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Esperando a Rabat: el día en que el oficialismo se quedó sin libreto

La noche del martes, el oficialismo daba por hecho que el ministro de Justicia renunciaba a su cargo. La decisión del Presidente Kast dejó a todo el sector descolocado, y entregó combustible para la puesta en escena de la oposición.

“Esperando a Godot”, del dramaturgo irlandés Samuel Beckett trata de dos vagabundos, Vladimir y Estragón, que aguardan junto a un árbol pelado, en un camino rural, a un tal Godot, con quien supuestamente tienen una cita. Nunca queda claro quién es, para qué lo esperan ni si realmente acordaron verse. Mientras tanto conversan, discuten, se reconcilian, piensan en irse o en ahorcarse, y llenan el tiempo con juegos verbales y rutinas casi de payasos. Al final de cada acto, llega un niño con el mismo mensaje: Godot no vendrá hoy, pero mañana sí. Los protagonistas deciden irse, pero no se mueven.

Con otro paisaje y otros personajes, esa espera se repitió esta semana en el oficialismo.

La noche del martes, en los chats del oficialismo y entre parlamentarios que se cruzaban en los pasillos, se daba por hecho que el ministro de Justicia, Fernando Rabat, dejaría el cargo al día siguiente. La razón era la pérdida de piso político en su propio sector que para entonces hacía insostenible la continuidad del ministro

Sólo un día antes, el lunes, el Presidente José Antonio Kast había reconocido un error del Ejecutivo en las rebajas de condena, pero descartó removerlo: sacar a un ministro, dijo, “puede tranquilizar por unos días, pero no resuelve el problema de fondo”. 

Entre ese día y el martes, sin embargo, las voces de la derecha que pedían al ministro asumir el costo político se multiplicaron. La senadora RN María José Gatica y el senador Rojo Edwards (ind.-RN) pidieron su salida, igual que los diputados Marlene Pérez (ind.-UDI), Omar Sabat (UDI), Eduardo Durán y Claudia Mora (RN). 

Pero el momento no llegó. El miércoles, el vocero Gonzalo Arenas, en una vocería en La Moneda, ratificó que Rabat contaba con la plena confianza del Presidente y dijo que no veía razón para pedir su renuncia. A los parlamentarios que reclamaban orden les respondió que “esto no es un regimiento” y les pidió escuchar con buena fe la exposición del ministro. En el oficialismo, relatan fuentes del sector, la sorpresa fue grande.

Así, Rabat llegó al Congreso esa tarde con una pesada mochila: la de que su propio sector estuviera pidiendo su remoción. En la sesión especial de la Cámara, citada para las 15:00 horas, debía explicar los decretos que rebajaron condenas a 56 sentenciados por delitos sexuales contra menores. 

El ministro no pidió disculpas ni habló de error. Reconoció un vacío en el procedimiento por no escuchar a las víctimas, pero apuntó al gobierno anterior y al Congreso, que en 2022 no fijó una norma transitoria. La sesión estuvo marcada por gritos y carteles, y Rabat se retiró antes del cierre. “No le dio una respuesta a la Cámara”, resumió la jefa de la bancada comunista, Daniela Serrano.

Un par de horas antes, la Cámara aprobó por 68 votos a favor, 42 en contra y siete abstenciones una resolución, no vinculante, que solicita al Presidente la renuncia de Rabat y de los subsecretarios Luis Silva y Pablo Mira. 

Entre quienes la respaldaron estuvieron los diputados Hotuiti Teao y Marlene Pérez, ambos independientes de la UDI. Se abstuvieron los RN Ximena Ossandón, Juan Carlos Beltrán y Francisco Orrego, y los UDI Flor Weisse, Marco Antonio Sulantay y el presidente del partido, Guillermo Ramírez. 

Después de la sesión especial, las bancadas de oposición anunciaron que presentarán una acusación constitucional. Según el bloque, el libelo podría ingresar el martes 3 de noviembre, aunque la fecha no está cerrada. Para aprobarla, en la Cámara se necesitan 78 de 155 votos. Según los cálculos, la oposición parte con unos 62 y busca el resto en el PDG y en los descolgados de Chile Vamos.

Desde ahí, la decisión de Kast de sostener a su ministro fue abriendo grietas por todo el oficialismo. 

El Presidente llamó por teléfono a parlamentarios durante el miércoles para agradecer respaldos y expresar reparos por intervenciones críticas, según confirman en la coalición. 

El jueves, en radio Duna, Arenas sostuvo que la postura del Gobierno seguía siendo respaldar al ministro, pero agregó que esa determinación no era inamovible. Era el mensaje del niño de la obra, en versión chilena: hoy no, mañana veremos. 

A la espera de la renuncia de Rabat, el oficialismo se quiebra

Mientras la espera seguía en La Moneda, en el oficialismo la pugna se desató. 

Republicanos aguantó, pero no pudo disimular su enojo con sus pares de sector luego de que diputados abrieran la puerta a aprobar el libelo acusatorio que buscará remover a Rabat.

La diputada republicana Paz Charpentier pidió, en medio de la sesión especial, que los parlamentarios del sector no abandonaran a Kast, mientras que su compañero de bancada Alejandro Riquelme calificó de “cobardía política tremenda” exigir renuncias públicamente desde las filas oficialistas. 

Rquielme fue más allá y tocó una fibra sensible para Chile Vamos: la abstención de cargos de un Gobierno que no se siente propio.

“Los parlamentarios que hoy exigen renuncias se sacaban fotos con el Presidente José Antonio Kast y llegaban con carpetas llenas de currículums pidiendo cargos para sus partidos. Para pedir puestos están primeros en la fila, pero para defender al Gobierno son los primeros en esconderse”, dijo.

La respuesta fue igual de dura. Los diputados UDI Sulantay, Olavarría y Natalia Romero respondieron en una declaración que la verdadera falta de lealtad sería callar ante los costos de la crisis, tildaron a los republicanos de “imprudentes y mezquinos”, y los emplazaron a transparentar si su intención era proteger al Presidente o conseguir que la UDI salga del Gobierno. “Que lo digan de frente”, cerraron. 

En Chile Vamos la conclusión es clara: la guerrilla interna se habría evitado con la renuncia temprana de Rabat.

La oposición tampoco tiene resuelta su aritmética. El PDG, con 15 diputados, no tiene postura común: su jefe de bancada, Juan Marcelo Valenzuela, descartó personalmente respaldar la acusación, mientras Pamela Jiles ha expresado disposición a ayudar a salvar al ministro. 

Al cierre de esta crónica, Rabat seguía en Justicia, la acusación no había sido ingresada y el Presidente no había dicho una palabra sobre su ministro. 

En la obra, los protagonistas deciden irse y no se mueven. En el oficialismo, la pregunta es quién se moverá primero.

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