El temor a perder el empleo o la inestabilidad laboral se perfilan como la segunda preocupación más latente en la vida de los chilenos, desde al menos 2022 según Cadem.
El alza sostenida de este temor amenaza con desplazar a la preocupación por la delincuencia, tal como sucedía en plena pandemia. Y es que la tasa de desocupación actual —9,5%, el equivalente a 981.000 desempleados— es la más alta en cinco años. No se trata de una cifra aislada: Chile suma 43 meses consecutivos con una tasa de desempleo igual o superior al 8%, muy lejos del 7,1% en la que se situaba antes de la pandemia.
En los próximos días, se espera que el Gobierno presente su plan de emergencia laboral, una estrategia que buscaría contener esta cifra mediante una inversión cercana a los $US 200 millones. Entre los cinco ministerios convocados a intervenir en este plan, Vivienda y Obras Públicas serán las carteras encargadas de acelerar los trabajos de infraestructura pública y habitacional, y de esta forma reactivar la creación de empleo.
Pese a que esta es de las iniciativas que, a diferencia de la megarreforma y el proyecto que busca modificar el mercado de capitales, intenta contener la crisis con medidas de corto plazo, no son pocas las voces que advierten que las medidas no son suficientes. En el Congreso, las exigencias son varias: en la oposición piden la cobertura del Subsidio Unificado al Empleo, que el Estado pague las cotizaciones de empleadores para menores de 30 años de forma transitoria y en parte del oficialismo pide rescatar las medidas implementadas por Sebastián Piñera en su segundo paso por La Moneda.
Mientras los actores políticos deciden cuál rumbo tomar, EL DÍNAMO quiso conocer de primera fuente la magnitud de la crisis con a quienes más ha golpeado el desempleo: mujeres, jóvenes profesionales y personas mayores de 50 años, el segmento etario que enfrenta los períodos más prolongados de búsqueda laboral.
Patricia Muñoz (50), costurera ante la competencia del bajo costo
Hace 30 años que soy costurera. Empecé desde abajo, pegando el parche de los calzones y cortando elásticos; después me hicieron probar la máquina y fui aprendiendo a coser pedazos más largos, hasta que pasé a hacer pantalones de buzo y hasta vestidos de novia. En ese tiempo siempre trabajaba con patrones y ganaba el mínimo nomás, con pago semanal. Hasta que hace como 15 años me independicé: junté una plata que tenía guardada, me compré mis máquinas y me fue muy bien.
Trabajaba con un señor que compraba la tela y me la traía cortada; yo compraba los hilos, armaba los polerones y él los vendía al por mayor en el persa y en las ferias. Empezamos probando con 100 polerones a la semana y llegamos a hacer hasta 600. Pero como en el 2010 o 2012 empezaron a llegar los chinos vendiendo lo mismo pero más barato y de peor calidad, y ahí empezó a bajar la cosa.
En la pandemia fue cuando más ganamos plata y más trabajamos. Sin embargo, después volvió a disminuir por la competencia con los talleres de peruanos y bolivianos. Por ejemplo, si a mí me daba para ganar mil pesos por confeccionar un polerón, ellos cobraban 600 pesos. Mi jefe conoció a dos peruanos que arrendaban una pieza con una sola cama, y mientras uno dormía el otro cosía, y después al revés. Así trabajaban de lunes a lunes, todo el día. Lo que a mí me tomaba dos meses de trabajo, ellos lo hacían en una semana. Al final, la persona con la que yo trabajaba se fue a la quiebra porque ya no le compraban a él, y Patronato se llenó de talleres extranjeros que pagan una miseria y te explotan a morir.
Me tuve que reinventar vendiendo cosas como sábanas o calzas, y ahora estoy trabajando afuera de lunes a viernes, pero gano 130.000 pesos semanales, que es menos del mínimo. Más encima trabajo sin contrato. Y justo hoy nos avisaron que trabajamos solo hasta mañana, porque como no hay ventas, no hay plata para comprar tela. Voy a estar una o dos semanas parada y me vengo a la casa sin sueldo, porque ese tiempo no me lo van a pagar. La cosa se paró porque la gente tiene menos plata, está todo muy caro.
