizado: de los cinco pactos que obtuvieron representación parlamentaria, solo dos se acercan a la idea de coalición: Chile Vamos —UDI, RN y Evópoli, donde parlamentarios advierten que el bloque ya “cumplió un ciclo”— y Unidad por Chile, que en rigor se ha articulado más como oposición que como coalición, al contemplar todo el arco progresista y a la DC.

En el caso del conglomerado de centro derecha, el declive responde a dos hechos puntuales: el golpe que significó quedar fuera de la segunda vuelta presidencial en dos elecciones consecutivas y el auge del proyecto republicano

Voces de los partidos ancla —RN y la UDI— reconocen que las directivas tienen escasa coordinación y que en el Congreso el panorama es más complejo aún. El gremialismo ha establecido una relación fluida con la bancada republicana y el Gobierno del presidente Kast, mientras que RN es identificado como el “partido díscolo” del oficialismo debido a las reiteradas críticas que han planteado sus principales rostros en el mes y medio que lleva la nueva administración.

Con ese panorama, la idea que ha surgido es establecer una nueva coalición; más amplia y con un nuevo eje alojado en la derecha tradicional. Una alianza desde Demócratas, pasando por Chile Vamos y el Partido Republicano, llegando incluso al Partido Nacional Libertario es la estructura que se ha propuesto en la interna. Sin embargo, la idea no termina de cuadrar en todos los sectores del oficialismo. 

“Las coaliciones no se decretan: se construyen en base a confianza, a una parrilla, a una copa de vino, a errores, a abrazos, a pelearse, a proyectos en común con miradas distintas. Pretender que la disciplina va a llegar porque decretamos el fin de Chile Vamos y creamos una nueva coalición mañana es de una ingenuidad sin nombre”, dijo a EL DÍNAMO Cristián Monckeberg, fundador de Chile Vamos. 

La realidad no es diferente en la izquierda y centroizquierda. Tras el fracaso del expresidente Boric en su intención de establecer una coalición única progresista —que uniese al Partido Comunista, el Frente Amplio y Socialismo Democrático— los partidos han quedado en una especie de limbo estratégico. Hoy los actores que en algún momento conformaron Apruebo Dignidad y el Socialismo Democrático mantienen comunicación e instancias de coordinación, pero lejos de la estructura tal de una coalición, como reconocen sus mismos líderes. 

“La política no tiene que estar permanentemente hablando de la orgánica y de los problemas de los partidos. Ser una coalición o no, si la oposición es de un tono o de otro, no le soluciona los problemas a la gente”, dijo a este medio la presidenta del PS, Paulina Vodanovic.

¿Por qué (casi) no hay coaliciones?

El punto de inflexión para que las coaliciones fueran cada vez menos fue la reforma electoral que terminó con el sistema binominal, coinciden analistas consultados por EL DÍNAMO.

“Desde el retorno a la democracia, la configuración del sistema de partidos en Chile estuvo determinada por el sistema binominal. Este mecanismo de elección de legisladores se mantuvo vigente hasta los comicios de 2013. Un método criticado por su falta de representatividad, pero reconocido por los incentivos para consolidar coaliciones fuertes. En lo sucesivo, en medida importante, la reforma al binominal y el nuevo dibujo de los territorios electorales generó cambios en el comportamiento de los partidos y sus alianzas“, explica Hernán Campos, académico de la Escuela de Ciencia Política de la Universidad Diego Portales.

“En consecuencia, las coaliciones se construyen únicamente como instrumentos de competencia electoral, ignorando el sentido de unidad que exige alianzas sólidas a partir de proyectos políticos que sean sostenibles en el tiempo”, añade Campos.

A juicio de Josefa Calderón, investigadora del Instituto Res Publica, también se debe considerar que “la forma en que han funcionado las coaliciones en Chile, en que abundan los descolgados, y donde el discolaje se ha vuelto la regla general, hace bastante artificial seguir pensando en una real utilidad de permanecer o no en una coalición. Sin duda esto es parte del fenómeno de fragmentación que vive el Congreso Nacional desde la reforma electoral que terminó con el binominal”.

