El Ministerio de Salud decretó alerta sanitaria en las regiones de Atacama y Coquimbo por el paso del sistema frontal que afecta al centro-norte del país, con lo cual habilitó la vacunación masiva contra la hepatitis A en los albergues instalados para la población damnificada.
La ministra de Salud, May Chomali, señaló que la emergencia implicó traslados a albergues, problemas de acceso a agua potable, aislamiento en algunos sectores y dificultades en la distribución de medicamentos, factores que elevan el riesgo sanitario de la población afectada.
Pablo González, investigador del Instituto Milenio en Inmunología e Inmunoterapia (IMII) y profesor titular de la Universidad Católica, junto a Hernán Peñaloza, investigador del mismo instituto y profesor asistente de la UC, entregaron su análisis sobre los riesgos virales asociados a la emergencia y el rol de la vacunación en el control del brote.
“Las vacunas existentes contra el virus de la hepatitis A son altamente protectoras, y no solo son profilácticas, sino que también pueden proteger a las personas post-exposición si se administran tempranamente”, explicó el Dr. González.
El virus de la hepatitis A se transmite por vía fecal-oral, principalmente a través de agua o alimentos contaminados con aguas servidas. El colapso de alcantarillados por crecidas y aluviones facilita la mezcla de aguas potables y servidas, mientras que el hacinamiento en albergues por daños a las viviendas aumenta la exposición a material contaminado, como la comida.
Foco del brote sanitario
A mayor densidad habitacional en los albergues, mayor es la probabilidad de que un número elevado de personas se infecte de forma simultánea por exposición a agua o alimentos comunes contaminados con el virus. La falta de agua potable amplifica ese riesgo, ya que impide el lavado adecuado de manos, alimentos y superficies potencialmente contaminadas.
“El hacinamiento en albergues o en hogares favorece la propagación de virus como la hepatitis A en emergencias sanitarias que impactan el suministro de agua potable, porque a mayor densidad habitacional existe una mayor probabilidad de infección simultánea de un gran número de personas”, sostiene Pablo González.
A diferencia de las infecciones respiratorias –como la influenza, el Covid-19 o el virus respiratorio sincicial–, que se transmiten por gotitas y aerosoles liberados al hablar, toser o estornudar, la hepatitis A se propaga principalmente por el consumo de agua o alimentos contaminados o por contacto cercano con personas infectadas.
La hepatitis A no produce infección crónica y la gran mayoría de las personas infectadas se recupera por completo, precisó el Dr. Peñaloza. En personas con enfermedades hepáticas preexistentes, sin embargo, la infección puede derivar en cuadros graves e incluso insuficiencia hepática aguda, lo que agrega el investigador como justificación de la vacunación preventiva en escenarios de emergencia sanitaria como el actual.