La privatización de Codelco, un indulto general para uniformados condenados por el estallido social y un nuevo proyecto en la agenda valórica son algunos de los frentes en que el Partido Republicano, liderado por Arturo Squella, ha presionado al Gobierno de José Antonio Kast en las últimas semanas.
Mientras La Moneda ha concentrado sus energías en sacar adelante la megarreforma y en contener la emergencia provocada por el sistema frontal, la tienda que Kast fundó en 2019 —y que dejó cuando asumió la Presidencia— ha instalado una agenda propia, no siempre coordinada con el Ejecutivo y que, en más de una ocasión, ha obligado a los ministros a marcar distancia en público.
El caso más reciente es la privatización de Codelco. El senador y presidente de Republicanos planteó a La Tercera que, con la megarreforma prácticamente lista, “lo que debiera venir ahora es la privatización de Codelco o al menos de parte de su propiedad”.
El Gobierno respondió por boca del biministro de Economía y Minería, Daniel Mas, quien descartó cualquier cambio en la propiedad de la estatal y precisó que la administración solo evalúa vender activos “prescindibles” de sus filiales.
Este miércoles, tras el portazo del Ejecutivo, Squella matizó su propuesta y aclaró que “en ningún caso” plantearía que el Estado pierda el control de la cuprífera.
La idea generó controversia al interior del oficialismo. La secretaria general de RN, Katherine Martorell, señaló que la prioridad del Gobierno debe estar en la agenda social. Incluso el presidente del Partido Nacional Libertario (PNL), Johannes Kaiser, condicionó cualquier avance a un ajuste previo de la empresa.
Los otros frentes que republicanos buscan capitalizar
En todo caso, esa no es la única iniciativa en que republicanos presiona a La Moneda. Ante la tardanza de Kast de anunciar indultos, su partido decidió apoyar activamente el proyecto de indulto general para uniformados condenados por delitos vinculados al estallido social de 2019.
Johannes Kaiser, tras acompañar al excapitán de Carabineros Pablo Carvajal a entregarse para cumplir una condena de siete años, dio a conocer la iniciativa que fue formalizada en el Senado por la senadora Vanessa Kaiser (PNL) y el senador Cristián Vial, de la bancada de Republicanos. Es decir, un proyecto conjunto entre ambos partidos desde su origen, al que luego Squella sumó el respaldo formal de toda su colectividad.
Sin embargo, fue el propio Kast quien marcó distancia de esa fórmula y notificó a su bancada parlamentaria que el Ejecutivo revisará “caso a caso” para otorgar indultos.
El tercer frente se sumó esta misma jornada. El diputado Agustín Romero ingresó un proyecto de ley que busca sancionar con las mismas penas que hoy existen para el aborto a quienes vendan o distribuyan de manera ilegal medicamentos abortivos, como el misoprostol. Actualmente esa conducta se persigue solo como infracción sanitaria.
“No podemos aceptar que en Chile existan personas lucrando a través de redes sociales con la venta clandestina de medicamentos destinados a provocar abortos ilegales”, planteó el legislador, integrante de la comisión de Salud de la Cámara.
Este proyecto se suma a otras iniciativas de la misma índole impulsadas en las últimas semanas por el sector, como “Escucha su corazón”, que busca que las mujeres oyeran los latidos del feto antes de un aborto por causales, y que también generó incomodidad dentro del propio oficialismo.
¿Qué hay detrás de la ofensiva?
A diferencia de RN con Sebastián Piñera o el Frente Amplio con Gabriel Boric, la colectividad que fundó Kast, y que hoy ostenta la bancada más grande en la Cámara de Diputados, ha evitado diluir su identidad.
Sus iniciativas, explican en el oficialismo, no sorprenden porque van en la línea de su matriz ideológica histórica. Lo que ha cambiado es que la relativa moderación con que Kast se mostró en la campaña presidencial y su promesa de un “gobierno de emergencia”, enfocado en seguridad y economía, chocan con esa agenda.
Squella, además, atraviesa una posición particular. Fue el hombre de confianza de Kast en la conducción del partido durante los últimos años, pero hoy el círculo personal del mandatario está instalado en La Moneda, mientras el senador ha ido imprimiéndole su propio sello a la colectividad.
El propio Presidente ha intentado recuperar terreno: en julio se reunió con parlamentarios republicanos en Cerro Castillo y le pidió a Squella repostular a la presidencia del partido, en medio de gestiones para incidir más directamente en la tienda que fundó.
A esa ecuación se suma la competencia con el PNL, que se ha erigido como la fuerza a la derecha de Republicanos tras la salida de Kaiser en 2024.
Ambos partidos compiten hoy por la agenda de la derecha más dura, disputa que quedó expuesta cuando Kaiser afirmó tener que su tienda “pone la música” al Gobierno.
Squella no lo desmintió. Dijo ver en esas palabras “un mundo perfecto” y bromeó con “la coincidencia en el gusto de la música” entre ambas colectividades.
Republicanos, en todo caso, no está dispuesto a quedar atrás. Varios de sus frentes —Codelco, el respaldo al indulto, el proyecto de Romero— pueden leerse también como una forma de no cederle terreno al PNL en la carrera por la derecha conservadora.
La arremetida, sin embargo, es un arma de doble filo. También incomoda a La Moneda, desordena al oficialismo —que integran además RN, UDI, Evópoli y el Partido Cristiano de Chile— y obliga al Gobierno a alterar una agenda que buscaba concentrarse en seguridad y empleo.
A eso se agrega un factor adicional de presión: el bloque de derecha suma hoy 76 votos en la Cámara, a dos de la mayoría absoluta, por lo que cualquier fricción interna —ya sea con Republicanos o con el PNL, que aporta 8 votos— puede forzar al Ejecutivo a salir a buscar apoyos en otras bancadas, como la del PDG.