Nunca había tenido que hacerlo antes, pero esta semana Francisco Pérez Mackenna debió recordarle a su propio gabinete —y a la embajada de Estados Unidos— que es la Cancillería la que negocia el arancel del 12,5% a las exportaciones chilenas.
La molestia del embajador norteamericano en Chile, Brandon Judd, por los dichos de los ministros Fernando Barros (Defensa) y Jaime Campos (Agricultura), puso a prueba, por primera vez, el estilo de un canciller que llegó desde el mundo privado y sin roce político previo.
El origen del episodio está en la reacción del Gobierno al arancel del 12,5% que Estados Unidos impuso a un conjunto de productos chilenos, medida enmarcada en una política más amplia de la administración Trump hacia unos 60 países.
Barros calificó la decisión como algo que “parece muy injusto y genera dudas en la cercanía y confiabilidad de la relación” con Washington, mientras que Campos acusó a Estados Unidos de “violentar” el Tratado de Libre Comercio vigente entre ambos países.
Pese a que ninguno de los dos tiene la vocería de la negociación arancelaria, radicada formalmente en Cancillería, sus declaraciones hicieron eco en la contraparte norteamericana.
La respuesta no tardó en llegar desde la embajada estadounidense. Judd, que se ha caracterizado por salirse de los márgenes habituales del protocolo diplomático, entregó declaraciones a radio Bío Bío en las que sostuvo que la relación entre ambos países es “mucho más profunda” que la disputa arancelaria y lanzó un duro reproche a la dupla Barros-Campos: “Si dos ministros que no son parte de la negociación quieren hacer comentarios provocativos que socaven la habilidad de sus colegas de negociar, es tema de ellos”.
El comentario del embajador generó incomodidad tanto al interior de La Moneda como en el círculo diplomático cercano al Presidente José Antonio Kast.
Fue en ese contexto que, según comentan fuentes de La Moneda, el biministro Claudio Alvarado hizo un llamado a la interna del gabinete para recordar que quien fija la posición del Gobierno en materia arancelaria es el Presidente o, en su representación, el canciller.
El propio Pérez Mackenna salió después a ratificar esa misma idea en público.
Consultado por las declaraciones de sus pares, evitó la confrontación directa, pero zanjó que la potestad en la negociación y la materia la tiene la cartera que lidera. “Lo importante es entender que la Cancillería es la que lidera esta negociación. Todos perseguimos el mismo objetivo: el mejor interés de los chilenos y, particularmente, las mejores condiciones para nuestras exportaciones. Estamos trabajando con la cabeza fría y sentados a la mesa con datos para negociar lo mejor posible con Estados Unidos”, dijo.
Sobre el reproche de Judd, prefirió no polemizar y optó por quedarse con la parte más conciliadora de sus dichos asegurando que “el embajador también afirmó que hay mucho espacio para llegar a un acuerdo, y yo me quedo con eso. Me quedo con lo que realmente nos interesa: lograr ese acuerdo”.
El episodio expone, en todo caso, un problema que antecede a esta controversia puntual. El Gobierno demoró en fijar una línea comunicacional única frente al arancel, lo que ha dejado espacio para que distintos ministros emitan versiones propias sobre un mismo tema.
El estilo Pérez Mackenna a prueba
Quien enfrenta este examen es, además, un canciller que no proviene de la política ni de la diplomacia.
Pérez Mackenna llegó a Teatinos 180 tras casi 28 años como gerente general de Quiñenco, el holding del Grupo Luksic, cargo desde el cual condujo la internacionalización del conglomerado y ocupó también las presidencias de CCU y Enex, además de la vicepresidencia del Banco de Chile.
Ingeniero comercial de la Universidad Católica y magíster en administración de la Universidad de Chicago, militó brevemente en Renovación Nacional en 1987, invitado por Jaime Guzmán, antes de dedicarse por completo a su carrera en el mundo privado.
Quienes han compartido con él en instancias en el Congreso lo describen como una persona apacible, “matea” y con vocación de diálogo, pero sin el manejo de los códigos que exige la política contingente.
Kast, en todo caso, no lo eligió por su experiencia diplomática, sino por su capacidad para atraer inversión extranjera, la tarea que en la práctica ha ocupado la mayor parte de su agenda desde que asumió.
Sin embargo, tempranamente aparecieron en su horizonte circunstancias no previstas. Pérez Mackenna llegó a Cancillería con la crisis del cable submarino de fibra óptica aún latente. El proyecto había desatado una crisis diplomática con Washington que terminó en la revocación de visas a tres funcionarios del gobierno de Gabriel Boric, con el embajador Judd como protagonista de las advertencias.
De todas formas, destacan en el oficialismo, Pérez Mackenna ha rendido en la principal tarea en comendada.
Bajo el programa “Choose Chile”, el canciller ha encabezado giras con foco explícito en captar capitales e inversionistas. En mayo viajó a India para impulsar un eventual acuerdo de asociación económica integral y a California para presentar la iniciativa ante empresas tecnológicas; a comienzos de julio recorrió Nueva York, Washington y Ciudad de México, con una exposición ante la Cámara de Comercio de Estados Unidos en la que instó a inversionistas a “redoblar” su apuesta por Chile; y entre el 19 y el 25 de julio encabezó una gira por Indonesia, Singapur y Filipinas para diversificar mercados en el sudeste asiático.