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Diputado Ricardo Neumann (UDI): “A Alessandri lo tiene que acompañar en la secretaría general alguien de la generación posterior al 4S”

En entrevista con EL DÍNAMO, el diputado UDI hace su balance de los primeros seis meses del Gobierno de Kast, y apunta a la necesidad de que Longueira baje su candidatura a la secretaría general del partido para dar paso a alguien de la nueva generación gremialista.

El diputado Ricardo Neumann propone tres nombres para la secretaría general de la UDI: Constanza Hube, Eduardo Cretton o él mismo. Los tres comparten como característica haber integrado la Convención Constitucional y ser parte de la nueva generación del gremialismo, atributos que —para el parlamentario— son indispensables para proyectar el futuro del partido fundado por Jaime Guzmán.

La propuesta de Neumann se da en el contexto de la creciente presión para que Pablo Longueira baje su candidatura y deje el camino libre para que Jorge Alessandri busque otro compañero de fórmula y así evitar la competencia en la elección interna. 

En conversación con EL DÍNAMO, el diputado realiza su balance de los primeros seis meses del Gobierno del Presidente Kast. Aunque lo evalúa positivamente, advierte que ya es hora de mostrar resultados. 

—El pasado viernes se cumplieron seis meses desde que el presidente Kast asumió la Presidencia. ¿Es un tiempo prudente para abordar la gestión del Gobierno tal como es y dejar atrás el relato de lo que se heredó de la administración anterior?

—Sí, efectivamente. Después de seis meses uno puede decir que el relato de la instalación pasa a segundo plano y ahora viene el relato de los resultados. Pero creo importante hacer el contraste entre lo que han sido los primeros seis meses del Gobierno del presidente Kast y los primeros seis meses del gobierno de Gabriel Boric. Mientras la agenda legislativa de Boric estuvo subordinada a la aprobación del borrador de la Convención Constitucional —y prácticamente no avanzó—, el Gobierno de Kast ha tenido avances legislativos muy potentes, partiendo por la aprobación de la megarreforma.

—Los hitos legislativos conviven con desaciertos comunicacionales y los cambios de gabinete. ¿Cuál sería entonces su balance de estos primeros meses de la administración?

—El balance es positivo, pese a las dificultades de un gobierno al que le tocó asumir el Estado de Chile con una inercia de estancamiento que no viene solo del gobierno de Gabriel Boric, sino de las reformas de Michelle Bachelet. Los índices de seguridad han mejorado y la agenda legislativa ha avanzado. Ahora bien, el período de instalación no fue perfecto, pero destaco que a pesar de las dificultades el Gobierno ha tenido la capacidad de no esconder esos problemas debajo de la alfombra, sino de tomar medidas correctivas inmediatas. 

—Si hubiese que ponerle una nota al Gobierno, ¿cuál sería?

—Yo le diría que es un Gobierno con una instalación entre 5,5 y 6. 

—En la Cadem la nota fue de 3,4. ¿Qué pasa ahí?

—Creo que se explica porque ha habido una actividad potente en el avance del programa de gobierno y en el avance legislativo, pero esa actividad, sobre todo en materia económica y laboral, todavía no se percibe de manera concreta en el día a día de los chilenos. Eso es natural, porque en estos primeros seis meses el Gobierno ha estado sembrando condiciones de reactivación, pero para cosechar esa siembra hay que esperar un tiempo razonable. Ese es el gran desafío.

—¿Cuánto puede aguantar el Gobierno, y también cuánto puede aguantar la gente, esperando ese resultado? 

—Las familias chilenas pueden entender que, después de más de diez años de estancamiento, el cambio de gobierno y el cambio de orientación política que trae José Antonio Kast no va a producir efectos directos de la noche a la mañana. Existe un tiempo entre la siembra y la cosecha. 

—¿Qué se hace en ese periodo esperando la “cosecha”?

—Entendiendo que la solución de fondo a los problemas que vive Chile tiene que ver con nuestra matriz productiva y económica, en el intertanto se debe apuntar a la agenda laboral que va a dos ritmos: el de mediano y largo plazo. En ese sentido, creo que hay que impulsar políticas que alivien a los chilenos mientras la reactivación económica empieza a demostrar su efecto.

—En lo político, ¿cree que todavía hay deficiencias en el diseño del gabinete?

—Está la necesidad de consolidar las comunicaciones en un Gobierno que no tiene un vocero de dedicación única. Sé que el ministro Alvarado es quien asumió esa tarea después de la salida de la ministra Mara Sedini, pero existe la necesidad de que sea una sola voz la que hable por el Gobierno para evitar descoordinaciones.

—¿Y en torno a la coordinación con los partidos?

—Efectivamente al Gobierno le falta consolidar la coalición que, hasta el momento, funciona como una coalición de facto. Cuando uno analiza toda la actividad legislativa se puede ver una alianza de Gobierno y eso ha permitido que avance la agenda del Ejecutivo. Pero esa coalición necesita consolidarse en una articulación que no solo tenga que ver con cómo se vota en el Congreso, sino también proyectando la coordinación para las próximas elecciones municipales y también con un relato político unificado.

