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Osvaldo Andrade (PS), exministro del Trabajo: “Pensar que el sector privado va a resolver el problema del desempleo es una locura”

El exministro del Trabajo Osvaldo Andrade (PS) plantea que el problema del empleo pasa más por la productividad que por los costos laborales y, aunque mantiene su escepticismo, llama a ver el plan del Gobierno “con generosidad” y sin “negarse a priori”.

“Hay que preocuparse del dato, más que de la calificación de la situación”. Así responde Osvaldo Andrade (PS) cuando se le pregunta si Chile enfrenta una crisis de empleo. Se trata, asegura, de un debate que “no tiene mucha importancia”. Para él lo relevante es “qué hay que hacer”.

La conversación de EL DÍNAMO con el ex ministro del Trabajo socialista se da en un contexto complejo: la tasa de desocupación fue de 9,5% en el trimestre mayo-julio y el Gobierno prepara un plan de emergencia laboral. 

Andrade, quien en agosto expuso ante la comisión de Trabajo del Senado por el proyecto de contrato por horas, valora que el Ejecutivo canalice esfuerzos hacia obras públicas y vivienda, pero pone en duda que la rebaja de impuestos se traduzca de forma automática en más empleo.

Además, sostiene que la flexibilidad de las jornadas —entre otras medidas que se han propuesto para abaratar el costo del empleo— debe acordarse con los sindicatos y cuestiona la coordinación dentro del gabinete; particularmente entre los ministros Quiroz (Hacienda) y Rau (Trabajo).

—¿Estamos en una crisis del empleo?

—Es que a mí me parece que esa es una discusión que no tiene mucha importancia. Porque hay que preocuparse del dato, más que de la calificación de la situación. Porque, sin lugar a dudas, tenemos un problema serio.

—Entender bien la situación ayudaría a tomar mejores decisiones, ¿o no?

—¿Sabe lo que pasa? Para este Gobierno todo era una crisis. Y lo que hemos conocido son solo improvisaciones ante la crisis, como por ejemplo lo que pasa con la crisis de seguridad.

Entonces, cuando uno habla en serio de que hay una crisis, para eso hay una preparación. No se llega a improvisar, ¿me entiende? Porque los datos de la situación del empleo son conocidos desde hace tiempo. Nadie se puede sorprender. Entonces, que ahora me digan que es una crisis y que, en consecuencia, ahora hay que tomar medidas ante la crisis, creo que es una frivolidad. 

—Habiendo hecho el punto, si no es en el calificativo, ¿donde debe estar puesta la atención?

—Este es un problema que hay que enfrentar, más que empezar a calificar. Por eso creo que si fuese una crisis de esa envergadura, ya deberíamos haber tenido hace rato un plan de empleo desde el inicio del Gobierno. Ese es el punto.

—¿El Gobierno no supo ver a tiempo esta situación?

—Por supuesto que no, porque si lo hubiera sabido ver a tiempo, el primer día tendríamos un plan. Es lo mismo que en seguridad. Era una crisis, una situación tremenda; ganó las elecciones con esta crisis de seguridad, y ocurre que a los 60 días recién teníamos un primer plan, con un cambio de ministro. Entonces, esto es una frivolidad de parte del Gobierno. 

—El Gobierno apunta a enfrentar la situación a través del ingreso de la Ley de Presupuestos. ¿Es un buen punto de partida?

—Yo creo que ese tipo de medidas están bien orientadas: las medidas que importan un esfuerzo de los entes públicos para enfrentar los problemas de desempleo. Porque pensar que el sector privado va a resolver el problema del desempleo en Chile es una locura, es una tontería. Los privados no están preocupados del empleo. Los privados están preocupados de desarrollar sus proyectos, y para desarrollar sus proyectos necesitan contratar gente. Pero su preocupación es el proyecto, no el empleo. Entonces, son los entes públicos, el Estados, el Gobierno, es el que tiene que atajar la situación. 

—Usted habla de esfuerzos bien orientados. ¿Para usted la megarreforma también es un esfuerzo bien orientado? 

—Es que ahí hay una duda. Y la duda la expresa el propio ministro Quiroz cuando fue requerido respecto de si bajar impuestos y mejorar las posibilidades de inversión traía como consecuencia mejorar aspectos de empleo, él mismo puso en duda. Dijo, con una franqueza que hay que reconocerle, que no es lineal Y yo creo que tiene razón.

—Pero había que partir por reactivar la economía, ¿no?

