El Gobierno respondió a los cuestionamientos del Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) luego de que la entidad presentara reparos al proyecto de Registro de Vándalos e Incivilidades, advirtiendo que la redacción de la iniciativa podría ser demasiado amplia y afectar algunas formas de expresión protegidas por el derecho internacional.
El ministro de Seguridad Pública, Martín Arrau, fue uno de los primeros en reaccionar a las observaciones del organismo, acusándolo de minimizar las consecuencias del vandalismo y de no considerar a quienes resultan perjudicados por estos actos.
A través de su cuenta de X, el secretario de Estado afirmó: “El INDH vuelve a romantizar el vandalismo y a ignorar sus consecuencias. Llama ‘expresión artística’ a rayar sin permiso bienes públicos o privados. No. El arte no da derecho a intervenir lo ajeno y pasarles la cuenta a todos. Quien vandalice, que responda”.
Además, Arrau sostuvo que la discusión debe centrarse en proteger a quienes se ven afectados por estos hechos, como comerciantes, vecinos y ciudadanos que financian la mantención de los espacios públicos.
“Los derechos que debemos proteger son los del trabajador que levantó su negocio, los del vecino que cuida su barrio y los de todos los chilenos que financian con su esfuerzo y trabajo los bienes públicos. Alguna vez esperamos verlos de su lado, no transformando al responsable en víctima y a los afectados en una simple nota al pie“, señaló.
A las críticas de Arrau se sumó el ministro de las Culturas, Francisco Undurraga, quien también cuestionó los planteamientos del INDH respecto del proyecto.
El secretario de Estado afirmó que la libertad de creación debe ser resguardada, pero enfatizó que no toda intervención sobre espacios públicos o privados puede ser considerada una manifestación cultural.
“La libertad de creación y expresión artística merecen ser protegidas, pero el arte y el vandalismo no son sinónimos”, sostuvo Undurraga.
Asimismo, agregó: “Como ministro de las Culturas, creo profundamente en la libertad de creación y expresión artística. Sin embargo, no toda intervención sobre bienes públicos o privados puede justificarse en nombre de la cultura. Confundir el arte con acciones que dañan bienes públicos, privados o nuestro patrimonio solo empobrece el debate y termina perjudicando el valor que tiene la creación artística en nuestra sociedad”.
El ministro de las Culturas añadió que defender el patrimonio y la cultura también implica respetar los espacios compartidos, señalando que la discusión debe realizarse con claridad y sin mezclar conceptos distintos.