A las 18:40 del miércoles 30 de septiembre, el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, llegó a la presidencia de la Cámara de Diputados con un maletín negro de cuero, unas cuatro veces más grande que uno convencional y con dos candados. De ahí sacó dos grandes sobres de papel café y un documento menor, que entregó a la vicepresidenta de la Cámara, Ximena Ossandón. Era el primer Presupuesto de su gestión.
Su contenido detallado seguirá siendo una incógnita hasta por lo menos el lunes cuando se dé cuenta del proyecto en la Sala. Dicho hito, marcará el inicio de la tramitación del Presupuesto 2027 que se proyecta a extenderse por todo noviembre.
Como anticipo, el Presidente José Antonio Kast presentó en cadena nacional los ejes del proyecto. “Hemos decidido anteponer a los chilenos”, fue el mensaje transmitido por el mandatario.
En lo técnico, el gasto crece 1,5% respecto de este año, pese a que se esperaba un alza de entre 0% y 1%. El mandatario explicó que decidieron hacer “un esfuerzo adicional de medio punto” para acelerar la reactivación. Quiroz, en tanto, habló de “una expansión moderada del gasto”.
En los días posteriores, el jefe de la billetera fiscal ha ido adelantando otros detalles: revisión de más de 600 programas, recortes en áreas mal evaluadas y reenfoque presupuestario de políticas emblemáticas como la gratuidad universitaria.
Con esas primeras señales, tres economistas consultados por EL DÍNAMO responden una pregunta de fondo: cuánto de este Presupuesto lleva el sello del ministro.
Los sellos de Quiroz
Para Michelle Labbé, economista, hay “varias cosas” que distinguen este Presupuesto 2027 de los anteriores. La primera es el gasto en seguridad apuntando a un incremento “que no se veía hace mucho tiempo” y que su relevancia va más allá de las cifras. “Lo que gasta el Estado en seguridad lo dejamos de gastar nosotros en seguridad”, plantea.
Si el Estado no responde, explica, las familias contratan cámaras, servicios de vigilancia y dejan de salir de noche. “Ahí yo te diría que hay un sello claro”, asegura.
La segunda distinción es el énfasis en crecimiento y empleo, que a su juicio marca un quiebre. “Siempre ha habido un énfasis en educación y salud, pero no hubo énfasis en crecimiento ni tampoco en empleo. Eso ahora cambia”, afirma.
Y el tercero es la revisión de programas, que considera “algo inédito” en un presupuesto. Eso sí, advierte que “lo que deberíamos esperar es que la revisión de programas tenga consecuencias”. Como por ahora solo se habló de revisión, y no de recortes concretos, advierte: “Hay que esperar el detalle”.
Luis Felipe Cristi, del Centro de Estudios Democracia y Progreso, relativiza el margen del ministro. “Los márgenes de acción del Ministro son francamente escasos”, sostiene, apuntando al alto porcentaje de gasto comprometido por leyes permanentes, según Dipres.
Y acota: “Creo que casi todo este presupuesto estaba escrito antes de que Quiroz llegara”.
Lo que sí es decisión del ministro, agrega, “es el destino del margen”: concentrar el aumento en dos bloques y dejar el resto del Estado “prácticamente en cero real”.
Carlos García, académico de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad Alberto Hurtado, coincide en la restricción, pero ve el sello en cómo se enfrenta. Quiroz “imprime un sello decididamente proinversión y de modernización del Estado”, con rebaja del impuesto corporativo, invariabilidad tributaria y fin del Mepco.
¿1,5% o 2,7%?
La cifra que ordenó el debate fue la base de comparación. Quiroz precisó que el 1,5% se calcula sobre lo ejecutado en 2026 y no sobre el presupuesto aprobado, elaborado por la administración anterior. El jueves aclaró que, medido contra la ley aprobada por el Congreso, la expansión sería de 2,7%, y explicó que esa ley estaba mal hecha: no incorporaba reajustes ni la reforma previsional.
Labbé dice que el cambio “no es grande”, porque históricamente los gobiernos mostraban siempre el número más favorable. La novedad, a su juicio, es otra: sabiendo que serían criticados por cortar gasto, optaron por la cifra menor. “Yo creo que es el sello de un gobierno que quiere hablar las cosas claras”, dice.