—Es que si mejora la alternativa de inversión por la vía de rebajar impuestos, le hago la siguiente consulta: ¿quién garantiza que esas inversiones van a ir destinadas a proyectos que impliquen mejor calidad de empleo? Se requiere un esfuerzo adicional. Los esfuerzos que yo conozco de inversión, vinculados con empleo, son inversiones que, al momento de decidir la inversión, ya tienen comprometido empleo. Entonces, yo creo que se requieren otro tipo de esfuerzos.

—¿Cómo cuáles?

—Un esfuerzo adicional de recursos estatales. Por eso es contradictoria la posición del Gobierno. Porque el Gobierno dice, ante esta situación crítica, que tenemos que hacer un esfuerzo en obras públicas, pero al mismo tiempo rebaja su ingreso. Entonces, esto es muy raro. Yo tengo que gastar más en obras públicas para promover empleo, como dice el Gobierno, pero al mismo tiempo estoy evitando juntar plata para gastar más.

—En esta ecuación también se ha puesto en cuestión el alza del costo del empleo…

—Es que yo también pongo en duda esa afirmación automática. Primero, una afirmación general: todo el mundo dice que las 40 horas son una buena idea. Que la mejoría del salario mínimo es una buena idea. Que el aporte empresarial a las pensiones es una buena idea. Pero que, sumadas estas cosas, son una mala idea…

—Lo dijo el mismo Banco Central.

—Ellos presentaron algo, pero hay que comprender algo más allá. Porque se habla de las 40 horas, pero yo cuando fui ministro hicimos una encuesta muy interesante sobre el tema de las pymes. El cuarto problema de las pymes era el tema del costo laboral. Los tres primeros problemas eran el acceso al crédito; la liquidez; y la relación depredadora que tenían las grandes empresas con las pymes, que les pagaban cuando querían, en las condiciones que querían. Esos eran sus problemas. No eran los temas de los costos laborales. 

—Pero desde ese punto hasta ahora se han sumada varias cosas, y en un periodo acotado.

—Mire, esto lo he dicho tantas veces y ya es majadero. Cuando se hizo en Chile, durante el gobierno del presidente Lagos, el seguro de cesantía, se dijo que esto iba a impactar fuertemente en el empleo porque aumentaban los costos laborales. Y nada de eso sucedió.

—Claro, pero ahora están las 40 horas, el alza anual del sueldo mínimo, la reforma de pensiones y viene en camino la Sala Cuna…

—Le doy otro ejemplo. Cuando se hizo la reforma al sistema de pensiones durante el gobierno de la presidenta Bachelet, se estableció que el costo del seguro e iba a ser de costo empresarial. Se dijo lo mismo: esto va a afectar los costos laborales. Nada de eso sucedió. ¿Sabe por qué nada de eso sucede? Porque por el sistema de remuneraciones que tenemos en Chile, finalmente todas estas cosas terminan siendo pagadas con las remuneraciones de los trabajadores.

—En la reforma de pensiones los puntos de cotización extra fueron con cargo al empleador.

—Pero le vuelvo a decir: en el caso del seguro de cesantía, se agregó algo más de un punto. ¿Por qué entonces si ahora no? 

—Quizás porque puede haber un cúmulo de políticas públicas que han agregado, durante los últimos 20 años, una batería de costos a la empleabilidad.

—Entonces yo le sugiero otro camino. El gran problema que tenemos no es entonces de costo, es un problema de productividad, ¿cierto?

—O del crecimiento, ¿no?

—Perdón, productividad. Y claro, para que haya productividad tiene que haber más cosas. Entre ellas, crecimiento. 

—¿Y la productividad no se ve afectada por las rigideces del empleo?

—Depende de la organización de la empresa. ¿Y de qué depende la organización de la empresa? De los trabajadores, del empleador. Y si el empleador quiere capturar a los trabajadores para que se incorporen esa lógica, en una dinámica de mejora de productividad, haga una cosa muy simple: que los trabajadores entiendan que si a la empresa le va bien, a ellos también les va a ir bien.

—Hoy desde el sector privado se reclama inflexibilidad en las normas laborales. ¿No hay algo de eso en el problema del dinamismo del mercado laboral?

—Tengo dudas respecto de que sea tan inflexible el sistema chileno. En Chile a una persona la pueden despedir porque se le antojó al empleador. Claro, tiene un costo, pero lo puedo echar. O sea, la famosa inamovilidad, la estabilidad del empleo, que es un principio que a todos nos debería importar, en Chile no existe. Es caro despedir, pero es caro para algunos, no para todos.

