Durante el primer semestre del año, se entregó al Presidente de la República la actualización de la Estrategia Nacional de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación (CTCI). Este es el producto más importante que ciclo tras ciclo genera el Consejo Nacional de CTCI, nacido en 2005, para dotar al país de una mirada de largo plazo que oriente y fortalezca la contribución del conocimiento al desarrollo. Este hito es, ante todo, una acto de Estado.
Durante sus 20 años este Consejo ha consolidado un espacio de reflexión estratégica -uno de los pocos del país-, ofreciendo un marco de comprensión que ha evolucionado desde la premisa de la innovación como clave del crecimiento económico y la competitividad, hacia uno más amplio que entiende la innovación como un fenómeno humano permanente de transformación y adaptación al cambio, y que articulado con la ciencia, la tecnología y el conocimiento, constituyen un pilar fundamental para el desarrollo sostenible.
La historia de esta entidad da cuenta de una capacidad para responder a nuevos contextos, aprovechar oportunidades y materializar lo aprendido. Muchas de sus propuestas fueron adoptadas y adaptadas en años sucesivos, porque los cambios profundos requieren tiempo y también de un espacio donde debatir los temas críticos del desarrollo, proyectarse al futuro y gestar visiones compartidas que se traduzcan en políticas que se mantienen en el tiempo.
Nociones esenciales que constituyen la base del quehacer del Consejo son, entre otras:
La centralidad de un propósito: el desarrollo integral del país. Y desde allí, la pregunta de cómo fortalecer la contribución de la CTCI.
La necesidad de una mirada sistémica y el reconocimiento de la complejidad y la incertidumbre, que ha permitido ir construyendo una mirada integral que abarca las dimensiones social, ambiental y económica, clave del enfoque actual del Consejo.
La mirada de largo plazo, esencial para la reflexión estratégica y crítica también para entender el rol de la CTCI, cuyo avance genera nuevos futuros posibles, pero a la vez se ve afectada por la evolución de los grandes fenómenos de cambio y las sutiles señales de lo emergente.
El desarrollo a partir de lo propio, que ha sido una constante en las recomendaciones del Consejo. Primero reconociendo los sectores económicos basados en recursos naturales y luego ampliando esta mirada hacia las singularidades naturales, culturales y económicas del país, como fuente de creación de valor en un sentido más amplio. Pero también, a partir del talento humano, promoviendo las capacidades locales y aprovechando la riqueza diversa del país.
La necesidad de focalizar, que ha tomado parte importante de la discusión que promueve el Consejo, asumiendo que un país pequeño, diverso y con múltiples desafíos requiere concentrar energía y recursos en torno a una senda común de largo plazo.
El Consejo CTCI fue concebido como un organismo asesor del Presidente de la República, por lo que la Estrategia que elabora constituye un insumo importante para la dirección que cada Presidente quiera dar a su gobierno con mirada de largo plazo. La institucionalidad de éste, concebido como un órgano autónomo y transversal, responde a la necesidad de “blindar” el futuro de los vaivenes del cortoplacismo político.
Hoy vemos que los países logran avanzar son los que comprenden que la ciencia básica, la transferencia tecnológica y la creación de valor son eslabones de una misma cadena bidireccional ininterrumpida, aquellos que no separan la generación de conocimiento de su modelo de desarrollo. Pero estas estrategias no maduran en períodos de cuatro años: exigen políticas de Estado que trascienden administraciones y se consolidan como un patrimonio nacional.
Gobernar el Chile de hoy implica la responsabilidad de ir prefigurando el país de la próxima década. La Estrategia Nacional CTCI es un llamado al liderazgo del ecosistema público, privado y académico para asumir un compromiso compartido. El conocimiento es la nueva infraestructura crítica del país; de nuestra capacidad colectiva para articularlo, financiarlo y transformarlo en valor sistémico dependerá si logramos construir una nación moderna, resiliente y verdaderamente sostenible.