Después de más de dos décadas de investigación en Chile, la vacuna personalizada contra el cáncer de próstata TAPCells cruza fronteras y llega a Brasil para enfrentar una nueva etapa de evaluación. Desarrollada por científicos de la Universidad de Chile, la terapia será sometida a un ensayo clínico de fase II en el que participarán 140 pacientes con cáncer de próstata.
La propuesta busca utilizar el propio sistema inmune de cada paciente para identificar y atacar las células tumorales.
Para elaborar TAPCells, se obtiene una muestra de sangre y se separan los monocitos, un tipo de glóbulo blanco que luego permanece varios días en un proceso de laboratorio destinado a convertirlos en células capaces de estimular las defensas.
Posteriormente, estas son utilizadas para preparar una terapia personalizada que busca potenciar la respuesta inmunológica frente al tumor.
El proyecto ya ha sido estudiado en Chile. De acuerdo con los antecedentes, alrededor de 350 pacientes con melanoma avanzado han recibido TAPCells durante investigaciones de fase II, mientras que otros 50 pacientes con cáncer de próstata participaron anteriormente en un estudio inicial de fase I.
En esas experiencias se han registrado resultados que los investigadores consideran alentadores, incluyendo pacientes con melanoma que alcanzaron sobrevidas superiores a cinco años. Flavio Salazar, inmunólogo y académico de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, destacó “los resultados obtenidos” en las investigaciones previas.
Ahora, el foco estará puesto en pacientes con cáncer de próstata hormonosensible y de alto riesgo, pero que aún no presenten una enfermedad avanzada. El estudio se desarrollará en el Hospital Albert Einstein de São Paulo y podría transformarse en un punto decisivo para determinar si la terapia tiene posibilidades de avanzar hacia una investigación de mayor escala.
Aunque las expectativas son altas, TAPCells todavía no es un tratamiento disponible para pacientes fuera de los ensayos clínicos. El estudio de fase II permitirá obtener nueva evidencia sobre su efectividad y seguridad y, si los resultados son favorables, podría abrir la puerta a una fase III. De cumplirse posteriormente todas las exigencias científicas y regulatorias, los investigadores estiman que una eventual aprobación podría producirse en un plazo aproximado de tres a cuatro años.