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Michèle Labbé, economista: “No hay protección más grande para el trabajador que un mercado laboral fuerte”

Para la economista de la Universidad San Sebastián, el alto desempleo actual se explica en buena parte por las reformas laborales de la última década. ¿Se puede volver a una tasa de desempleo más sana? “Yo creo que un 6,5% es alcanzable, especialmente si somos capaces de pasar una reforma que flexibilice el mercado laboral”.

El mercado laboral chileno no repunta. La tasa de desocupación llegó a 9,5% en el trimestre móvil mayo-julio, su nivel más alto en cinco años, según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE). El deterioro se produce mientras el Gobierno del Presidente José Antonio Kast avanza en su agenda económica: la Ley de Reconstrucción Nacional ya fue despachada y la reforma al mercado de capitales ingresó con suma urgencia al Congreso el 9 de septiembre.

En conversación con EL DÍNAMO, la economista Michèle Labbé, académica de la Facultad de Economía, Gobierno y Negocios de la Universidad San Sebastián (USS) y cercana al comando económico de José Antonio Kast durante la campaña presidencial, sostiene que la cifra actual es el resultado acumulado de una década de baja inversión y de reformas —el alza del salario mínimo, la Ley de 40 Horas y la Ley Karin, entre otras— que, a su juicio, “rigidizaron” el mercado del trabajo.

La economista también aborda la meta de desempleo de 6,5% fijada por el Gobierno, la reforma al mercado de capitales y las razones por las que, dice, “no hay protección más grande para el trabajador que un mercado laboral fuerte”.

—¿A qué atribuye la cifra de 9,5% de desempleo?

—El 9,5% es fruto de muchos factores. El primero es la baja en el crecimiento económico, que a su vez responde a la baja en la inversión: menos inversión genera menos demanda por empleo. Si uno mira la historia, entre 1985 y 2013 el empleo crecía a una tasa de 3,1% anual. Después de la reforma de Bachelet, cuando la inversión cae de más de 9% a 1,2%, el empleo también reduce su tasa de crecimiento del 3,1% al 1,3%. Hay un factor claro: en la medida en que hay menos inversión, se genera menos empleo. Si la oferta de trabajadores sigue creciendo a la misma tasa mientras la demanda no lo hace, eso empieza a generar, lentamente, un aumento de la tasa de desempleo. Eso es lo que ha sucedido.

—¿Diría que ese es el principal problema estructural que tenemos hoy?

—No es el principal, pero por ahí empieza. Esto pasa en la economía, pero avanza lentamente: de a poco va subiendo la tasa.

—¿Y cuando explota esta situación?

—Donde esto explota es cuando, además de tener bajo crecimiento económico, se rigidiza el mercado laboral a través de las leyes laborales: cómo falla la Dirección del Trabajo, el alza del salario mínimo, la Ley Karin, la Ley de 40 Horas, etcétera. Además de tener poca generación de empleo, se encareció la contratación, y eso hace caer aún más la demanda por trabajadores. Y no hay ningún factor que empuje al alza la oferta de trabajadores —como la migración— que esté compensando eso. Si a todo eso le sumas ahora la inteligencia artificial, estás en un problema serio.

—Menciona la Ley Karin, el alza del salario mínimo y la Ley de 40 Horas como parte de esa rigidización. ¿Diría que esas reformas fueron el principal detonante de que el desempleo saltara de un 7% a un 9,5%?

—Las reformas que se hicieron en el gobierno anterior son calamitosas para el empleo y se les dijo en todos los tonos posibles. Quienes votaron esas leyes sabían que eran reformas riesgosas para el mercado laboral, y por eso no se volvió a hablar de subir el salario mínimo a $750.000 o a un millón, ni de bajar la jornada a 35 o 30 horas.

—¿No había sustento técnico para esas reformas? Porque también fueron respaldadas por una parte del oficialismo actual.

—El problema es que son medidas populistas que sirven para ganar elecciones, pero que deterioran el mercado laboral. Porque no hay salario más digno que el que llega a la casa. Puedes subir el sueldo mínimo un millón de pesos, pero se genera tanto desempleo que la gente no puede llevar ningún salario a su casa, ese es el gran problema de estas reformas.

—Considerando estos elementos, y que la cifra actual ya es la más alta desde la pandemia, ¿cree que estamos en una crisis de empleo?

—Estamos en crisis hace rato, hace mucho rato. Lo que pasa es que esto se mueve lento, son procesos lentos. Hoy estamos viendo los frutos de decisiones que se tomaron previamente. Recién se hizo el primer cambio que ayuda a paliar este problema: la megarreforma. Esa es la primera medida directa y concreta que se realiza para recuperar el empleo en el largo plazo.

—Es una medida de largo plazo; se ha hablado de que sus efectos recién se verán a finales de 2027. ¿Qué se puede hacer ahora?

—Ahora se están entregando subsidios, pero son de corto plazo, no son medidas que puedas mantener en el tiempo. Lo que necesitas es que esto sea autosustentable. Así como estas malas reformas se demoraron en notarse cuando se aplicaron, lo mismo pasa a la inversa: uno no puede pedirle al mercado que cambie automáticamente y empiece a contratar si no ha bajado ni un costo laboral, solo los ha aumentado.

—Se ha hablado de medidas como la flexibilidad horaria, reformar la indemnización por años de servicio o financiar la sala cuna con el seguro. ¿Cree que esas medidas van en la dirección correcta para recuperar competitividad en el empleo?