Como no me conviene comprar tela y cortarla, mi idea para este tiempo es comprar la ropa ya hecha, como poleras de mujer o de niño, arreglarlas o estamparlas, y hacerme una página para vender por internet. Confío en que se pueda viralizar para poder seguir trabajando.
Cristián (57), ingeniero civil electricista ad portas del desempleo
Mi última pega permanente de planta fue como subgerente de operaciones de transmisión en una conocida empresa generadora de energía, donde estuve ocho años, desde el 2014 hasta el 2022. Ahí me desvincularon porque la empresa vendió todos los activos de transmisión, que era precisamente el área que yo mismo había formado.
Tras la salida estuve un par de meses en unos talleres de reubicación laboral y después me puse a buscar trabajo de lleno. Pero veníamos recién saliendo de la pandemia y el mercado estaba muy lento. Con mi perfil, teniendo 28 años de experiencia y habiendo estado en cargos de subgerencia, la oferta no era muy amplia. Estuve casi un año intentando reubicarme con un contrato indefinido, pero al no dar resultados, decidí meterme de lleno al tema de las consultorías y asesorías independientes.
Ese trabajo como asesor ha sido súper inestable en lo financiero. Tuve una asesoría en el extranjero que me permitió salvarme por un tiempo, pero en general los ingresos son muy fluctuantes. Por ejemplo, en asesorías relacionadas con la valorización de activos de transmisión para la Comisión Nacional de Energía, el tema de los pagos es larguísimo porque dependen de la aprobación gradual de los estudios. He estado en proyectos que llevan dos años en desarrollo y donde he recibido pagos apenas cada seis meses.
Hace un año llegué a un punto crítico porque se había atrasado un proyecto y no estaba recibiendo ingresos. Postulé por LinkedIn y me vine a trabajar a una zona extrema, al sur de Coyhaique, en Puerto Río Tranquilo. Entre como asesor de una inspección fiscal para la parte eléctrica de un proyecto de agua potable rural. Me contrataron prácticamente al tiro porque necesitaban con urgencia a un profesional con más de 20 años de experiencia, y como era en una zona tan alejada no postuló mucha gente. Los ingresos durante este año fueron aceptables, pero este contrato ya termina a fines de mes.
Ahora vuelvo a la misma situación de tener que buscar algo nuevo o esperar a que salgan otras asesorías. La búsqueda está muy difícil, sobre todo para la gente con experiencia. A nosotros en general nos consideran caros; y si uno acepta un sueldo no tan alto, las empresas asumen que te vas a ir penas encuentres algo mejor, así que te ven como un riesgo. Para los próximos meses, mi escenario ideal sería encontrar algo estable, ya sea otra faena que me garantice empleo por dos o tres años o ingresar de planta a una empresa en labores de gestión y coordinación, que es lo más parecido a lo que hacía antes.
Luis Saldaña (24), egresado sin mercado
Luciano Saldaño, titulado de Administración Pública, relata el complejo momento laboral que atraviesa a casi un año de culminar sus estudios. En medio de ello, ha tenido que recurrir a aplicaciones de transportes para generar ingresos, con la esperanza de poder encontrar una oportunidad laboral acorde a su profesión.
Egresé en diciembre del 2025 de la carrera de Administración Pública en la Universidad Academia de Humanismo Cristiano (UAHC). Según lo que comentaba con gente conocida del rubro se tardaba entre seis meses a un año en encontrar trabajo.
