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Chile Day: volver a creer en Chile

Chile Day cumple un rol fundamental. Permite que Chile vuelva a explicar su historia económica, sus desafíos y también sus oportunidades. No es solamente una vitrina para mostrar cifras; es un espacio para reconstruir la confianza. Y en materia de inversión, la confianza lo es todo.

Chile suele mirarse a sí mismo desde sus urgencias internas. La discusión cotidiana, la polarización política, las cifras del mes o el conflicto de la semana muchas veces nos hacen perder perspectiva sobre cómo nos observa el mundo. Por eso encuentros como “Chile Day”, tienen un valor que va mucho más allá de una agenda de reuniones financieras: son una oportunidad para volver a poner a Chile en el mapa global de la inversión, de la estabilidad institucional y de las oportunidades de desarrollo. Una oportunidad que, hay que decirlo, durante demasiado tiempo no supimos aprovechar.

Como expositor y asistente a esta actividad, tuve la oportunidad de conversar con inversionistas, bancos, fondos internacionales, empresarios y analistas que siguen mirando a Chile con interés real. Y eso es importante decirlo con claridad, porque en el debate interno pareciera haberse instalado –con cierta comodidad– la idea de que Chile dejó de importar, que perdió completamente su atractivo o que ya no existe espacio para crecer. La percepción desde afuera es bastante más matizada, y también más esperanzadora. Existe preocupación–legítima y fundada– por la incertidumbre regulatoria, el bajo crecimiento y las señales contradictorias que ha dado la política chilena durante los últimos años. Pero también existe una convicción de que Chile conserva activos muy valiosos: instituciones relativamente sólidas, apertura al mundo, talento humano, recursos estratégicos y una tradición de responsabilidad macroeconómica que el mundo todavía reconoce. El desafío del gobierno del Presidente Kast es precisamente ese: convertir ese reconocimiento en inversión concreta.

En ese contexto, “Chile Day” cumple un rol fundamental. Permite que Chile vuelva a explicar su historia económica, sus desafíos y también sus oportunidades. No es solamente una vitrina para mostrar cifras; es un espacio para reconstruir la confianza. Y en materia de inversión, la confianza lo es todo. Los capitales internacionales compiten entre países que buscan exactamente lo mismo: certeza jurídica, reglas claras, estabilidad política y perspectivas de crecimiento. Nadie invierte miles de millones de dólares únicamente por simpatía histórica. Se invierte donde hay predictibilidad, y esa predictibilidad hay que ganarla con hechos, no con discursos.

Este tipo de encuentros permite algo muy relevante: escuchar cómo nos ven desde afuera, sin los filtros del debate ideológico interno. Y lo que se escucha debería hacernos reflexionar. Mientras el mundo compite agresivamente por atraer inversión en tecnología, energía, minería crítica, infraestructura y data centers, Chile no puede darse el lujo de transmitir dudas permanentes sobre la protección de la inversión privada o sobre la viabilidad de grandes proyectos. Países que hace décadas estaban muy por detrás de nosotros hoy avanzan con rapidez porque entendieron algo que Chile olvidó durante un tiempo: que crecimiento económico y desarrollo social no son conceptos opuestos, sino complementarios.

Hay también un aspecto que no puede soslayarse. Chile necesita reconstruir una narrativa de futuro, y eso implica ser capaces de hacer un diagnóstico honesto del período reciente. Durante demasiado tiempo la discusión pública estuvo marcada por la desconfianza hacia el crecimiento, hacia la empresa y hacia la inversión. Se instaló una retórica que veía en cada proyecto una amenaza y en cada inversionista un adversario. Los resultados están a la vista: bajo crecimiento, menor inversión y una sensación generalizada de estancamiento. La experiencia internacional es categórica: no existe política social sostenible sin crecimiento económico. No hay mejores salarios, más recursos para salud, seguridad o vivienda si un país no genera inversión, empleo y productividad. Recuperar esa convicción es parte del trabajo político que estamos haciendo desde el Senado.

Finalmente, creo que “Chile Day” tiene otro mérito esencial: recordarnos que Chile todavía despierta interés en el mundo. En un escenario internacional complejo, marcado por tensiones geopolíticas, desaceleración económica y competencia global por capitales, nuestro país sigue teniendo una oportunidad enorme. Pero esa oportunidad no está garantizada ni es indefinida. Requiere liderazgo político, acuerdos amplios, reformas concretas y señales inequívocas de estabilidad y seriedad institucional. El gobierno del Presidente Kast ha dado pasos importantes en esa dirección. El mundo sigue dispuesto a mirar a Chile. La pregunta es si nosotros mismos estamos dispuestos a volver a creer en un modelo de crecimiento, modernización y desarrollo que durante décadas permitió reducir pobreza, crear empleos y transformar al país. Yo creo que sí. Y en encuentros como este, esa convicción se renueva.

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Foto del Columnista Javier Macaya Javier Macaya