—Hoy, dado que no puedes bajar los costos laborales que ya tienes, necesitas flexibilizar. El problema es que, apenas hablas de flexibilizar, del otro lado te van a decir que vas a precarizar el empleo.

—¿No es así?

—Lo que pasa es que no hay empleo más precario que el que no existe. Si hoy no se está creando empleo, si le propones a cualquier persona que puede reemplazar a un trabajador por inteligencia artificial, lo va a hacer, porque es caro contratar y es caro despedir. Entonces, ¿de qué precarización estamos hablando?

Hay un concepto que creo que la gente no entiende: no hay protección más grande para el trabajador que un mercado laboral fuerte, que una tasa de desempleo baja.

—¿Pero el empleador no queda desprovisto de oportunidades ante la flexibilización?

—Cuando la tasa de desempleo baja, cuesta mucho conseguir un trabajador: hay que ir a buscarlo a la otra empresa. Y si a mí mi empleador me trata mal, no me gusta lo que me dice, me exige más de lo que quiero o me hace trabajar más horas —no importa cuál sea la ley—, es el trabajador el que termina definiendo las reglas, porque el trabajador es escaso. Cuando el trabajador sobra es porque las leyes son malas y, por lo tanto, nadie contrata. Ahí es cuando las reglas las define el empresario.

—Las conversaciones con el Congreso y el Gobierno no dan señales muy optimistas para septiembre. Existe el temor de que el desempleo siga subiendo y llegue a los dos dígitos. ¿Hacia dónde cree que nos dirigimos y qué es posible hacer en lo que queda de 2026?

—De forma natural las cifras deberían mejorar hacia fin de año, porque el desempleo es estacional. La peor parte es en julio y agosto, y dependiendo del clima, puede que también septiembre. Por eso, para diciembre siempre bajan las tasas. Eso siempre es una buena noticia. El problema es qué va a pasar el próximo año. Si todavía hay gente hablando de que, apenas se llegue al Congreso, se va a volver a subir la tasa de impuestos, ¿quién se va a animar a invertir? Y si no hay inversión, no hay contratación en masa de nuevos trabajadores.

—Los miles de millones de dólares en proyectos que se han destrabado en estos primeros meses de gobierno, con luz verde del Consejo de Ministros, ¿cree que eso puede incidir en el empleo del próximo año?

—Sí, claramente. Los procesos de construcción de los proyectos destrabados deberían empezar a notarse entre seis meses y un año. Lo que está destrabado es la parte medioambiental, pero todavía faltan los permisos sectoriales. Ojalá esos también avancen más rápido. De todas formas, que ya esté destrabado es una buena noticia, porque muestra que hay ganas de invertir.

—¿Los factores externos qué papel juegan?

—Es cierto que tenemos en contra una guerra afuera con costos de energía muy altos. Pero es importante también que los empresarios ya estaban asustados porque pasamos por un proceso constitucional en el que se puso en duda hasta el derecho a propiedad. Hay que ser muy osado para venir a invertir en un país que quiso eliminar el derecho a propiedad, y esa es una señal que a cualquier inversionista le llama la atención.

—El 6,5% de desempleo fue la meta que en algún momento fijó el Gobierno. ¿Le parece una meta realizable considerando que cuando se comprometió esa cifra no estaba tan asentado el problema estructural que tenemos hoy?

—Mira, yo creo que la cifra sí es alcanzable, especialmente si somos capaces de pasar una reforma al mercado laboral que lo flexibilice. Con esa reforma, creo que sí se lograría esa meta. Ahora, la pregunta es si políticamente, sabiendo que no le hace bien a la economía ni a la gente, se seguirán aprobando esas malas leyes de las que hablábamos.

—¿Qué tan relevante ve la reforma al mercado de capitales que el Gobierno envió al Congreso?

—Es muy relevante. Si yo pudiera soñar, diría que falta aprobar la reforma al mercado de capitales, hacer una reforma al mercado laboral que lo flexibilice y, definitivamente, hacer una reforma educacional para volver a los colegios particulares subvencionados y eliminar el estatuto docente y el estatuto administrativo para los trabajadores del sector público.

—Viene el ingreso de la Ley de Presupuesto, considerando que también hay recortes fiscales que cumplir. ¿Es una vía real de activación económica?

—Sí, efectivamente, y es lo que se está tratando de hacer. El problema es que tampoco hay mucha plata. Hoy quisiera poder entregar muchos más subsidios al salario mínimo, porque al final, con este nivel de salario mínimo, los empleadores no contratan; entonces hay que bajarlo, y la única forma de bajarlo es a través de un subsidio.

—Pero el 85% del presupuesto ya está comprometido.

—Claro, y nos dejaron con una deuda fiscal gigantesca. Tampoco hay mucho espacio ahí.

—Va a tener que hacer un poco de magia el ministro Quiroz.

—Yo creo que el ministro Quiroz va a salir sin pelo de esto, porque no es fácil lo que le ha tocado. Lo ha hecho muy bien, ha logrado sortear cosas importantes, pero es muy fácil pedir que se haga magia. El problema es que, si quieres conseguir magia, hay que conseguir un mago.

—Tiene al ministro Poduje y a la ministra de Salud pidiendo aumentos en sus carteras.

—Cosa que, a mi juicio, no corresponde.

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