—¿Entonces cuál es el problema de la movilidad?

—Si el problema en teoría fueran las rigideces yo le propongo un camino: que todas las adaptabilidades necesarias para mejorar la producción se acuerden con los trabajadores, no sólo la indemnización.

—El Gobierno propone reformar la indemnización por años de servicio. ¿Qué le parece esa fórmula para solucionar las rigideces que hablamos?

—Lo que pretende el Gobierno es que estas mismas rigideces se resuelvan desde la mano unívoca del empleador. Y que el trabajador siempre tenga que adherirse. Y eso no es un buen sistema. Aquí se habla mucho de las experiencias internacionales, de los países de la OCDE. En los países de la OCDE hay mucha flexibilidad. Sí, señor, hay mucha. 

—Y esas soluciones que usted presenta, ¿cree que están hoy en el plano de la discusión? Porque quizá lo que uno escucha de la izquierda, del progresismo, es solo oposición al Gobierno y pocas propuestas.

—Hay propuestas al respecto.

—En el Congreso no se escuchan muchas.

—A mí me tocó ir a exponer sobre el tema, sin ir más lejos. Me invitaron a la Comisión de Trabajo del Senado respecto del proyecto del contrato por hora, y fui a plantear un punto de vista. Fui con nueve propuestas. Nueve o diez. Las dejé por escrito. Y creo que es interesante lo que dijo el subsecretario del Trabajo ayer en la prensa: que había escuchado la opinión de muchas personas en el Parlamento y que, efectivamente, en el tema de la mensualización de la jornada, a propósito del proyecto de las 40 horas, se involucrarán los sindicatos. Y eso salió de nuestras propuestas.

—¿Pero como sector político más que su participación particular en la discusión?

—Hay algunos que son no porque no. Estoy de acuerdo. Es la lógica del Partido Republicano que se quejaba de todo. Yo creo que eso no conduce, no ayuda. Tengo que contar con ejemplos personales. Al Senado le hice un planteamiento. Le vuelvo a decir, con diez propuestas. Algunas de ellas, bien novedosas.

—¿Y cómo percibe la recepción del Gobierno a esas propuestas?

—Lo que pasa es que este Gobierno está apresado por su dogma. Tiene poca movilidad. Y mire qué paradoja: dicen que en estas cosas la rigidez lo impide y no hay nada más rígido que el propio Gobierno. Por eso vuelva a plantear a los señores del Gobierno, toda la adaptabilidad que se crea necesaria, toda, debe ser con acuerdo del sindicato. 

—¿Ve margen para eso?

—Lo que pasa es que el Gobierno es antisindical. Por eso me sorprendieron gratamente las expresiones del subsecretario ayer en la prensa, que involucraron a los sindicatos, porque hay un actor que estaba fuera. El Gobierno tiene muchos prejuicios. No digo que en el mundo del sindicalismo no haya también prejuicios respecto a los empleadores. Algunos con bastante razón, porque las atrocidades que han cometido, los abusos, son palmarios. Pero también dejemos de lado esos prejuicios. 

—¿Y el rol del ministro Rau, cómo lo ve? ¿Lo ve empoderado? 

—Ese es un problema que veo. La mejor demostración es la controversia que surgió respecto a la meta en empleo que dijo el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz. Rau lo contradijo y a la semana siguiente alguien le explicó y tuvo que volver atrás. Ese es el problema. Necesita un ministro que tenga mayor identidad. Es complejo decirlo, porque yo fui ministro del Trabajo y para todo el mundo es conocida la controversia que hubo en la época con el entonces ministro de Hacienda. Pero éramos parte de un mismo gobierno y resolvíamos los problemas conversando. Aquí hay una imposición.

—Más allá de la controversia entre los ministros, ¿ve realista la meta del 6%?

—Depende de muchos factores, incluso algunos que son exógenos.

—¿Qué factores dependen del país?

—Depende mucho de la voluntad que haya de dialogar para encontrar soluciones. Esto no se resuelve con un superpoderoso que va a indicarle al resto lo que tiene que hacer. Esto requiere mucha conversación, mucho diálogo. La experiencia chilena en estas cosas ha demostrado que con diálogo se encuentran soluciones. Este Gobierno no lo entiende. Y yo creo que ese es el gran cuello de botella.

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