Los principales obstáculos para los jóvenes al buscar empleo en mi área radican en las exigencias de los procesos de selección, se requiere una alta cantidad de años de experiencia mínima excluyente que son imposibles de acreditar para un recién egresado, además existe un elevado número de postulantes compitiendo por la misma vacante y se solicita una gran variedad de cursos y certificaciones. En mi caso particular, aunque completé una certificación a través de un programa del Estado, sigo estando en desventaja frente a otros candidatos que sí cumplen con el requisito de experiencia laboral previa.
De hecho, a la fecha he postulado a más de 100 ofertas laborales. Sin embargo, solo en 4 ocasiones he logrado avanzar a la etapa de entrevista.
Esta situación me ha terminado afectando mucho en el día a día. El desgaste emocional es real, da mucha frustración recordar todo el esfuerzo y los años de estudio para terminar enfrentando casi 10 meses sin poder ejercer lo que uno estudió. Precisamente para cuidar mi salud mental y no dejar que este proceso me consuma, tomé la decisión de empezar a acompañarme con una psicóloga.
En medio de ello, he recurrido a Uber para generar mis propios ingresos. Es un rubro que conozco bien, genera ingresos razonables y me permite salir adelante mientras sigo en la búsqueda de un trabajo en mi área.
Nunca me había planteado reconvertirme laboralmente, pero hace un mes surgió la idea de convalidar mis estudios con otra carrera universitaria para ampliar mis oportunidades, y sigue siendo una opción real. Tampoco estuvo en mis planes emprender o tener un negocio propio, pero ante la situación actual he ido formulando algunas ideas. De hecho, hace poco postulé al programa Capital Semilla Modo Empleo de Sercotec, una iniciativa del Gobierno que otorga $3.000.000 a jóvenes desempleados que buscan emprender.
Verónica Palomino (25), de la educación superior a la informalidad
Otro caso es el de Verónica Palomino (25), quien estudió Técnico en Veterinaria. Si bien al culminar su carrera pudo desempeñarse en el área, hace casi un año y medio se encuentra sin un trabajo formal. Mientras continúa buscando una nueva oportunidad, se encuentra atendiendo un negocio de barrio y se dedica a la venta de pasteles, lo que incluso ha hecho que se plantee reconvertirse y estudiar una nueva carrera: Gastronomía/repostería.
Egresé en 2021 de Santo Tomás como técnico veterinario. En mi último trabajo, estuve aproximadamente dos años y mi salida fue igual bastante desmotivante (hace casi un año y medio), ya que fue un despido sin previo aviso. Esto tampoco me permitió tener alguna otra opción de empleo disponible al momento de quedar desempleada.
Los principales problemas han sido la baja empleabilidad que existe, ya que es un área que tiende a estar bastante saturada. Desde que me despidieron he estado buscando trabajo en el área, pero ya van varios meses en los que no he estado buscando activamente, porque actualmente he tenido que trabajar en otras cosas.
He postulado a varias ofertas, cerca de unas 10, pero de todas ellas solo una se ha concretado en una entrevista. Esto afecta bastante, porque con el tiempo uno se va desmotivando al seguir postulando y no recibir respuestas. También ha afectado un poco mi salud mental, principalmente por la incertidumbre de no tener una pega estable y no saber cuándo voy a poder volver a trabajar en lo que estudié.
Por ello, he tenido que recurrir a distintos trabajos para poder generar ingresos, como trabajar en packing, en el campo y en locales. También tuve un pequeño emprendimiento informal de repostería. Incluso he considerado estudiar repostería para poder dedicarme a eso y, a futuro, tener mi propio local. Actualmente estoy trabajando como vendedora en un minimarket.
A raíz de mi situación, dentro de mis posibilidades actuales está volver a estudiar, por ejemplo repostería, para poder emprender y tener a futuro algo más estable. Es una opción que he considerado si la situación laboral en mi área no cambia.
