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Cuidado con Gabriel

La nueva ola de ansiedad protagónica que se ha apoderado del mandatario bien puede describirse apelando a la expresión FoMO. Boric se muestra ansioso, preocupado de perderse de algo al dejar el poder.

Una creciente tensión se ha apoderado del debate presidencial en su recta final. La competitividad de diversos proyectos de derecha, y los dicotómicos perfiles de quienes encabezan las encuestas concurren en parte a explicar el fenómeno. Se dice también que las crisis de seguridad, empleo y migración profundizan demandas ciudadanas que favorecen discursos simples y enérgicos. Aunque verdaderas, estas afirmaciones no explican por si solas la inusitada vehemencia argumental que ha invadido la presidencial. La crispación y el crecimiento de candidaturas como la de Johannes Kaiser responden también de forma importante al rol asumido por el Presidente Boric en el curso de la campaña. Así como al firmar el Acuerdo por la Paz que dio paso al primer proceso constitucional en 2019, o cuando decidió llamar dictadura al gobierno de Maduro sin preguntarle a nadie, el Presidente hoy nuevamente parece decidido a actuar como un rey en la comarca de las izquierdas.

La nueva ola de ansiedad protagónica que se ha apoderado del mandatario bien puede describirse apelando a la expresión fear of missing out (por su sigla en inglés, FoMO). Boric se muestra ansioso, preocupado de perderse de algo al dejar el poder. En el plano internacional, esto lo ha llevado a mostrar una preocupante dismorfia política, una autopercepción desproporcionada de la importancia relativa de su liderazgo personal en el concierto mundial, y una nula comprensión de la autocontención que su cargo le demanda para defender adecuadamente los intereses de Chile. En el plano local, las cosas no han sido diferentes. El Presidente no ha mostrado la más mínima consideración ni por Jeanette Jara ni por el proyecto político que ella y su coalición buscan encabezar. En este sentido, sus reiteradas interpelaciones directas a JAK son una muestra preocupante de lo que a estas alturas merece calificarse como una forma de misoginia política sin precedentes.

Su gobierno, por otra parte, parece empeñado en empujar discusiones sociales complejas tanto en el Congreso como fuera de él, aun a riesgo de perjudicar causas que supuestamente busca defender. Eliminar el copago de la educación superior problematizó la condonación del CAE, la propuesta de legalizar el aborto sin causales ha puesto en entredicho al aborto en tres causales ya vigente, y promover la sala cuna universal sin privados ha dificultado lejos de favorecer el añorado consenso en un proyecto que resulta central en la lucha por la equidad de género.

Pareciera ser tiempo de que la izquierda reflexione. El fallido homenaje de Boric al ex presidente Allende promoviendo la compra de su casa, ¿favoreció o perjudicó su memoria? La atolondrada decisión sobre Punta Peuco que algunos hoy celebran, ¿es una genialidad política del Presidente en campaña que fortalece a la izquierda, o por esta vía acaba por electoralizar y peor aún, trivializar, el debate sobre derechos humanos en perjuicio de esa causa? Y si Kaiser crece en votación, ¿ello favorece a las izquierdas en segunda vuelta, o favorece en realidad la proyección política futura de Boric? Estas y otras preguntas parecen insoslayables para una centroizquierda que busque reflexionar con seriedad sobre el rol que espera jugar en el futuro político de un Chile democrático. La ciudadanía por su parte, ya parece haber empezado a hacerlo.

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