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Registro de Vándalos e Incivilidades: cuáles conductas molestan más a los chilenos y qué tan efectiva es la medida que propone Kast

Conducir por la berma se sitúa como la más rechazada. Aquellas que incorpora el proyecto de ley, a su vez, son las que “generan más daño social y atención”, según plantea un experto en tendencias y complejidad social a EL DÍNAMO.

Fue de los anuncios que se robó la atención durante la primera Cuenta Pública de José Antonio Kast y también una de las medidas que había comprometido durante la campaña presidencial: la creación de un Registro Único de Vándalos que ahora, mediante un proyecto de ley ya firmado por el mandatario, también sancionará las incivilidades.

“Nadie que queme un bus, nadie que destruye lo público merece tener gratuidad en la educación. Es incompatible una buena educación con la destrucción de los bienes públicos. Nadie que destruya lo público merece tener una Pensión Garantizada Universal (PGU), tienen que hacerse de los destrozos que hagan en nuestra patria y por eso digo que la mano va a cambiar”, anunció Kast ayer ante el Congreso.

El proyecto, según han explicado autoridades de Gobierno, no pretende sustituir la condena en caso de comprobarse delitos. “Si una persona golpea a Carabineros o golpea a un funcionario de la salud, va a tener la sanción correspondiente a ese delito. Pero además, determinado por los tribunales, va a poder ser sancionado con la pérdida de algún beneficio del Estado que esté recibiendo“, ejemplificó hoy el ministro de la Sepgres José García Ruminot a T13 Radio.

Además de los delitos, la iniciativa también contemplaría faltas en las que entran las incivilidades, como los rayados en la vía pública, la venta ilegal de alcohol, la destrucción de equipamiento comunitario así como el consumo de drogas y alcohol en la calle.

La medida no tuvo buena acogida en la oposición. El exministro de Seguridad, Luis Cordero, advirtió que “la pérdida de beneficios para siempre puede ser inconstitucional”. El diputado Roberto Celedón (IND-FA) si bien dijo no estar de acuerdo con su implementación, aseveró que “si se insiste en una lista, también deben estar quienes violaron los derechos humanos”. Desde el Partido Socialista abogaron por que el registro incluya a quienes cometan delitos económicos. Esta idea incluso fue planteada por el fiscal nacional, Ángel Valencia.

De todas maneras, lo cierto es que las incivilidades han sido objeto de especial atención, pues sus consecuencias en el entorno, en particular en el ánimo de las personas son importantes. Este factor fue, en parte, lo que motivó la Encuesta sobre Incivilidades 2025 de la consultora Datavoz. Jorge Fábrega, socio director de la empresa en el área de Tendencias Sociales habló con EL DÍNAMO de las conductas que más molestan a los chilenos y cómo se relaciona con el proyecto anunciado por Kast.

Jorge Fábrega, socio director de Datavoz.

“Comunican falta de consideración”

“Existen incivilidades de muy distinto tipo, y probablemente no hay – ni sé si sería factible construir – un catastro completo de todas ellas. Lo que hicimos en Datavoz fue tomar un conjunto de conductas que aparecen con frecuencia en noticias, reportajes y conversaciones cotidianas, y medir cuán aceptables o inaceptables eran para las personas”, parte explicando el Investigador académico del Centro de Investigación en Complejidad Social de la Universidad del Desarrollo.

La edición del año pasado medía cuánto repercutían estas conductas en la población en una escala del 1 al 5, donde el primer indicador era “totalmente inaceptable” y el segundo todo lo contrario. “Dentro de ese conjunto, la conducta más rechazada fue conducir por la berma: un 90% la consideró totalmente inaceptable. Luego apareció poner parlantes con música fuerte en la playa, con un 84%. Después de esas dos, el rechazo bajaba bastante. Por ejemplo, niños corriendo entre las mesas en un restaurante alcanzaba un 39% de ‘totalmente inaceptable’, hablar por teléfono a viva voz, un 28%; comer una empanada en el metro, un 22%; y andar con mochilas u objetos grandes en el transporte público, un 16%”, relata.

