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El tornado que sacudió esta semana a Requínoa y el gustnado que se registró en Estación Central días anteriores han encendido la alerta en la población, la cual tiende a pensar que estos fenómenos son recientes en nuestro país o que ahora son más frecuentes.

Bajo este contexto, expertos consultados por EL DÍNAMO abordan si los eventos meteorológicos que se han registrado en territorio nacional corresponden a una nueva realidad, cuánto ha influido el cambio climático o el fenómeno de El Niño, y cómo se debería preparar Chile ante la posibilidad de que se intensifiquen estos episodios.

Antes del evento ocurrido en la Región de O’Higgins, hubo otros que causaron diferentes niveles de destrucción, como en Yungay, Concepción y Ñuble. El tornado en Requínoa alcanzó la categoría EF-2 en la escala Fujita mejorada, lo cual corresponde a a vientos estimados entre 178 y 218 km/h, cuya intensidad es considerablemente superior a la de los tornados EF-0 y EF-1 que habitualmente se documentan en territorio nacional.

“Los tornados se categorizan según las ráfagas de vientos que conllevan, estimadas según el impacto que provocan. Para eso se usa la escala Fujita mejorada (Enhanced Fujita Scale, EF)”, afirmó Edgardo Sepúlveda, climatólogo miembro del grupo de investigación antártica de la Usach. En concreto, las categorías son: EF0 (105 a 137 km/h), EF1 (138 a 178 km/h), EF2 (179 a 218 km/h), EF3 (219 a 266 km/h), EF4 (267 a 322 km/h) y EF5 (más de 322 km/h).

¿Chile está frente a una nueva realidad?

De acuerdo a los especialistas, este es el cuarto tornado que se registra en Chile en lo que va del año en la zona centro y centro-sur, por lo que ya es la temporada con más eventos de este tipo desde 2019. Otro punto a considerar es que desde 1928 hasta ahora, solo había registro de dos tornados en octubre.

Sobre cómo se originan los tornados, su formación parte del encuentro entre una masa de aire cálido y húmedo en la superficie, con aire frío y seco en altura. “Esto produce una intensa inestabilidad atmosférica. Necesitas aire cálido, característico de los meses de otoño, lo que explica la mayor frecuencia histórica de tornados en esos meses, pero también de la primavera actual, que se ha visto alterada por El Niño“, explicó Sepúlveda.

A este escenario, “se le agregan actores como un cambio fuerte del viento con la altura, que ayuda a formar el embudo característico de una nube tornádica, esto debajo de las nubes cumulonimbus. Lo interesante acá es que el embudo nube tornádica suele formarse horizontalmente primero. Son las perturbaciones del medio y del viento colindante lo que empuja a esta nube tornádica a enderezarse, por decirlo de alguna manera, y tocar el suelo para finalmente formar el tornado en sí”.

Respecto a la frecuencia de tornados en Chile, el experto enfatizó que “hay un aparente incremento en el número de tornados porque hoy es más fácil registrarlos. Gran parte de la gente posee un smartphone con cámara para poder grabar este tipo de eventos, lo que ha facilitado el registro”.

En este marco, Sepúlveda afirmó que el cambio climático está restructurando el escenario y que El Ñino “está ayudando a que tengamos más frentes entrando en la primavera, lo que facilita el encuentro de masas de aire cálido y húmedo en la superficie con masas de aire frío y seco en altura”.

Colegio Tricahue, tras tornado en Requínoa.

Por su parte, Patricio González Colville, agroclimatólogo de la Universidad de Talca, enfatizó que “el cambio climático puede hacer que no solamente haya más recurrencia, sino que los límites se desplacen más al norte, como hemos visto en el caso de Requínoa, que fue un tornado de características mayores”.

“Históricamente los tornados son muy inusuales. Se pensaba que el límite iba del Maule hasta el sur de Chile, ahora estamos viendo que se ha desplazado hacia O’Higgins, por lo cual ninguna región ahora está libre de tener estos tipos de tornados“, agregó.

En tanto, Nicolás Cabargas, académico de la Escuela de Arquitectura UDP, aseveró que “no debiéramos confundir una temporada excepcional con una nueva normalidad. Lo ocurrido este año no permite, por sí solo, afirmar que los tornados serán cada vez más frecuentes ni atribuirlos exclusivamente a El Niño. Pero esa incertidumbre no nos exime de prepararnos: no necesitamos esperar a demostrar una tendencia para comenzar a reducir nuestras vulnerabilidades”.