Denisse Carvajal (26), relacionadora pública en el retail
A ellos se suma Denisse Carvajal, relacionadora pública. La joven tampoco ha podido encontrar trabajo de acuerdo a sus estudios y relata que ha tenido que acudir a la venta de diferentes productos. Además, comenta que eta situación no la afecta solamente a ella, ya que describe que sus compañeros de carrera enfrentan un escenario similar, ya que muchos de ellos han tenido que optar por otras opciones, como trabajar en el retail u otras áreas.
Yo salí del colegio el 2018 y comencé a estudiar relaciones públicas al año siguiente. En 2023 egresé y estuve sin poder conseguir trabajo. En ese periodo tuve que recurrir a la venta de dulces y frutos secos, también estuve en una empresa de juegos para niños.
Ese año fue difícil en ese sentido, debido a que estaba en una constante incertidumbre con lo que tiene que ver con el tema del trabajo. Era súper frustrante buscar y buscar y no encontrar nada. A final de cuentas, en el 2025, lo que yo hice fue un magister que me gané gracias a la Municipalidad de Huechuraba. Lo termino y, desde enero hasta agosto, no encontré trabajo. Y buscaba, buscaba y no encontraba. Llegó un momento de frustración donde dije: ya, no voy a buscar nada más.
Actualmente, de mis compañeros de universidad, ninguno ha encontrado trabajo. Tengo una compañera que lleva desde enero de este año también buscando trabajo y no encuentran. Muchas de las personas que estudiaron mi misma carrera hoy en día están trabajando en retail o haciendo cosas que son completamente diferentes a lo que nosotros estudiamos.
Incluso, en algún momento yo igual estuve postulando como vendedora en retail para generar dinero y tampoco podía encontrarlo. No podía conseguir contratos, entrevistas y en varias plataformas, donde la mayoría del tiempo no llaman a la gente.
Entonces desde esa perspectiva está bien difícil. En torno al cómo viví ese periodo, lo defino como un periodo de ansiedad, de frustración, de muchas veces pensar: de qué me sirvió haber estudiado tanto, ya que cuando uno le pone corazón a lo que hace y sale al mundo laboral, y ves que en verdad no hay puertas abiertas para los trabajos, se genera una frustración, se genera incluso una sensación de incertidumbre, tristeza y ansiedad.
Claramente nosotros tenemos que seguir buscando, tenemos que seguir golpeando puertas y no sabemos cómo hacerlo en ese contexto. Yo igual estoy súper informada con el tema de lo que es el trabajo, sé que en estos momentos el nivel de desempleo está muy alto y también sé que quizá hay algunos proyectos y cosas por el estilo que tienen que ver con el trabajo, pero la pregunta es en qué momento se van a abrir puestos de trabajo que nos permitan desarrollarnos en lo que nosotros mismos estudiamos.
He llegado a pensar que es mejor no estudiar nada y aprender alguna cosa X para poder sobrevivir porque siento que realmente en estos momentos en Chile no hay oportunidades.
La sensación que a mi me queda es que faltan puestos de trabajo y le están sobreexigiendo a otras personas. También está el tema de la inteligencia artificial, donde ahora todo lo están automatizando. Nosotros la mayoría del tiempo nos estamos comunicando con bots, nos estamos comunicando con máquinas que muchas veces ni siquiera nos resuelven los problemas que tenemos. Entonces, creo que esa es una de las oportunidades de abrir puestos de trabajo. Y no se están tomando, el empresario no está tomando en cuenta ese tipo de cosas.
Camila (26), psicóloga y hoy reconvertida en artista
Mi nombre es Camila, tengo 26 años y soy del sur de Chile.
Comencé a estudiar en el año 2019. Nada de lo que estaba disponible me llamaba la atención; siempre fui una persona artística. Sin embargo, y como es de esperar, este camino en Chile está seccionado en muchas partes a las cuales no es seguro acceder. Si no tienes estudios o influencias, no te incluyen.