“Esa diferencia es interesante, porque muestra que no todas las molestias cotidianas son leídas del mismo modo. En casos como niños corriendo en un restaurante o personas con mochilas grandes en el transporte público, la conducta puede molestar, pero también puede ser entendida: puede haber cansancio, necesidad. En cambio, conducir por la berma o poner música fuerte en la playa se perciben de otra manera. Ahí aparece con más claridad la idea de una acción voluntaria, deliberada, donde alguien obtiene un beneficio o comodidad propia pasando por encima de los demás. Por eso creo que son más rechazadas: no sólo molestan, sino que comunican falta de consideración hacia otros”, detalla el académico.

Las repercusiones

Más allá de la molestia que pueda generar una incivilidad, ésta puede comprometer la percepción del entorno. “La consecuencia principal es que se debilita una expectativa básica de convivencia. Me refiero a la idea de que, en el espacio público, los demás respetarán ciertas reglas mínimas. Cuando esas conductas se vuelven frecuentes o parecen no recibir sanción ni social ni formal, aumenta la sensación de anomia. Cada persona empieza a sentir que ya no se puede tener una expectativa razonable respecto del actuar de otros y, si así son las cosas, la persona se empieza a cuestionar su propio apego a las normas”, resume el investigador.

“En la encuesta de Datavoz 2025 se observó algo relevante a este respecto: muchas personas creen que a ellas les molestan más estas conductas que a su entorno. Es decir, hay una pendiente preocupante allí: si cada uno cree que los demás son más tolerantes frente a la incivilidad, se debilita la presión social informal para corregirla“, añade.

En particular las conductas que sanciona el proyecto de Kast, a juicio de Fábrega, son las que “generan más daño social y atención. Dentro de ese conjunto, probablemente, la percibida como más grave es la destrucción de equipamiento comunitario o público porque implica daño directo a bienes que otros usan”.

“Otros como los rayados se ubican en una zona intermedia puesto que pueden parecer menores visto caso a caso, pero acumulados deterioran la percepción de cuidado y control del entorno. En el caso del consumo de alcohol o drogas en la vía pública, esto suele ser más dependiente del contexto. Probablemente el nivel de rechazo aumenta con el rango etario y la cercanía a zonas donde ello ocurra, no sólo por el potencial rechazo a la conducta sino también por las inseguridades que suelen ir acompañándolas suciedad, oscuridad, ruido y apropiación del espacio”, especifica.

“Sancionar solo sirve si termina fortaleciendo normas que la comunidad comparte”

Pese a que su efecto en el tejido social, sancionarlas no parece ser la bala de plata, a juicio del investigador. “La evidencia internacional sugiere una respuesta que debe ser leída con atención de las autoridades: los enfoques agresivos de “orden” o “tolerancia cero” no muestran la misma efectividad que estrategias orientadas a resolver problemas con participación comunitaria”, sentencia.

“Esto último parece deberse a que cuando la comunidad se reconoce mutuamente en el valor que le dan a lo compartido, generan control social y sanciones efectivas. Esto es importante para la discusión parlamentaria. La sanción puede ayudar si cumple tres condiciones: es cierta, proporcional y comprensible para la comunidad. También ayuda cuando viene acompañada de medidas de reparación del daño. Y si la sanción se percibe como socialmente selectiva el resultado puede ser peor que la situación inicial porque termina germinando sentimientos de exclusión desde los cuales se empiezan a generar ideas para justificar transgredir la la nueva norma”, advierte.

“Sancionar incivilidades funciona si el modo termina fortaleciendo o reforzando normas que la comunidad comparte, pero que no ha sabido o podido ejecutar; en cambio, si se transforma en una sucesión de castigos ejemplares y desproporcionados puede terminar produciendo el mismo problema que las incivilidades que pretende resolver: más desconfianza y deterioro social”, cierra el experto.

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