Y agrega que los dos números son reales: “Uno es efectivamente el presupuesto aprobado y el otro es efectivamente la mejor predicción de lo que se va a ejecutar”.
García también respalda a Hacienda. Dice que “lo único técnicamente riguroso” es comparar contra la ejecución proyectada, porque a los trabajadores y a las pymes “no les afecta un papel administrativo aprobado en el Congreso hace doce meses”.
Cristi, en tanto, matiza el análisis señalando que “la base de comparación decide si el mismo presupuesto parece contención o parece holgura”.
La proyección de ejecución la estima el propio Ejecutivo y no está publicada.
Dónde buscar el ahorro
Según lo explicado por Kast, el aumento presupuestario tendrá el siguiente desglose: seguridad recibirá $7 billones, 9,1% más que este año; crecimiento, trabajo y reconstrucción sumarán $9,5 billones, un alza de 8,1%, con 241 obras públicas y un nuevo Fondo de Reconstrucción Norte para Atacama y Coquimbo; y salud crece 4,7%.
Cristi hace la aritmética: de un aumento de unos US$1.433 millones, seguridad (US$642 millones) y empleo y reconstrucción (US$782 millones) suman 99% del 1,5% de aumento anunciado. “Esos dos bloques se comen el aumento completo”, dice.
Al resto del Estado le quedaría variación real cero, aunque aclara que son órdenes de magnitud mientras no se publiquen las partidas.
La pregunta es de dónde saldrá el ajuste. Labbé recuerda que “gran parte del recorte ya se ejecutó durante este año” y duda de que el Congreso apruebe nuevos recortes por ley. Espera ver ahorros en cultura y en el gasto corriente de los ministerios,, y cita como ejemplo los fondos no rendidos en el Instituto Nacional del Deporte.
Otros ejemplos, dice, vendrán de lo que ya está en marcha: el cobro del CAE, las licencias médicas y los sumarios “con resultados” a quienes hicieron uso falso de ellas.
También menciona la revisión de quiénes reciben beneficios sociales. “Yo diría que eso más que recortes es no despilfarro”, resume, y aclara que no se afecta “a la gente que lo necesita”.
Kast informó que se revisaron 632 programas en 23 ministerios y que “los que funcionan, crecen”. Quiroz, por su parte, ha dicho que “no es el gobierno que empieza a evaluar programas”, pues se han evaluado más de 600 en dos años.
Un ministro “pragmático”
Labbé, quien conoce a Quiroz cuando compartieron en ICARE, dice que la imagen pública del ministro no calza con la persona que conoce. “Yo creo que efectivamente él se pone nervioso, le cuesta mucho comunicarse y eso puede percibirse como brusquedad”, explica.
Pero la imagen que tiene del ministro es otra: “Es una persona muy pragmática, muy práctica”, y “cero ideologizado”. A su juicio, “va a lo que va a funcionar”. Por eso cree que el Presupuesto 2027 estará enfocado en evitar abusos: “Él cree en el esfuerzo privado, pero también cree en que no hay que abusar de los beneficios que te entrega el Estado”, dice.
Si hubiera que ubicarlo en una escuela, dice, sería la de los economistas de la oferta, en la que ella misma se incluye, y la que retrata como quienes creen que un país no se recupera aumentando el gasto público. “Eso te ayuda a mantener y a salvar la situación, pero la forma de recuperar un país es a través de que el país crezca”, sostiene.
García también ve coherencia y habla de “una propuesta de reactivación sólida y de largo plazo”, centrada en la competitividad del sector privado.
Cristi coincide en que es una agenda “bastante coherente consigo misma”, pero advierte: “El riesgo está menos en el diseño que en el calendario”.
El INE informó el 30 de septiembre una desocupación de 9,6% en junio-agosto, 1 punto más que hace un año. Con el Banco Central proyectando un crecimiento bajo 1% para 2026, dice, “el costo del ajuste se siente este año y el efecto de la reactivación llega después”.
La tramitación parte el lunes 5 de octubre, cuando Quiroz se presente ante la comisión especial mixta de Presupuestos con el presidente Kast pidiendo al Congreso discutir el proyecto “sin trincheras”.