Pero bueno, soy hija única y la primera en la generación de las familias de mis padres en ir a la universidad y egresar de ella. Desconozco si en mi familia extendida hay más profesionales, de mi familia nuclear solo soy yo. Escogí psicología por presión, se esperaba que estudiara algo más tradicional. Sin embargo, desde que comencé tuve claro que atender pacientes, es decir, la psicología clínica, no es lo mío. Hubo varios factores que me impidieron tener trabajo desde antes, pero ejercí de la mejor forma posible y egresé con distinción máxima.
Cuando egresé, comencé a buscar trabajo a los dos meses, mientras mi título estaba siendo procesado. Después de la pandemia y las cosas que pasamos, con mi familia quedamos en una situación económica bastante delicada. Por eso, la posibilidad de especializarme con diplomados o doctorados era algo bastante lejano y opté por cursos y capacitaciones. Cuando terminé de hacer los cursos y mi título llegó, comencé a enviar postulaciones, inicialmente a lo laboral, luego a lo clínico también, a pesar de no gustarme; y después a todo en general.
Nadie me llamó, porque además de postular yo, postulaban otras 200 personas. Incluso lo intenté a través de contactos de mis padres, busqué presencial y me dijeron que lo mandara por digital. Nadie llama, ni siquiera para decirte que no, lo cual te deja con esa sensación de incertidumbre e ilusión que finalmente nunca llega a nada.
Noté que muchas veces las oportunidades para personas sin experiencia estaban en la zona centro, nunca donde yo vivía. ¿Cómo te piden experiencia para todo? Creo que los lugares se ahorran muchos problemas si la persona tiene la experiencia que necesitan. Pero, honestamente, la carrera en este caso está colapsada de personas como yo, sin experiencia laboral previa. Buscamos trabajo para tener experiencia, pero no tenemos experiencia porque no nos dan trabajo.
Fue literalmente por estas mismas fechas que llegó el punto en que me impulsé a hacer algo diferente con mi tiempo libre. Resulta que mi mamá quería algo para decorar la casa y me preguntó si podía hacerlo. Si bien siempre fui artística, mis padres también lo son, cercanos a la música y el arte desde siempre. Pero nunca me habían visto pintar y yo nunca lo había intentado antes.
Mi papá se enfermó y estuvo en el hospital. Luego, cuando salió, mi mamá me compró materiales en el chino. Hice un cuadro siguiendo el video de otro artista en YouTube, resultó bastante bien, comencé a pintar a mis perritos y me dije: «¿Por qué no me hago un TikTok y un Instagram?».
Luego comencé a pintar a mis perritos y me dije: «¿Por qué no me hago un TikTok y un Instagram?». Al inicio fue por diversión, pero en la actualidad trabajo en eso todos los días. La pregunta es: «¿Es estable?». No, no lo es. No podría vivir de ello por el momento; tengo ideas, proyectos. Pero, como soy autodidacta, intento desarrollar nuevas estrategias para pintar más rápido. No solo pinto animales; puedo pintar casi cualquier cosa, menos personas, jaja
Actualmente tengo encargos vendidos hasta noviembre y estoy muy bien con ese ritmo de trabajo. Me contrataron para un puesto de trabajo ayer. El proceso fue igual a todos los demás que ya había hecho; sin embargo, ya un poco aburrida de que nunca me llamen a nada, decidí perder la seriedad y hacer las cosas al lote, como dicen. En la sección de «carta personal» coloqué lo que mi cerebro dijo en ese momento, sin censura: «¡PIDO LA OPORTUNIDAD!». Básicamente rogué por atención. Sorprendentemente, me llamaron y tuve una entrevista ayer en la mañana; hoy me dijeron que sí. En octubre comienzo con mi nuevo trabajo.
Son alrededor de $600.000 pesos al mes, y obviamente es mucho más estable. Con el tema de las pinturas y las ilustraciones, yo al mes podría sacar 100.000 pesos. Muy poco para independizarse al menos acá en Puerto Montt. El arriendo más barato es de arriba de $300.000.
