Secciones
Opinión

Vino v/s THC

Demonizamos con facilidad una copa de vino chileno, pero parecemos mucho menos alertas frente a productos psicoactivos que pueden parecer dulces comunes.

Hace algunos meses comencé a investigar cómo hacer un vino en memoria de mi padre, Marcelo Calderón. No quería que fuera solo una etiqueta bonita ni un gesto familiar. Quería que ese vino llevara el mismo nombre del libro que resume su vida: El último traje. En ese proceso descubrí algo que para muchos viñateros, productores y empresarios del rubro ya es evidente: hacer vino en Chile no es simplemente producir una bebida. Es trabajar con tierra, tiempo, oficio, memoria y una cadena completa de valor que empieza mucho antes de una botella y termina mucho después de una copa.

Por eso me inquieta la ligereza con que hoy se observa la caída del consumo de alcohol entre los jóvenes. A primera vista, la noticia parece positiva. Y en parte lo es. Nadie sensato podría defender el consumo precoz, el exceso ni la irresponsabilidad.

Pero en el camino, me encontré con otra realidad muy distinta a la moderación. Que los jóvenes beban menos no significa necesariamente que estén eligiendo mejor. Puede significar, también, que están desplazando sus consumos hacia espacios menos visibles, menos regulados y bastante más difíciles de fiscalizar. Y es ahí donde entra el THC (sigla para referirse al tetrahidrocannabinol, que es la principal sustancia psicoactiva del cannabis), en todos sus formatos y colores.

La industria del vino chileno enfrenta hoy un cambio cultural profundo. No es solo una preocupación local: el consumo mundial de vino en 2024 se estimó en 214 millones de hectolitros, su nivel más bajo desde 1961. En Chile, pese a la resiliencia exportadora, la presión de fondo es evidente: el vino debe justificar cada vez más su lugar en una cultura que empieza a mirar con sospecha todo lo asociado al alcohol.

El punto no es pedir que los jóvenes beban más vino. Ese sería un argumento pobre. El punto es advertir la asimetría. A una industria formal, trazable y patrimonial se le exige regulación sanitaria, tributaria, laboral, comunicacional y ambiental. Debe responder por su origen, su etiqueta, su composición, su publicidad y su impacto. En cambio, productos como gomitas y otros derivados del THC avanzan muchas veces desde la opacidad, con apariencia inocente, códigos juveniles y una fiscalización que corre desde atrás.

Ahí está la paradoja. Demonizamos con facilidad una copa de vino chileno, pero parecemos mucho menos alertas frente a productos psicoactivos que pueden parecer dulces comunes. La Academia Americana de Pediatría advierte que los comestibles con THC suelen presentarse como gomitas, chocolates u otros dulces, y que sus efectos tardíos pueden llevar a consumir más cantidad de la prevista. En Chile, el ISP ha informado una amplia dispersión en el contenido de THC en muestras decomisadas, con rangos que hacen muy difícil estandarizar una dosis y aumentan el riesgo de intoxicaciones agudas.

Entonces la discusión no debería ser alcohol versus abstinencia. Debería ser cultura versus clandestinidad; trazabilidad versus anonimato; responsabilidad empresarial versus zonas grises. Una cosa es promover moderación, y otra muy distinta es empujar a las nuevas generaciones desde industrias reguladas hacia consumos que circulan sin la misma supervisión ni responsabilidad pública.

La sobriedad juvenil puede ser una buena noticia. La ingenuidad, no. Porque la verdadera pregunta no es por qué los jóvenes beben menos vino, sino por qué aceptamos con tanta pasividad que una cultura productiva, formal y responsable sea reemplazada por productos que avanzan precisamente donde nadie quiere mirar.

Como empresaria, pero también como hija que intenta transformar una memoria familiar en un vino, me preocupa que perdamos la capacidad de distinguir. El vino no es solo alcohol. Es agricultura, empleo regional, exportación, turismo, identidad, innovación y patrimonio. No merece privilegios, pero sí una conversación más sofisticada y que esta sea, ojalá, en torno a una buena copa.

Notas relacionadas







Senador Diego Ibáñez (FA): “Hay una centro derecha social que valora el debate de ideas; con ella estamos dispuestos a construir acuerdos”

Senador Diego Ibáñez (FA): “Hay una centro derecha social que valora el debate de ideas; con ella estamos dispuestos a construir acuerdos”

El senador frenteamplista cuestiona que la megarreforma avance “sin quienes piensan distinto” y llama a RN a no plegarse a las posiciones “libertarias” en economía. De cara al juicio constitucional contra Grau en el Senado, sostiene que existe una conciencia transversal de que la acusación constitucional “se ha mal utilizado” como herramienta política.

Daniel Lillo