La CPC Biobio representa a los distintos rubros industriales de la región: manufactura, energía, agricultura, pesca y forestal. Con más de 140 socios entre empresas, universidades y gremios, han estado desplegados en terrenos para evaluar los efectos de la catástrofe generada por los incendios forestales.
Su presidente, Álvaro Ananias, conversó con EL DÍNAMO sobre el diagnóstico más inmediato de la situación.
La zona es clave en cuanto a actividad industrial y portuaria, siendo Lirquén el principal puerto de salida de la industria forestal del país.
– ¿Cuál es el diagnóstico preliminar sobre la afectación económica de la zona de Lirquén-Penco?
– Es importante de señalar es que hemos tenido tres grandes olas de incendios: 2017, 2023 y ahora. En los incendios de 2017 y 2023 hablamos de muchísimas más hectáreas afectadas, del orden de las 200 mil hectáreas forestales. Hasta ahora, la medición que tenemos en este incendio es de cerca de 35 mil hectáreas arrasadas. Desde la perspectiva del volumen, es bastante menor que en las ocasiones anteriores, pero lo más doloroso y grave de este incendio, a diferencia de los anteriores, es que ocurrió en zona urbana. Estamos hablando de al menos 550 viviendas quemadas, lo que hace que sea especialmente delicado.
– ¿Qué han levantado desde el punto de vista de la afectación productiva?
– Hicimos un levantamiento con nuestras empresas socias —Puerto Lirquén, Indura, Vidrios Lirquén— y, afortunadamente, no han tenido daños productivos mayores.
– Los más afectados son los trabajadores, DP World habló de 130 trabajadores afectados y dos fallecidos.
– Exactamente. Para que te hagas una idea, Puerto Lirquén es uno de los principales empleadores de la zona y casi toda su gente vive en Lirquén. Hoy, la gran mayoría de esos trabajadores está con problemas importantes. Ese es el impacto más grave. Aún no tenemos el informe definitivo que entregará Corma respecto de hectáreas de producción forestal dañadas, pero sí podemos decir que son de magnitud bastante inferiores a los incendios de hace un par de años. Tampoco tenemos información de plantas industriales o aserraderos afectados, precisamente porque este ha sido un incendio eminentemente urbano.
– ¿Qué tan relevantes son empresas como Puerto Lirquén, Indura o Vidrios Lirquén para la economía regional y nacional?
– Son muy relevantes. Puerto Lirquén fue adquirido hace un par de años por DP World, que es la mayor red de puertos concesionados del mundo. Además, esta compañía también tiene la concesión del Puerto de San Antonio. Para ponerlo en contexto, cerca del 70% de lo que sale por los puertos de la región del Biobío corresponde a productos derivados del sector forestal. La región es la capital forestal de Chile. Es el principal sector económico regional, seguido por el sector pesquero. Hay una gran cantidad de industria que depende de esta actividad, por lo que cualquier interrupción genera efectos en cadena.
– ¿Sería un error pensar que, por tratarse de localidades más pequeñas, la economía regional no se verá afectada?
– Absolutamente. Lirquén, Punta de Parra, Tomé y Penco son zonas costeras, de playa, que viven intensamente del turismo de verano. Con lo ocurrido ahora, lo que viene será muy duro en los próximos años. Lirquén, en particular, quedó prácticamente arrasado. Por eso es fundamental una actuación oportuna del Estado en la reconstrucción. Esto lo conversamos desde las primeras reuniones con el gobernador regional, Sergio Giacaman, y también lo planteamos al Presidente Boric y al presidente electo. Es clave que el proceso sea eficaz, oportuno y rápido. La experiencia reciente de Viña del Mar y Valparaíso genera mucha preocupación por la lentitud de los procesos de reconstrucción.
– ¿Que rol pueden jugar las grandes empresas en la zona de catástrofe?
– El rol principal es del Estado, pero la complementariedad con el sector privado es fundamental. Las empresas hemos puesto a disposición nuestras capacidades productivas, logísticas y humanas No buscamos reemplazar ni interferir con las instituciones públicas, pero sí apoyar la coordinación. Estamos aportando maquinaria, transporte, energía y apoyo directo a los trabajadores afectados. El foco hoy es lo humano: las personas y las comunidades. Hay demasiadas familias afectadas que necesitan ayuda para levantarse.
– ¿Cómo se está organizando ese apoyo?
– Levantamos un comité de crisis el mismo domingo. Tenemos delegados de empresas socias en cada comuna afectada, recopilando información para optimizar las ayudas. Además, estamos coordinados con gremios fuera del Biobío, con Sofofa y con asociaciones regionales de todo Chile. El sector privado se ha puesto a la altura y está respondiendo con responsabilidad.
– ¿Es viable pensar en trasladar a los habitantes a otros sectores más seguros?
– Lo veo poco razonable. Lirquén es Lirquén, Tomé es Tomé, Punta de Parra es Punta de Parra. Son localidades con historia, identidad y una relación directa con el turismo y la actividad portuaria. Más que trasladar comunidades, lo que hay que resolver es el problema de fondo: cómo evitamos que estos incendios sigan ocurriendo. Ahí la prevención, la tecnología, la inteligencia policial y una ley de incendios robusta son clave.
– Finalmente, ¿en qué condiciones está la operación de las principales empresas de la zona hoy?
– Hubo algunos daños en el Puerto Lirquén, pero ya se repuso la energía y están retomando operaciones. Indura, Puerto Lirquén y Vidrios Lirquén están comenzando a operar nuevamente. Es clave no detenerse, porque hoy son la principal fuente de ingreso de muchas familias afectadas.