“No se ve que al corto o mediano plazo haya un resurgimiento de las coaliciones de antaño, porque la lógica de ‘unidad nacional’ que convocó el Gobierno supone poder aunar la mayor cantidad de apoyos en pos del país.  Adicionalmente, el actual modelo de coordinación y negociación ha funcionado (…) Por último, por parte de la oposición tampoco existen incentivos reales para tener que agruparse, a no ser el hecho de enfrentar una elección que aún se vislumbra lejana”, precisa Calderón.

Los articuladores del pasado

Para el expresidente de la UDI Pablo Longueira, una de las figuras asociadas a las coaliciones de antaño, actualmente “no hay coaliciones”. Por eso, dice, le llamó gratamente la atención cuando el presidente Kast dijo tener una. “El gran déficit en la instalación del Gobierno ha sido no haber constituido una coalición simultáneamente“, dice en diálogo con EL DÍNAMO.

A su juicio una de las dificultades para que estas alianzas subsistan hoy es que, además del binominal, “están todos los incentivos alineados para favorecer estos egos que son propios de la actividad política”.

“Un gran amigo mío del Partido Comunista me decía en una conversación profunda: “El PC lo que hace con nosotros es que nos pisotea el ego, y te lo sigue pisoteando hasta que entiendes que hay un comité central de 80 personas que dirige el partido”. Si estaba lloviendo y el partido les decía que estaba despejado, ellos aceptaban que estaba despejado. Nadie estaba por sobre el colectivo. Él me decía: Ustedes llegaron a ser los más parecidos a nosotros. Todos los objetivos personales estaban supeditados a ese ideal político, a ese proyecto que ya no existe, porque la UDI es otro partido más“, relata.

Para Osvaldo Andrade, expresidente del Partido Socialista en momentos en que este partido formaba parte de la Nueva Mayoría, “hay un relajo de la necesidad de las coaliciones, es un dato real, objetivo“. Aunque, hace la distinción de que estas alianzas se requieren más cuando se gobierna, que cuando se es oposición. “Cuando se está en la oposición se pueden establecer los matices necesarios para que los partidos muestren su identidad, preserven su nicho. Cuando se gobierna los matices desaparecen, porque se traba el respaldo que deben tener los gobiernos”, explica a este medio.

A diferencia de Longueira, el punto de inflexión para el declive de este tipo de alianzas es más difuso. “Me resulta difícil encontrar un punto específico. Pero creo que tuvo mucho que ver con un cierto debilitamiento de los liderazgos. En el caso de la Concertación, se le reconocía al presidente de turno una suerte de superpartidismo. Eso fue desapareciendo. En su segundo gobierno, la Concertación -que ya no se llamaba así- definitivamente se disoció de la presidenta Bachelet, entre otras cosas por el debilitamiento de su propio liderazgo. El caso Caval y esas cosas. En el caso de Piñera, fue mucho más ofensivo”, afirma.

El escenario de hoy

Volver atrás tiene sus obstáculos. Según plantea Andrade, “los partidos están muy asustados porque no encuentran un ánimo. Cuando se es gobierno, uno se alinea más rápido. El punto está en cómo se avanza en ese sentido. En el caso de la derecha, no veo posible que logren constituir una coalición con mayor unidad, porque las diferencias entre unos y otros son demasiado marcadas. Entre un militante del Partido Demócrata Cristiano y un militante de los libertarios hay un universo de diferencias”

La necesidad de cautelar el nicho, y no ponerlo en riesgo, asusta mucho. Cuando uno se encuentra con otros, hay cosas que se resignan, y esa resignación -esa imposibilidad de plantearse con nitidez en todos los aspectos que uno quisiera para ser parte de una coalición- asusta a los partidos. Esto también sucede en la oposición. En consecuencia, no ceden en el nicho, porque están todos en riesgo de desaparecer”, añade el exdirigente socialista.

Longueira, por su parte, advierte: “El gran problema para corregir esto es que los que tienen que votar la reforma son los partidos que se tendrían que ir para la casa. Tiene que haber un momento que sepamos aprovechar para hacer los cambios institucionales que permitan un piso mínimo de representación y se pueda mantener la gobernanza. No llegar al extremo que tenemos hoy. El multipartidismo nos llevó a tener 23 partidos en la Cámara. Mientras sigan todos pidiendo modificar las reglas a su favor en cada negociación, lo más probable es que siga todo igual”.

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