¿Dejaré el arte? No. Mi vocación no está en la carrera universitaria; mi labor en el trabajo será en beneficio de mi trabajo artístico. No quiero dejarlo como un hobby; quiero tener algo estable en el mundo del arte. Quizás en el futuro, cuando logre ahorrar lo suficiente, estudiaré arte como algo formal.
Simplemente creo que en la actualidad está muy forzado el hecho de tener la vida resuelta a los 23 años. Nadie lo tiene; quizás muchas generaciones anteriores dirían que sí. Pero no es comparable: son tiempos diferentes, contextos diferentes. Ambos son igual de válidos. Hoy tengo 26 años y creo que vivo en un privilegio que otros chicos no tienen. Vivo con mis padres, tengo espacio y tiempo para dedicarme al arte que me gusta. Mis padres en la actualidad me apoyan y los veo todos los días porque trabajamos en el mismo espacio. No negaré esas facilidades. Pero aun así, la frustración de no poder aportar porque dediqué esfuerzo a terminar una carrera universitaria está ahí. Solo me llevó un año conseguir trabajo; hay personas que llevan más que yo. También tienen que reinventarse, buscar soluciones y nuevas formas de avanzar
Ignacio Catalán (33), exmilitar, técnico nivel superior en automatización y hoy tatuador
Entré súper joven a la Armada en el 2011, cuando iba en tercero medio, así que tuve que terminar la enseñanza media ahí. Hice cursos SENCE de soldadura y después postulé a las escuelas matrices de la Armada y del Ejército. Me fui al Ejército de Chile y estuve dos años internado en Santiago estudiando para mecánico en vehículos militares. En total estuve ocho años en las instituciones: dos en la Armada y seis en el Ejército.
Me salí del Ejército porque a mi papá le dio cáncer y no me quisieron dar el traslado; preferí retirarme voluntariamente. Al tiro me puse a estudiar Automatización en INACAP en el 2019. Como el título técnico del Ejército no estaba convalidado por el Estado, por ese lado menos mal pude estudiar con gratuidad. Quería buscar algo más tecnológico e innovador, una carrera que estuviera pegando harto en el ámbito laboral.
A mitad de la carrera entré a Huachipato. Empecé en trabajos más esforzados, pero me destaqué entre mis pares y pasé a planta en un puesto de automatización y control de flujo, 100% de lo que había estudiado. Ahí ya estaba agarrando viento, proyectándome, pensando en sacar la Ingeniería para seguir subiendo el sueldo. Pero ya se sabía que la empresa iba a cerrar. Mis colegas decían que si tenían que irse al norte lo iban a hacer, pero irme al norte no estaba en mis planes. Como no tengo hijos, la llevé un poco más relajado, aunque hay gente que lo ha pasado terrible con el cierre.
Un mes antes de que cerrara la empresa, me conseguí un contacto de un bróker y saqué dos departamentos con pie cero. Uno lo tiré a Airbnb para arriendos diarios y el otro lo implementé como estudio de tatuajes. El dibujo y los retratos a lápiz siempre han sido mi fuerte desde chico, el realismo me apasiona. Un compañero del liceo me pasó un curso que enseña a traspasar la técnica del realismo en papel al tatuaje, y con eso me fui capacitando.
El tema de Airbnb me sirvió un tiempo, pero entre abril y septiembre no se arrienda casi nada, no hay ingresos y se acumulan las deudas y los dividendos. Por eso, desde marzo de este año pesqué de lleno el tatuaje. Estoy todos los días en esto, practicando en piel sintética y viendo seminarios. Es un proceso duro y a veces frustrante, porque el realismo en piel requiere mucha técnica y cuesta vivir de esto de la noche a la mañana. Hoy justamente tenía una entrevista laboral para una contratista en automatización, y con mi pareja igual conversamos la opción de sacar la Ingeniería por un tema de seguridad. Pero si es por mí, yo me voy de lleno con los tatuajes.