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Cartas públicas, una tensión sin solucionar y el fantasma de las dos derechas: la semana negra del oficialismo

Dos comunicados de RN y la UDI exigiendo respeto a los republicanos, un llamado al orden de Squella a su diputado Agustín Romero y un nuevo cruce con Matthei marcaron una semana en que el modelo de “colaboración” definido por Kast quedó al borde de la ruptura.

El 15 de diciembre, un día después de ganar la segunda vuelta, José Antonio Kast citó a los presidentes de los partidos que respaldaron su candidatura. Los recibió en La Gloria 88, la casona de Las Condes donde funcionaba la Oficina del Presidente Electo (OPE). Estaban los timoneles de Demócratas, Amarillos, Evópoli, RN, la UDI, el Partido Republicano y el Nacional Libertario, que más tarde se restaría del Gobierno. A todos les comunicó la misma definición: no habría coalición oficialista, sino un modelo de “colaboración”.

Poco más de seis meses después, ese diseño cruje. La semana que termina llevó al espacio público, por primera vez y de manera abierta, la pugna entre las dos almas del oficialismo: republicanos, por un lado; Chile Vamos, por otro.

El detonante, coinciden en Chile Vamos, fue Agustín Romero, diputado republicano cercano a Kast y presidente de la Comisión de Hacienda de la Cámara. 

Romero ha encabezado la postura de no cambiar el “estilo republicano” que llevó al partido a La Moneda, una línea que en el partido dirigido por Arturo Squella describen como mostrarse como la “verdadera” derecha. Esto, frente a lo que denominan “la derecha cobarde” que estaría representada —han dicho los republicanos— por Chile Vamos.

El primer síntoma de la escalada de tensión entre ambos bloques fue la arremetida contra el jefe de bancada de RN, Diego Schalper, que anunció su voto en contra de la acusación constitucional a Nicolás Grau tras negociar con la oposición un proyecto para elevar los estándares de esos libelos. Junto al jefe de bancada republicano, Benjamín Moreno, Romero cargó contra Schalper: “Las consecuencias las van a tener que asumir ellos porque tienen que responderle a los que votan por la derecha, no a los que votan por la izquierda”, lanzó.

El segundo frente lo abrió contra la UDI, luego de arremeter contra Evelyn Matthei recordándole su quinto lugar en la elección presidencial y, más tarde, calificándola de “irrelevante”. El golpe a una de las figuras históricas de la UDI terminó por encender al gremialismo, que toma distancia de las críticas de la exalcaldesa al Gobierno, pero distingue una cosa de otra: no es aceptable que se pase a llevar a una de sus dirigentes de mayor trayectoria.

La UDI respondió con una declaración en que exigió una rectificación de Romero o del propio Squella. “De no mediar dicha rectificación, entenderemos que estas declaraciones constituyen una postura oficial, ante lo cual advertimos que las relaciones políticas entre ambos partidos se verán sensiblemente afectadas”, advirtió el texto.

RN fue por el mismo camino. Su comisión política emitió una declaración en que condenó “el trato hostil y agresivo que parlamentarios y dirigentes del Partido Republicano han dirigido contra miembros de nuestro partido”, conductas que calificó de “inaceptables entre fuerzas políticas que respaldan a un mismo Gobierno”. 

La tensión, en todo caso, no se quedó solo en las redes sociales ni el papel de los comunicados.

El lunes, en el comité político ampliado, los timoneles de RN, Andrea Balladares, y de la UDI, Guillermo Ramírez, elevaron una queja formal por las reiteradas “faltas de respeto” de los republicanos. Lo hicieron ante el biministro del Interior y la Segegob, Claudio Alvarado.

Squella debió intervenir. El presidente del Partido Republicano se comprometió a llamar al orden a Romero y a sus diputados, y a la salida marcó distancia. Sostuvo que los polémicos dichos de Romero “no son institucionales” y que el comportamiento de “determinadas personas” del partido “no lo respaldamos ni destacamos”. 

“Llamamos a corregir”, cerró. Y sobre los descuelgues de RN en la acusación, en cambio, fue tolerante: “Discrepar es correcto”, dijo.

Sin embargo, el gesto de Squella no cerró la semana. El jueves la fricción volvió a aflorar por otro flanco. Matthei disparó en duros términos contra el Gobierno en materia de seguridad.

“Acá prometieron a todo Chile que tenían el mejor plan contra la delincuencia. No tenían nada, ni siquiera ministros. No tenían equipos”, lanzó la exalcaldesa.

Y la respuesta llegó desde el corazón de La Moneda.

El ministro de Seguridad, Martín Arrau, replicó a Matthei. “Yo la invito a informarse de buena manera. El plan fue presentado al Congreso. Está ahí, disponible”, sostuvo.

Tensión sin solucionar

Pese a que los presidentes de partidos han intentado bajar el perfil a los encontrones entre dirigentes del oficialismo, la próxima semana el escenario puede volver a tensarse. El Senado deberá votar la acusación contra Grau, sin un resultado común asegurado en el oficialismo.

En paralelo, el lunes el Gobierno propuso a los partidos una instancia de coordinación más allá del comité político. La idea no convenció a Chile Vamos. Martorell respondió que “la coordinación política de los partidos que apoyan al gobierno debe ser en el comité político y debe ser con el gobierno”. 

Squella, en cambio, se mostró abierto a “generar instancias de coordinación más allá de lo legislativo”. 

En Chile Vamos, comentan sus dirigentes, la creencia es que si La Moneda quiere instancias fuera del plano del Ejecutivo lo que debe pasar es que Kast impulse una coalición única de Gobierno. Eso, en todo caso, hoy se ve más lejano que nunca. 

Si bien en un principio RN y la UDI veían posibilidad de aquello, en la interna se ha recibido con decepción la manera de comportarse de los republicanos, particularmente de sus diputados. 

Aunque Squella es valorado por su rol de articulador y capacidad de diálogo con el resto del partido, en Chile vamos remarcan que no ven a los otros dirigentes del Partido Republicano en la misma sintonía. En cambio, se aprecia un afán por “barrer” con la centro derecha y mantener el estilo que los llevó a ganar la última elección. 

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