Es prematuro hablar de candidaturas presidenciales. Esa es la conclusión a la que, de manera transversal, han llegado los líderes de la oposición luego de que la expresidenta Michelle Bachelet se abriera a la posibilidad de una tercera candidatura.
Consultada en una entrevista con el canal TVU, de la Universidad de Concepción, sobre si “no hay segunda sin tercera”, la exmandataria respondió entre risas: “Yo creo que sí”. La frase entusiasmó, pero también levantó alertas en una oposición que aún no logra articularse tras la derrota en las presidenciales y parlamentarias de 2025.
La discusión en torno a los liderazgos se ha vuelto incómoda. Gabriel Boric mantiene protagonismo como una de las principales figuras de la izquierda de cara a la elección de 2029. Pero en paralelo el alcalde de Maipú, Tomás Vodanovic (Frente Amplio), asoma como la figura con mejor imagen. Según Cadem, llegó al 64% de aprobación, por encima de Bachelet (48%) y Boric (43%).
Eso sí, ni Boric ni Vodanovic logran aglutinar a todo el espectro opositor de la forma en que lo hace Bachelet. Es algo que han hecho ver dirigentes cercanos a la exmandataria, como su antiguo vocero Francisco Vidal, quien ha planteado que es la única figura capaz de concitar adhesión desde el PC a la DC.
En todo caso, tanto en el PS como en el resto de la centroizquierda descartan una ambición prematura por parte de la expresidenta. En cambio, apuntan en el sector, la frase fue más a una jugada política dirigida al oficialismo y a La Moneda. Bachelet, que viene de retirar su candidatura a la Secretaría General de la ONU, habría apuntado a incomodar al Gobierno. En la oposición mantienen que Kast es el principal responsable del fracaso de Bachelet en la ONU.
La reactivación de Bachelet, de hecho, comenzó un poco antes: cuando cuestionó en una carta que firmó junto a Boric la decisión del Ejecutivo de sumarse al Escudo de las Américas.
De acuerdo a la interpretación que se hace en la centro izquierda, la intención de Bachelet no sería adelantar una disputa por La Moneda, sino ordenar a una oposición que sigue desorientada desde que Boric dejó Palacio.
Como se sabe, el expresidente frenteamplista fracasó en su intentó de dejar instalada una coalición progresista de amplio rango. Su intentona encontró reparos en el PS, resistencia en un PPD que apostaba por “muchas oposiciones” y rechazo en parte de la DC, que resintió el apoyo a Jeannette Jara en la presidencial.
Bachelet, en cambio, no carga con ese peso. La militante socialista mantiene lazos y cuenta con la admiración de los líderes del Socialismo Democrático, mientras que en el ala dura de la izquierda su figura ganó ascendencia tras el gobierno de Boric. Con ese capital político, indican en el sector, la exmandataria buscaría rearticular a la oposición y liderar la construcción de una nueva coalición, pensando en lo que queda del mandato de Kast y en los desafíos electorales que parten en 2028 con las elecciones municipales y regionales.
El primer paso es la reunión a la que fueron citados los presidentes de PS, PPD, Frente Amplio, PC, Partido Liberal y DC este jueves por la mañana, en Horizonte Ciudadano, la fundación que Bachelet creó en 2018.
Una provocación y una apuesta de articulación
Para la politóloga Javiera Arce, cercana al Socialismo Democrático, ambas lecturas conviven. Lo primero, sostiene, “fue una provocación para el sector del gobierno”, y describe a Bachelet como alguien tranquila, pero que puede cumplir ese papel: “Ella no tiene problema con provocar”, dice.
Lo segundo, sostiene Arce, es que la expresidenta está “aprovechando su capital político para poder instalar no solo nombres, sino proyectos, ideas y cuestiones que tiendan a defender no solamente lo avanzado”.
Sobre los liderazgos, afirma que “sería un poco ingenuo pensar que sin liderazgo esto se ordena” y que “la presidenta Bachelet es la que tiene mayor capacidad de acción, porque es más transversal que el presidente Boric o nombres como Vodanovic, Camila Vallejo o Carolina Tohá”.
Arce plantea además que los flancos que han afectado al Gobierno —como la fallida reforma constitucional o los recortes en gasto social— no están siendo aprovechados por la oposición. Y que Bachelet, en esa tarea, puede ayudar a ordenar la estrategia política.