Un volante con la nariz alargada de José Antonio Kast bastó para tensionar al Partido Socialista (PS).
Lo que en apariencia era un error comunicacional —reconocido públicamente por la propia presidenta del partido, la senadora Paulina Vodanovic— terminó por volver a instalar en el ojo público una tensión que lleva meses acumulándose al interior de la tienda alojada en París 873. Dos estilos de ser oposición que, según altos dirigentes de la colectividad, tendrán su desenlace en el próximo cambio de directiva, fijado para principios de 2027.
El folleto en cuestión mostraba al presidente de la República con la nariz del personaje de cuento infantil y la frase “Kast miente”, y formaba parte de una campaña que el PS planeaba desplegar este sábado 13 de junio en ferias y salidas de metro para agitar contra la megarreforma.
El problema estalló cuando el material comenzó a circular en redes sociales y el ministro del Interior, Claudio Alvarado, expresó su molestia. Vodanovic salió a reconocer el error, aseguró que no había autorizado esa imagen específica y anunció que no sería distribuida. Fue más lejos: se contactó con Alvarado para presentar las excusas del caso.
Esa reacción, sin embargo, generó reparos en la interna donde no todos estaban por retroceder en la ofensiva contra el mandatario.
La mesa debió convocar a una reunión de urgencia el domingo en la noche, donde también cayeron críticas sobre el senador Fidel Espinoza —quien en redes sociales había pedido públicamente que se “pidieran disculpas”—. Al mismo tiempo, varios en la interna la acusaron a la timonel de haberle quitado el piso al secretario general subrogante, Arturo Barrios, quien apareció junto a ella en el video original repartiendo los folletos y en quien la timonel socialista también cargó parte de la responsabilidad.
Pero la dimensión más relevante del episodio no estaba en la polémica, sino que en cómo el PS volvió a mostrar sus dos corrientes fuera de la interna del partido.
Al interior del PS reconocen abiertamente que coexisten dos corrientes. Por un lado, quienes defienden el histórico espíritu institucional del partido, representado por Vodanovic: una oposición dialogante, sobria, que cuida las formas.
Por el otro, quienes sostienen que el escenario actual exige endurecer el tono, línea encarnada por el diputado Daniel Manouchehri.
El parlamentario no fue el impulsor del volante, pero sí lo defendió sin matices. “Si Pinocho le incomoda tanto a Kast, será porque le calza”, escribió en su cuenta de X, antes de agregar que la verdadera pregunta era por qué el Gobierno ponía más energía en “victimizarse por una caricatura” que en explicar el caso Zaliasnik-Hermosilla.
El peso de Manouchehri dentro del partido ha crecido. Fuentes internas del PS apuntan a que su influencia se ha consolidado tras los resultados de la última elección, donde consiguió la primera mayoría nacional en diputados. A eso se suma que su pareja, la senadora Daniella Cicardini, logró imponerse en Atacama con una votación holgada.
El dato no es menor al considerar que Cicardini y Vodanovic ya protagonizaron un choque inusual a comienzos del actual periodo legislativo, cuando la senadora atacameña planteó en la sala del Senado que el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz debía renunciar. Al minuto después, la timonel del partido le quitó el piso públicamente, dejando en claro que esa posición no representaba a la colectividad. El episodio dividió a la mesa en su momento y quedó como antecedente no resuelto.
A esa tensión se agrega la rencilla interna entre Espinoza (cercano a Vodanovic) y Manouchehri, otro eje de fricción que atraviesa la vida interna del partido.
En ese cuadro, los dirigentes del PS distinguen una línea de fractura que separa en términos generales a la bancada de diputados —más proclive al estilo confrontacional— de la bancada de senadores, más inclinada a la moderación.
Hay excepciones: el jefe de bancada de diputados, Raúl Leiva, es señalado dentro del partido como uno de los parlamentarios de la Cámara Baja que apoya el camino más sobrio, aunque mantiene una buena relación con Manouchehri. Fue Leiva quien, tras el episodio del volante, sostuvo que el PS “no puede caer en la misma falta de argumentos de nuestros rivales políticos que tanto criticamos”.
Por ahora, las mismas fuentes evitan dramatizar. Sostienen que la convivencia de distintos tonos no es nueva en el socialismo chileno y que esa diversidad les ha permitido disputar protagonismo al Frente Amplio y al Partido Comunista desde la oposición.
Pero también admiten que las diferencias tienen fecha de vencimiento: el próximo cambio de directiva, fijado para inicios de 2027, será el momento en que esa disputa busque una resolución. Vodanovic no puede ir a la reelección, lo que abre el tablero.