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Fortificación de leche y harina con vitamina D proyecta reducir déficit severo a menos del 10% de chilenos

La proyección del Ministerio de Salud responde a una brecha actual que hoy supera el 20% en adultos mayores y llega a más de la mitad de las mujeres en edad reproductiva en regiones como Magallanes.

El Ministerio de Salud proyecta que la fortificación obligatoria de lácteos y harinas con vitamina D, vigente desde junio de 2026, deje a menos del 10% de los chilenos con deficiencia severa del nutriente, frente a cifras actuales que llegan al 21% en adultos mayores y superan el 50% entre las mujeres en edad reproductiva en regiones como Magallanes.

Andrés Bustamante, profesor asistente del Departamento de Nutrición de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile y doctor en Nutrición de los Alimentos, explica que la meta se construye sobre un diagnóstico epidemiológico que la Encuesta Nacional de Salud 2016-2017 ya había documentado: un 16% de las mujeres de 15 a 49 años presenta deficiencia severa, definida como concentraciones bajo los 12 nanogramos por mililitro en sangre.

Para cerrar esa brecha, el decreto interviene dos alimentos de consumo masivo. “Este decreto busca dos grupos de alimentos que son ampliamente consumidos en la población, que son los lácteos y también las harinas de trigo”, señala el Dr. Bustamante, quien es coautor junto a otros investigadores de la U. de Chile de un artículo de revisión sobre la fortificación a través de este tipo de vehículos en diversos países.

Antes de la medida, la principal vía de obtención de vitamina D dependía casi por completo de la exposición solar, ya que las fuentes alimentarias del nutriente –pescados grasos como el salmón, el jurel y el atún, además del huevo– son escasas en la dieta habitual, añade el académico, quien es parte del Comité Científico de Lácteos, una instancia que congrega a especialistas de diversas universidades nacionales.

Cómo se llega a la meta

La fortificación no busca aumentar el consumo de lácteos ni de harinas, sino aprovechar su alcance masivo para llegar a la mayor cantidad posible de personas con una sola intervención. “La fortificación más bien no busca en el fondo incentivar el consumo de un grupo de alimentos, sino que más bien los criterios para fortificar es seleccionar alimentos que sean de consumo masivo en la población”, sostiene Bustamante.

Las dosis varían según el vehículo. La leche líquida se fortifica con 1 µg de vitamina D por cada 100 mililitros, la leche en polvo con 10 microgramos por cada 100 gramos, y la harina de trigo con 2,25 microgramos por cada 100 gramos. La diferencia responde a los límites propios de fortificación de cada alimento, determinados por su composición y su forma de consumo.

Con esas dosis, el Minsal proyecta elevar la ingesta poblacional en 10 microgramos diarios, equivalentes a 400 unidades internacionales, la misma dosis que reciben en gotas los bebés menores de un año.

El proceso de incorporación cambia según el alimento: En la industria láctea, la vitamina D se puede incorporar en la etapa de procesamiento que la planta determine técnicamente viable (usualmente previo a la homogeneización y pasteurización/UHT). Por su parte, la fortificación de las harinas de origen vegetal, se realiza en los molinos junto con el premix habitual de vitaminas y minerales.

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