La agenda valórica resucitó en el Congreso al margen del Gobierno. Tres inicitiativas —impulsadas por el Partido Nacional Libertario, el Partido Republicano y la UDI— reinstalaron el debate público en torno al aborto en tres causales. Y para analistas consultados por EL DÍNAMO, la señal es inequívoca: La Moneda perdió, al menos por ahora, el control de su propia agenda.
La primera señal fue el proyecto Escucha su Corazón, moción parlamentaria presentado por diputados del Partido Nacional Libertario y respaldado por parlamentarios republicanos que modifica el Código Sanitario para que, antes de un aborto, los médicos informen a la mujer sobre la actividad cardíaca embrionaria o fetal y le ofrezcan la posibilidad de escucharla.
La iniciativa generó rechazo de organizaciones feministas y también dentro de Chile Vamos: el diputado de Evópoli Jorge Guzmán la calificó de “aberración” y advirtió que su sector no negociará en torno a ella.
En paralelo, el presidente de la UDI, Guillermo Ramírez, anunció que su partido trabaja en una propuesta alternativa centrada en el “acompañamiento a la maternidad”, que —según explicó— busca ser transversal y no punitiva. Y llamó al Gobierno a “reconsiderar” su decisión de no pronunciarse sobre temas valóricos.
A esos dos proyectos se sumó además esta semana uno del diputado republicano Agustín Romero, que busca tipificar como delito autónomo la venta, distribución o facilitación de misoprostol fuera de las tres causales vigentes, con penas de entre 541 días y tres años de presidio, agravadas si la conducta se realiza a través de redes sociales o con fines de lucro.
Qué hay detrás de la arremetida
Para el director de TúInfluyes, Axel Callis, la ofensiva no debería sorprender y la enmarca en la mayoría parlamentaria que Republicanos, Libertarios y parte de la UDI lograron consolidar en ambas cámaras.
“El arte de la política no es solo ganar, sino también capturar la agenda”, explica Callis, quien sostiene que “el Partido Nacional Libertario ha logrado, en los primeros cuatro meses de gobierno, imponer agenda en varios momentos pese a no ser un partido oficialista”, arrastrando en ese orden al Partido Republicano y a sectores de la UDI.
En la misma línea, el vicedecano de la Facultad de Gobierno de la Universidad del Desarrollo, Rodrigo Arellano, plantea que la ausencia de temas valóricos en el programa de campaña de José Antonio Kast dejó un espacio vacante que el Partido Nacional Libertario busca ocupar.
“Aquí efectivamente hay una intención para disputar un electorado más identitario, conservador”, afirma.
Arellano recuerda que Kast decidió evitar esos temas en la última campaña presidencial, a partir de su experiencia fallida de 2021, cuando el voto femenino le fue adverso. Pero ese silencio, subraya, abrió la puerta para que otros actores del sector reclamen ese espacio.
El director del Instituto de Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades de la UDP, Claudio Fuentes, coincide en que existe una disputa interna en la derecha por hegemonizar a su electorado a través de temas identitarios.
“Irónicamente, quienes más criticaban agendas identitarias ahora están generando una agenda de nichos electorales”, plantea, y sitúa la ofensiva republicanos y libertarios como una apuesta de mediano plazo para marcar identidad partidaria.
Las consecuencias para el Gobierno
Arellano identifica dos efectos concretos para La Moneda. El primero es de narrativa: el gobierno debería estar concentrado en sus dos prioridades declaradas —seguridad y reactivación económica— y en cambio se ve obligado a reaccionar frente a un debate que no impulsó.
“Muestra con toda su crudeza que el Gobierno todavía no puede controlar la agenda parlamentaria de algunos partidos que forman parte del oficialismo”, dice.
El segundo es electoral, en la medida en que existe una masa crítica en torno a los temas valóricos, particularmente en el electorado femenino, que ya le costó votos a Kast en 2021.
Callis matiza el diagnóstico: considera que, más que tensionar al Ejecutivo, la ofensiva busca tensionar a la derecha en su conjunto, generando una polaridad entre distintas sensibilidades que conviven dentro del sector, incluido el propio gabinete. “El objetivo de la política no tiene que ver necesariamente con mantener órdenes, sino con mantener mayorías y generar polaridades transversales”, sostiene.
Fuentes advierte, además, un riesgo estratégico para el Gobierno: necesita al conjunto de la derecha —desde los sectores más conservadores hasta los más liberales— para aprobar sus reformas en el Congreso, por lo que una agenda valórica demasiado marcada podría deteriorar su relación con sectores más liberales de RN. Para Fuentes, la opción del Ejecutivo pasa por un camino intermedio que equilibre ambas sensibilidades dentro de la coalición.
Una lectura distinta ofrece el subdirector ejecutivo del Instituto Res Publica, Rodrigo Meléndez, quien sitúa el impulso valórico como una convicción compartida por partidos oficialistas más que como un cálculo electoral.
Según Meléndez, las encuestas indican que la ciudadanía respalda, por ahora, mantener el statu quo, lo que sugiere que los promotores de estos proyectos actúan “por una convicción de qué es lo correcto, más que por una estrategia electoral o política definida”.
Con todo, plantea que la promoción de estos temas desde el propio Gobierno podría generar tensiones en el gabinete, en un paralelo con lo ocurrido durante el segundo gobierno de Sebastián Piñera con la promoción del matrimonio homosexual. Por lo mismo, anticipa que el Ejecutivo probablemente se abstendrá de respaldar los proyectos impulsados por parlamentarios de su propia coalición.