Cómo se debe preparar Chile ante posibles tornados

Los expertos coinciden en las áreas que nuestro país debería reforzar ante la posibilidad de que se registren nuevos eventos. Llaman a enfocarse en la observación meteorológica, las alertas, preparación de la población y adecuar infraestructura, sacando lecciones de otros países más expuestos, como lo es el caso de Estados Unidos.

Sepúlveda hizo hincapié en que los países con mayor experiencia integran modelos atmosféricos y radares en tierra que detectan nubes tornádicas a cientos de kilómetros, usando algoritmos para proyectar trayectorias y emitir alertas inmediatas por mensaje de texto. En este esquema, los radares resultan “clave” para suplir la baja resolución de los modelos generales y anticipar el fenómeno en tiempo real.

A la par del equipamiento técnico, señaló que se requiere instruir a la población con la misma cultura preventiva que se aplica para los terremotos: educar en no exponerse (como evitar grabar trombas marinas que ingresan a tierra), alejarse de ventanas y estructuras inestables, detener vehículos y no buscar refugio cerca de infraestructura eléctrica.

En este marco, González entregó una serie de recomendaciones sobre qué hacer ante un tornado. “Identificar el refugio. El lugar más seguro es una habitación interior pequeña, sin ventanas y en la planta baja de la construcción. Asegurar el exterior, mantener árboles podados, revisar que los techos estén en buen estado con anclaje”.

“En caso de que el tornado sea inminente, como ocurre en Chile, porque no hay una alerta temprana sobre tornados, si está en el exterior, la recomendación es agacharse, cubrirse la cabeza con los brazos, ojalá protegerse con un colchón o una manta pesada, alejarse de las ventanas y tratar de huir de la trayectoria del tornado”, expresó.

En cuanto a las viviendas y diferentes construcciones que hay en nuestro país, Cabargas enfatizó que “nuestra experiencia de construcción sismorresistente ofrece una base que se debiese aprovechar para identificar sectores robustos y estudiar mejoras focalizadas”, aunque eso no significa que la resistencia a terremotos garantice protección frente a tornados, debido a que son exigencias diferentes.

“Nuestra cultura constructiva, es difícil de conseguir a corto plazo”, aseveró, por lo que se podría comenzar por aspectos concretos: “Revisar la fijación de las techumbres, sus uniones con los muros y la continuidad de los anclajes hasta las fundaciones; son detalles relevantes para mejorar el comportamiento frente al viento. También revisaría los grandes aleros y la sujeción de elementos ornamentales que puedan desprenderse”.

Vista aérea de los vestigios tras el paso del tornado que afectó a la villa Jardín, de la comuna de Requínoa. AGENCIAUNO

“Una medida de rápida implementación es disponer de protecciones prefabricadas para las superficies vidriadas, por ejemplo paneles de terciado dimensionados y con anclajes definidos técnicamente, siguiendo experiencias de protección frente a vientos fuertes. La idea es tener una solución preparada que permita proteger las aberturas permitiendo reducir su rotura y el ingreso del viento, que puede aumentar la presión interior y contribuir al levantamiento de la techumbre, uno de los principales problemas asociados a vientos extremos”, añadió.

Inversión

Frente a estos eventos, Cabargas sostuvo que el país debería invertir en “sistemas más avanzados de identificación, seguimiento y aviso de emergencias meteorológicas”. Eso supone combinar radares Doppler, información satelital, observaciones en superficie y profesionales capaces de interpretar esos datos y apoyar decisiones rápidas.

“No se trata de prometer que podremos anticipar cada tornado, porque incluso los sistemas más desarrollados tienen limitaciones, sino de mejorar nuestra capacidad de reconocer el peligro y actuar oportunamente”, explicó el académico UDP.

Algo en que coincide González, quien advirtió que “Chile está jugando a los dados con el clima y cuando se hace siempre vamos a perder, porque el clima en este momento tiene un potencial muy alto. Lo hemos visto con los aluviones, con las granizadas, con los tornados... Si no estamos preparados tecnológicamente frente a estos fenómenos, el daño va a ser enorme y mientras más nos retrasemos en el monitoreo, en la alerta temprana y en la tecnología, más daño va a ocurrir”.