“La derechita cobarde es el sostén del Gobierno”. Con esas palabras el senador Luciano Cruz-Coke (Evópoli) —y exministro de las Culturas de Piñera— sintetizó el malestar que existe en sectores de Chile Vamos con la administración de José Antonio Kast y el Partido Republicano.
Y es que en los casi dos meses de mandato del fundador de Republicanos, en la derecha aún no existe sintonía entre los dos grandes bloques que sustentan al Gobierno: la alianza que compone Evópoli, Renovación Nacional y la UDI, por una parte; y el Partido Republicano y el círculo político del presidente, por otra.
Una muestra de esa lejanía es la división que muestra el llamado “Piñerismo”. Aquellos colaboradores que participaron de los dos gobiernos del fallecido expresidente Piñera han mostrado posiciones variadas, incluso críticas, de cómo Kast ha llevado adelante su administración.
El caso más evidente es el de Evelyn Matthei, exabanderada de Chile Vamos y exministra del Trabajo. En sus pocas intervenciones tras haber sido derrotada en la pasada presidencial, Matthei no ha escatimado en críticas a la gestión de Kast. La remoción de la directora del SernamEG, la decisión de no apoyar a Bachelet en su candidatura a la ONU y el alza de los combustibles han sido algunos de los aspectos que la excandidata ha cuestionado de la administración de Kast.
Sin embargo, hay críticas que provienen de rostros del llamado Piñerismo que van más allá de la contingencia y apuntan a la estructura del Gobierno. Ese es el caso de Pablo Longueira, exministro de Economía y quien apunta a hacerse de la presidencia de la UDI a fines de 2026.
En los últimos días, Longueira entregó uno de los diagnósticos más duros que ha recibido el Ejecutivo desde su propio sector. Consultado en radio ADN, el exministro fue directo: “Hay falta de experiencia, falta de calle. El nivel de improvisación a mí me sorprende”. Para graficar su punto, Longueira apuntó al Ministerio de Seguridad: “Cuando leí que le ofrecieron a Rodolfo Carter que no asumiera de senador para ser el ministro de Seguridad, yo dije bueno, aquí no hay nada”.
Sus críticas no se detuvieron en la gestión de la ministra Trinidad Steinert. Longueira cuestionó también el diseño más profundo del Ejecutivo: “Está mal diseñado desde el origen del Gobierno. No puedes poner en el Segundo Piso a gente con responsabilidades ejecutivas”. El exministro fue más allá al plantear que el plan de reconstrucción impulsado por el Gobierno se ha transformado en una prueba de vida para la administración: “Si no se saca este plan se acabó el Gobierno, así de simple. Es exactamente lo mismo que pasó con Gabriel Boric”.
Desde RN, el exministro Cristián Monckeberg ha llevado un registro similar, quien apuntó directamente al titular de Hacienda, Jorge Quiroz, señalando que tiene “falencias graves desde el punto de vista de la bajada, de llegar a acuerdos, de entender el mundo político que es distinto al mundo técnico”, y recomendó que el ministro “confíe más en sus equipos políticos, en José García y en Alvarado”. Las críticas de Monckeberg obligaron al propio presidente Kast a salir a defender a su ministro de Hacienda en un punto de prensa en La Moneda.
En un registro más moderado se ha movido Karla Rubilar, exvocera de Piñera. La exministra ha marcado distancias selectivas con el Ejecutivo. Criticó el manejo de la candidatura de Michelle Bachelet a la ONU, señalando que “Chile no se está viendo muy bien, a mi juicio, a los ojos del mundo”, y apuntó a ambos gobiernos por no construir una política de Estado en la materia.
También fue una de las primeras voces de Chile Vamos en reaccionar cuando el Gobierno pidió la renuncia a la directora del SernamEG, Priscilla Carrasco, quien enfrenta un tratamiento por cáncer de mama: “Sacar a una directora de SernamEG con cáncer de mama en tratamiento, en el Ministerio de la Mujer y en plena alerta oncológica, no es coherente. Pido sinceramente recapacitar”.
Los que sí se subieron al barco de Kast
No todos los piñeristas, sin embargo, han adoptado una postura crítica. En Chile Vamos apuntan a figuras relevantes que se han cuadrado plenamente con la actual administración. El ejemplo más claro es Claudio Alvarado, que fue ministro Segpres en el segundo gobierno de Piñera, y ocupa hoy la cartera del Interior siendo considerado uno de los pilares de gobernabilidad del actual Ejecutivo.
Mario Desbordes, que emigró recientemente de RN, y fue exministro de Defensa, también es señalado como de estos ejemplos. El alcalde de Santiago se ha distanciado de la línea dura que ha adoptado su expartido y se ha erigido como figura cercana al presidente.
En el debate sobre la gestión de la vocera Mara Sedini —uno de los flancos que ha sufrido Gobierno—, fueron precisamente exministras piñeristas quienes salieron a defenderla. Cecilia Pérez, exvocera de La Moneda durante la gestión de Sebastián Piñera, aseguró que Sedini “tiene todas las condiciones, no solamente verbales, sino que corporales, para poder comunicar bien”, y acusó que “se han cebado con ella”.
Isabel Plá, otrora ministra de la Mujer de Piñera, también cerró filas con la vocera: “Hemos visto una ministra que sabe perfectamente cuál es su trabajo y lo está haciendo, lo está desplegando. Siempre cuando se está en una posición de poder, ser la vocera del presidente de la República, es una posición de mucho poder, no cabe duda, siempre se enfrentan ciertas crítica”, señaló.
Por qué el piñerismo se dividió
En todo caso, en el oficialismo hay una lectura transversal sobre lo que motiva las críticas más duras. Fuentes de Chile Vamos plantean que los cuestionamientos de Matthei, Longueira y Monckeberg responden, en buena medida, a dinámicas personales y de reposicionamiento político.
En el caso de Matthei, señalan, pesa su derrota en la presidencial y una distancia personal con Kast que nunca se resolvió del todo. En el de Longueira, su embestida se lee en clave interna: necesita proyectarse como líder renovador de la UDI de cara a las elecciones de noviembre, y para eso le resulta funcional diferenciarse del Gobierno.
En el de Monckeberg, el objetivo sería desmarcarse del proyecto republicano para reposicionar a RN como una fuerza de centro derecha autónoma en contraposición a Republicanos, proyecto fundado y liderado por Kast.
Esa es, precisamente, la fractura de fondo que subyace bajo el debate de la contingencia: los tres —dicen en la alianza— aspiran a una centroderecha moderna y más moderada, que se distancia del perfil más conservador que proyecta la actual administración.
Para Juan Pablo Lavín, director del Panel Ciudadano de la Universidad del Desarrollo, la división del piñerismo no es sorpresa: responde a una decisión de diseño que el propio Kast tomó desde el principio.
“El presidente Kast apuntó a blindarse con opinión pública antes que con los partidos. A eso obedece el récord de independientes, el gabinete transversal, la lógica de gestión por sobre la partidaria. Lo que la gente estaba pidiendo. La contraposición es que el mundo político tradicional, incluido el del propio sector, queda fuera del diseño. Y cuando vienen los problemas, no tiene razones, o tiene menos razones, para amortiguar”, dice el analista.
Y agrega sobre el piñerismo: “Es un sector con experiencia de gobierno y con calle. Cuando ven decisiones que leen como falta de oficio político, lo dicen con la autoridad del que ya estuvo ahí. La frase de Longueira sobre la falta de calle no es solo crítica, es marca de territorio“.