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Elegir sin saber: la desigualdad que comienza antes de postular

Durante años, el debate sobre el acceso a la educación superior se ha concentrado en ampliar los beneficios. Ese avance ha sido fundamental, pero resulta insuficiente si quienes podrían recibirlos no comprenden cómo postular o si llegan a esa etapa sin herramientas para decidir qué estudiar.

Al terminar la enseñanza media, miles de jóvenes deben responder casi al mismo tiempo dos preguntas decisivas: qué estudiar y cómo financiarlo. Para algunos, este proceso comienza años antes, con conversaciones familiares, orientación vocacional y acceso a información. Para otros, las respuestas deben aparecer en pocas semanas, entre formularios, fechas, requisitos y alternativas que apenas conocen. Esa diferencia también es desigualdad.

Una encuesta aplicada este año a más de 2.500 estudiantes de IV medio que participan en Futuros Talentos, programa de Fundación por una Carrera presente en establecimientos con altos índices de vulnerabilidad, permite dimensionar esta brecha. El 48% se considera poco o nada informado sobre el proceso de postulación a beneficios estudiantiles estatales. Otro 36% se declara medianamente informado y solo el 16% se considera informado o muy informado.

El problema no consiste en que los jóvenes nunca hayan escuchado hablar de la gratuidad, las becas o los créditos. Muchos manejan ciertos antecedentes. La dificultad aparece cuando deben comprender el proceso completo, reconocer qué beneficio les corresponde, identificar sus requisitos y completar correctamente la postulación. De hecho, el 61% cree que debe postular por separado a cada beneficio del Estado, pese a que el FUAS constituye la principal puerta de entrada a estas alternativas de financiamiento.

Esta falta de claridad convive con otra brecha igual de relevante. Solo el 51,5% de los estudiantes se declara informado respecto de sus intereses y gustos y de cómo estos se relacionan con carreras o empleos. Al mismo tiempo, sus principales preocupaciones son cumplir con los requisitos de acceso, con un 34%, y financiar los estudios, con un 28,5%.

Así se configura una combinación especialmente compleja: jóvenes que deben elegir una trayectoria sin conocer suficientemente sus propias alternativas y que, al mismo tiempo, enfrentan dudas sobre la forma de pagarla. En esas condiciones, una decisión que debería nacer de la reflexión puede quedar determinada por la urgencia, el temor al endeudamiento, la información disponible en el entorno más cercano o la idea equivocada de que estudiar no será posible.

La información existe, pero disponer de ella no garantiza que llegue de manera comprensible y oportuna. Un informe de la Fiscalía Nacional Económica muestra que las visitas al sitio Mi Futuro se concentran en los días previos a la postulación a la educación superior y duran, en promedio, apenas 49 segundos. Es difícil pensar que en ese tiempo un estudiante pueda comparar carreras, instituciones, duración, costos, empleabilidad y otras variables que incidirán durante varios años de su vida.

La orientación vocacional tampoco puede reducirse a una charla cuando faltan pocos días para postular. Debe comenzar durante la enseñanza media y ayudar a que cada joven identifique sus intereses, conozca las distintas trayectorias formativas, comprenda el sistema de financiamiento y anticipe las consecuencias de sus decisiones. Orientar no significa decirle a una persona qué debe estudiar, sino entregarle herramientas para que pueda elegir con mayor libertad.

La evidencia muestra que ese acompañamiento produce resultados. Entre las cohortes que egresaron de enseñanza media entre 2022 y 2024, el 86% de los participantes de Futuros Talentos postuló a beneficios estudiantiles, frente a un 69% a nivel nacional. También presentan una mayor permanencia que un grupo comparable, lo que representa un mejor uso de más de $100 millones anuales en recursos públicos, solo al considerar a los cerca de 3.000 estudiantes de IV medio que participan cada año.

Este antecedente adquiere especial importancia si se considera que, según el Informe de Retención de Primer Año de Pregrado 2025 del Servicio de Información de Educación Superior, el 15,7% de quienes ingresaron en 2024 no registró matrícula en ninguna institución al año siguiente. La deserción responde a múltiples causas, pero una elección poco informada y la falta de claridad sobre el financiamiento pueden debilitar una trayectoria desde antes de su comienzo.

Durante años, el debate sobre el acceso a la educación superior se ha concentrado en ampliar los beneficios. Ese avance ha sido fundamental, pero resulta insuficiente si quienes podrían recibirlos no comprenden cómo postular o si llegan a esa etapa sin herramientas para decidir qué estudiar. No basta con que las oportunidades existan: también deben ser conocidas, comprendidas y utilizadas a tiempo.

La libertad de elegir comienza mucho antes de la postulación. Comienza cuando un joven puede conocer sus opciones, comprender cómo financiarlas y relacionarlas con el proyecto de vida que desea construir.

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