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Mucho antes del primer partido

La conexión más profunda entre un Mundial y el espíritu emprendedor es que ambos comienzan mucho antes del primer partido o el primer cliente. Esto empieza cuando un grupo de personas decide creer en un objetivo que todavía parece lejano y existe una visión compartida capaz de movilizar talento, esfuerzo y perseverancia.

Durante las últimas semanas, el Mundial de Fútbol ha logrado reunir a muchos en torno a una misma conversación. Más allá de los resultados y de lo que pase en la Final del 19 de julio, ha sido emocionante ver a las selecciones de Curazao, Cabo Verde o Egipto -prácticamente desconocidas en esta parte del mundo- y cómo han conquistado la admiración de miles de personas gracias a su entrega, trabajo colectivo y capacidad de sorprender. Y cada cuatro años, los Mundiales siempre terminan hablándonos de mucho más que fútbol.

Además de disfrutar del deporte, lo que ha pasado hasta ahora nos ha dejado varias lecciones que tienen relación con el emprendimiento, el espíritu emprendedor y el trabajo colectivo. La primera es darnos cuenta del trabajo de largo plazo que hay detrás. Los 90 minutos de partido que vemos en pantalla son la punta del iceberg tras años de preparación, aprendizaje, derrotas y ajustes. Lo mismo ocurre con quienes deciden emprender. Muchas veces admiramos el éxito sin alcanzar a ver el largo camino recorrido, o las veces que hubo que cambiar de rumbo o empezar de nuevo. Los grandes resultados muy rara vez son improvisados.

La segunda lección tiene que ver con el poder del equipo. En cada Mundial aparecen selecciones repletas de figuras que quedan eliminadas antes de lo esperado, mientras otras, con menos nombres conocidos, avanzan gracias al trabajo colectivo. En el mundo emprendedor ocurre exactamente lo mismo. No siempre triunfa quien tiene más recursos o mayor experiencia, sino quien ejecuta mejor, aprende más rápido, escucha a sus clientes y construye equipos capaces de complementarse. En el deporte y el emprendimiento, la colaboración sigue siendo una de las mayores ventajas competitivas.

También está la capacidad de adaptarse. En el fútbol, ningún entrenador prepara un plan de juego estandarizado, porque si el rival cambia, el esquema también debe hacerlo, o si aparece alguien con una lesión, otro jugador toma protagonismo. Los emprendedores viven esa realidad todos los días cuando los mercados evolucionan, las tecnologías avanzan y las necesidades de las personas cambian constantemente. Aferrarse al plan original puede ser cómodo, pero pocas veces conduce al crecimiento; e innovar implica tener la humildad para corregir el rumbo cuando es necesario.

Hay otra similitud entre ambos que muchas veces pasa inadvertida: la presión. Un Mundial concentra la atención de millones de personas y obliga a tomar decisiones difíciles en cuestión de segundos.

Emprender también implica convivir con la incertidumbre, asumir riesgos y avanzar sin tener todas las respuestas. La diferencia nunca ha estado en eliminar la incertidumbre, sino en desarrollar la capacidad de actuar a pesar de ella.

Y en los últimos años se ha sumado un elemento adicional que atraviesa tanto al deporte como al emprendimiento. Hablo de la innovación y del uso de datos, con inteligencia artificial, sensores y análisis predictivos para optimizar cada decisión deportiva. Las empresas viven una transformación similar, y si algo hemos aprendido en la práctica es que la tecnología, por sí sola, no gana partidos ni construye organizaciones exitosas. Son las personas quienes interpretan la información, toman decisiones y convierten esas herramientas en una ventaja real.

La conexión más profunda entre un Mundial y el espíritu emprendedor es que ambos comienzan mucho antes del primer partido o el primer cliente. Esto empieza cuando un grupo de personas decide creer en un objetivo que todavía parece lejano y existe una visión compartida capaz de movilizar talento, esfuerzo y perseverancia, incluso cuando el marcador no acompaña. Tanto en el deporte como en el emprendimiento, los logros más importantes no pertenecen a quienes nunca pierden, sino a quienes aprenden, se adaptan y vuelven a intentarlo. Creo que ahí se demuestra el verdadero espíritu emprendedor, en la convicción de que siempre es posible construir algo mejor, especialmente cuando nadie lo espera.

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La conexión más profunda entre un Mundial y el espíritu emprendedor es que ambos comienzan mucho antes del primer partido o el primer cliente. Esto empieza cuando un grupo de personas decide creer en un objetivo que todavía parece lejano y existe una visión compartida capaz de movilizar talento, esfuerzo y perseverancia.

Foto del Columnista Alejandra Mustakis Alejandra Mustakis