—Pero el Partido Republicano ha sido reacio a abrirse a la idea de generar una coalición. ¿Qué señales hay de que eso pueda pasar?

—Mientras más nos acerquemos a las próximas elecciones de gobierno local, la necesidad de coordinación electoral va a ir catalizando esa necesidad de una coalición más unida. En segundo lugar, con el tiempo creo que nos daremos cuenta que la coalición no es solo un mecanismo de coordinación legislativa o electoral, sino también un mecanismo narrativo con el cual un sector político se proyecta hacia el futuro, más allá de un gobierno, con un relato de orden y seguridad. 

—Y en relación con la UDI, ¿qué rol le asigna usted al gremialismo en estos primeros meses de Gobierno?

—Yo le diría que el gremialismo es uno de los grandes aglutinantes para la potencial nueva coalición. Es una doctrina que hoy está presente transversalmente en los distintos partidos que integran el oficialismo, e incluso más allá: está presente también en el Partido Libertario.

—Llevando eso a términos más concretos, la UDI en estos seis meses ha tratado de instalarse como el partido más leal al Gobierno. ¿Le hace sentido esa frase? 

—De todas maneras, y no solo por el rol que cumplimos en el Congreso, sino por la capacidad que tiene la UDI de unir al oficialismo: la configuración de Chile Vamos, por un lado, y la alianza de libertarios con los republicanos. Hoy el desafío es dejar atrás los calificativos de ser una derecha valiente o cobarde a ser una derecha que gobierna, y que gobierna por más de cuatro años. Y en esta dinámica identitaria de valientes y cobardes, de centro y derecha, la UDI queda al centro de la coalición de derecha. Y esa posición hace que la el partido se fortalezca como un puente articulador, un ancla entre el espíritu que va más hacia el centro —con Renovación Nacional, Demócratas, Amarillos— y el espíritu gremialista que va más hacia la derecha, con el Partido Republicano y el Partido Libertario.

—¿Puede la dupla Alessandri-Longueira alcanzar ese objetivo que usted traza para el futuro de la UDI y el sector?

—Confío plenamente en el liderazgo de Jorge Alessandri. Nunca ha caído en estas dinámicas identitarias de división entre valientes y cobardes, ni en la lógica de “yo soy del lote de aquí o del lote de allá”. Creo que es un liderazgo que está por sobre esas divisiones accidentales que, a mi parecer, le hacen mal a la UDI y al sector.

—¿Longueira no?

—Confiando profundamente en el liderazgo de Alessandri, creo que la figura de la secretaría general hay que revisarla. La UDI tiene que mirar hacia el futuro, y por mucho que respeto y admiro profundamente el liderazgo histórico de Pablo Longueira, me parece que a Jorge Alessandri lo tiene que acompañar en la Secretaría General alguien de la generación posterior al 4 de septiembre de 2022; alguien que haya jugado un rol en la Convención Constitucional y que venga de las nuevas generaciones de la UDI.

—O sea, Longueira debería bajarse…

—Confío en la altura de miras de Pablo Longueira para analizar este tema con objetividad y entender que la mejor forma de proyectar a la UDI y a la derecha hacia el futuro es con un secretario general que venga de un periodo posterior a la política de los acuerdos de la Concertación, alguien más joven, con experiencia en el nuevo clivaje de Chile que es el Apruebo y Rechazo.

—Alessandri ratificó a Longueira y dijo que no le temía a la competencia. ¿No es inevitable la competencia?

—No lo veo así. Falta tiempo para que se desarrollen las elecciones internas de la UDI; el tema todavía está líquido. Y si hay un elemento compartido en la UDI, es entender que la mejor configuración para el partido y para el sector es tratar de lograr la unidad y el consenso a como dé lugar, y que solo una vez descartadas todas las opciones de una lista única se pase, legítimamente, a la alternativa de dos listas. Creo que la competencia es una opción correcta, legítima, pero como plan Z; y nos queda todo el abecedario de posibilidades antes de llegar a ese punto. 

—Lo que pasa es que, si Alessandri, por ejemplo, bajara a Longueira y llegara a la secretaría general con otra persona, lo que sucedería es que Longueira terminaría compitiendo por su cuenta.

—No creo que eso ocurra. Por supuesto que no sé lo que está en la cabeza de Pablo Longueira. Pero su liderazgo siempre se ha caracterizado por tomar decisiones difíciles en momentos difíciles, y por eso confío no solo en el liderazgo de Jorge Alessandri para ordenar la configuración de su secretaría general, sino también en el de Pablo Longueira, para entender que lo mejor para la UDI, para el sector y para Chile es permitir el tiraje de una nueva generación.

—Y ese perfil que usted menciona suena bastante a Constanza Hube, ¿no?

—Es un gran nombre, que creo que reúne todos los elementos positivos que he estado mencionando como argumento. Pero es algo que también ofrecen otros nombres, como Eduardo Cretton o incluso yo mismo.

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